lunes, 03 de septiembre de 2007
Publicado por Desconocido @ 8:19
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RebotadoEtimologías de apellidos
por Jorge L. Sagrera





Usted lo sabe. Seguramente ya lo habrá escuchado: nuestros nombres, esos que eligieron nuestros padres, nos marcan, nos condicionan la vida. Son estigmas. Sé de alguien, cuyo nombre era Pablo (significa pequeño), que pasaba desapercibido todo el tiempo. Tuvo una existencia mínima.

Mi nombre es Jorge Luis. Escribo ficción: cuentos y novelas. Es una mochila pesada este nombre. Pero no me llamaron así pensando en Borges, el gran escritor argentino. No. Mi madre escuchaba el radioteatro de la tarde protagonizado por Jorge Salcedo; en esa historia había un chico, Jorge Luis, que ocupó el corazón de mi progenitora.

Sin embargo, no es de los nombres que le quiero hablar, sino de los apellidos (¿ya reparó en el suyo?). El apellido es otra cosa, no se trata de una elección cercana como lo es nombre. El apellido tiene la fuerza de la tradición, de la historia, es una herencia. Bendita o maldita, pero es una herencia. Conozco el caso de una familia cuyo apellido era Bisonte. Adivine qué tamaño tenían sus integrantes. En el Registro Nacional de las Personas tuvieron la generosidad de aceptarles una ligera supresión en la organización de esas letras: ahora son la familia Bison: tiene un toque más distinguido, remite a francesidad y los chicos ya no son objeto de bromas en la escuela.

Hace un tiempo, un funcionario tomó dinero prestado al Estado. Después, fue a un casino y jugó. Pensaba obtener unos cuántos pesos y luego, antes de que se notara el faltante, devolver lo sustraído a la caja. Pero perdió. El hombre tenía toda la intención de hacerse rico. Adivine cuál era su apellido... ¡Claro!: Fortuny.

Otro caso. En la década del '70, en la Argentina, tuvimos un ministro de economía: Martínez de Hoz. Su política, entre otras acciones, estaba dirigida a abrirnos graciosamente a los productos importados, que se vendían a precio ínfimo a lo largo y a lo ancho del país. La industria local debió enfrentar una competencia despareja, implacable. La hoz, dice el diccionario, es un instrumento para segar, de hoja curva y filo muy agudo. Depende cómo y para qué se la utilice, una herramienta puede servir para labrar o para matar. Martínez de Hoz, repartiendo a diestra y siniestra su herramienta, segó la industria argentina, secándola hasta la raíz. Él también fue fiel a su apellido.

¿Y qué me cuenta de Tomás de Torquemada, el primer inquisidor de España (morten en 1498)?: le gustaba quemar gente en la hoguera. Tal vez, estigmatizado por su nombre (Tomás, este nombre tan ligado a la primera duda), haya decidido salir a quemar gente: tendría que haberse prendido fuego él mismo.


Seguimos. Según me han dicho, la etimología de Kirchner, nuestro primer mandatario, significa iglesia. Sin embargo, echando una mirada rápida a su presidencia, no es difícil comprobar que, con la jerarquía argentina, se lleva a las patadas.

Y ya que hablamos de iglesia, estimado lector, le comento que llevo un apellido que, por decirlo de alguna manera, obliga a mantener una conducta. Sagrera, se sabe, es originario de las Islas Baleares, significa atrio de una iglesia, lugar sagrado, del latín sacraria, de sacrum, sagrado... Tal vez (se lo digo en voz baja, casi como un secreto), nunca he sido merecedor de semejante llintaje.

Tags: etimologías

Comentarios
Publicado por Olivia07
jueves, 20 de septiembre de 2007 | 12:55
Pues mi apellio originario es Robba con dos b, asì que tendria que reclamar esa b que hemos perdido la familia, te imaginas las bromas, Roba, que roba? que tuve y tengo que aguantar, y ademas reirme de acuerdo al tono de la broma, Me salva el Francesch
Publicado por Olivia07
jueves, 20 de septiembre de 2007 | 13:04
mas distinguido,
El estudio de los apellidos es tambien sumamente interesante.Y las bromas como consecuencia otro tanto.
Saludos.