Jorge Sagrera Escritor/Lic. en Comunicación Social

lunes, 17 de septiembre de 2007

Análisis del discurso presidencial de Carlos S. Menem

UNIVERSIDAD NACIONAL DE ROSARIO
FACULTAD DE CS. POLÍTICAS Y RRII
ESCUELA DE COMUNICACIÓN SOCIAL

Análisis del discurso presidencial de Carlos S. Menem
julio de 1989


Materia: Comunicación y discurso político



Trabajo final del alumno Jorge L. Sagrera.


sagreravilla@redsp.com.ar



INDICE

Formulación de hipótesis, pág. 4
Contexto, pág. 5
Análisis y consideraciones, pág. 5
Discurso completo con acotaciones del alumno, pág. 9
Necroscopia del discurso, pág. 16
Notas bibliográficas, pág. 22
Bibliografía consultada , pág. 22
Bibliografía específica, pág. 22






Formulación de hipótesis




1º) Mediante este discurso Carlos Saúl Menem intentaría construir un Prodestinatario, un destinatario positivo, basándose en componentes prescriptivos, fundamentalmente.


2º) Así mismo, por medio de componentes descriptivos, procuraría aludir sutilmente a un Contradestinatario, destinatario negativo, que ha dejado el país en ruinas.


3º) Finalmente, pretendería abrazar, como a un enorme Paradestinatario, a todos los argentinos a través del uso del Componente didáctico y una profusión de Entidades positivas.


4º) En otro órden de análisis, Menem, en su discurso, ensayaría un gran componente didáctico, que se haría visible a través de fragmentos y poesías bíblicas, parafraseos de autoridades religiosas, etc.; intentando, con estas citas de autoridad, persuadir a su auditorio.


5º) En estrecha relación con el punto anterior, podríamos comprobar, algún tiempo después de la emisión de este discurso, que aquél excesivo derroche de citas de autoridad, no fueron anudadas a los gestos y acciones necesarias para fundamentarlas, provocando así un vaciamiento de la palabra, que desembocó en un severo descreimiento, no sólo de la institución política, sino de otras instituciones del país.










Contexto

El año 1987 fue decisivo para el gobierno de Alfonsín, el episodio de la insurrección militar ocurrido en Semana Santa, concluyó con la ilusión de que con la democracia se podía todo. Las ganancias a partir de esta circunstancia hubo que buscarlas del lado del peronismo renovador. En un clima de deterioro económico acentuado por la inflación, las elecciones de setiembre de 1987 les dieron un triunfo importante. Desde entonces y hasta que se traspasó el gobierno en julio de 1989, el gobierno de Alfonsín sufrió una dificultad tras otra.
Dentro del peronismo renovador, Cafiero se asemejaba al alfonsinismo, por eso el gobernador de La Rioja, Carlos Saúl Menem, con un estilo político tradicional, marcaba en la población hondas diferencias a su favor. Angeloz, su competidor radical, lo criticaba aprovechando el temor que provocaba en muchos el no programa de gobierno de Menem y la figura de ese caudillo riojano.
En agosto de 1988 el gobierno de Alfonsín cosechó otro rotundo fracaso económico con el llamado Plan Primavera, que desembocó en la hiperinflación. En este clima se votó el 14 de mayo de 1989: Menem obtuvo una clara victoria.
El justicialista Carlos S. Menem había sido gobernador de La Rioja en 1973 y estuvo detenido en 1976. En el año 1983, fue nuevamente electo en su provincia. Tuvo buenas relaciones con el gobierno radical. Se incorporó al grupo de los "renovadores", y después del triunfo electoral de 1987 se postuló como candidato a presidente, derrotando en 1988 a Antonio Cafiero en la elección interna.
Por aquellos días, el gobierno radical afrontaba dificultades crecientes, particularmente el descontrol de la economía. En mayo se desencadenó la hiperinflación, y hubo saqueos a los supermercados: la crisis parecía profunda e insoluble. El 14 de mayo Menem superó con holgura al candidato radical Eduardo Angeloz. Ante la imposibilidad del gobierno de resolver la crisis, el traspaso del mando, previsto para octubre se adelantó al 8 de julio.







Análisis y consideraciones

El discurso inaugural de Menem ante el Congreso, pronunciado el 8 de julio de 1989, contiene un esquema argumental similar al de la mayoría de los presidentes en estas circunstancias: se recibe una herencia pesada, son necesarios grandes sacrificios, que conducirán a un futuro promisorio; a la Tierra Prometida, como podría haber dicho Menem.
Algunos analistas sostienen que, el discurso ante el Congreso, encierra un tono casi evangélico, el mismo que Menem usó durante la campaña electoral. Porque es pecadora, la Argentina necesita ser redimida. Recordemos que el eje de los discursos del '89 fue La esperanza; entonces, el Presidente, ordena al muerto resucitar.
Respecto al tono evangélico utilizado, vemos pertinente comentar que, la palabra evangélico, remite a las Iglesias Evangelistas y nos da la idea de un pastor: ministro éste afecto al show, más pendiente de la forma que del fondo. Sin embargo, Menem, extrae citas, poesías y frases de la tradición católica, lo que le otorga al discurso cierto rasgo de inverosimilitud, puesto que la Iglesia Católica no es propensa a lo mediático.
Hay algunos atisbos de lo que será su línea de gobierno. Menem no quiere ser el jefe de un movimiento, sino de todos los argentinos y para gobernar recurrirá a hombres de variadas extracciones. No quiere ajustarse a una doctrina: los tiempos requieren pragmatismo. La magnitud de la crisis crea la ocasión para soluciones novedosas, que supondrán, en algunos casos, cirugía mayor. Fuera de esas referencias, que cobrarán sentido luego, es decir estamos pensando en las privatizaciones de las empresas del estado, el discurso conserva el tono de la campaña electoral, con propuestas que remiten a la tradición peronista, como el salariazo y la revolución productiva.







... y hay hombres a quienes nada puede salvar de la muerte,
porque se ha modificado la atmósfera en que se habían desenvuelto.


Recuerdos de Provincia,
D.F. Sarmiento
Editorial Jackson, 1953: 158


El epígrafe citado no repesenta un mérito de nuestra parte, pues podemos juzgar al hombre, Carlos Saúl Menem, en retrospectiva. El paso del tiempo lo cubrió con su pátina y le quitó aquel brillo galopante que ostentaba en su presidencia. De todas maneras, decidimos incluirlo como una especie de homenaje a los caídos (a los que caen y caerán) a causa del modelo neoliberal que atravesó los noventa.



La palabra maltratada

Hay lectores que disfrutan de segundas lecturas. Hay escritos que se nacen para ser leídos una, dos, tres veces, y en cada lectura se afirman algunos sentidos y se despiertan otros, y así terminan por convertirse en clásicos.
Hay discursos que se escriben para que queden, para que puedan ser releídos y estudiados como magníficas piezas oratorias. Podríamos mencionar, por ejemplo, el discurso de Juan José Castelli, pronunciado el 25 de mayo de 1811, Proclama de Tiahuanaco; o el de Lisando de la Torre, Venimos a salvar la revolución, del 13 de septiembre de 1931; o un poco más acá en el tiempo, Ya pasaron los días de exclamar "la vida por Perón", de Juan Domingo Perón, emitido el 12 de junio de 1974. Quizá, cada uno de estos discursos, se escribieron pensando en ocupar un lugar en la historia grande de la patria. No es el caso del discurso que hemos elegido para analizar. La alocución de Carlos Saúl Menem, presidente de los argentinos en aquél momento, se nos ocurre vacuo, puro humo y espejito de colores.
Como anticipábamos en los ejes directrices del programa, Menem, modalización espistémica cognitiva mediante, dedica gran parte de su alocución para describir la herencia pesada, el país arrasado que le tocará gobernar. Aunque proclama que él no viene a hablar del pasado, lo hace una y otra vez, entrando en algún tipo de looping propio de los aviones de acrobacia. La mención a heredar un país roto lo hace a través de formas nominalizadas negativas; y, durante el discurso ocurre, como mínimo, en ocho ocasiones. Lo cual parece estar en franca contradicción con el siguiente párrafo: Entre todos los argentinos vamos a encontrar una solución definitiva y terminante para las heridas que aún faltan cicatrizar. No vamos a agitar los fantasmas de la lucha. Vamos a serenar los espíritus, una modalización del órden alético/deóntico.
No vamos a caer en la ingenuidad de creer que Menem hacía menciones al país arrasado, porque padecía una suerte de mal de Alzheimer o arteriosclorosis. Menem lo hizo para hundir y bien hundido el puñal a sus adversarios políticos. Si jugáramos por un momento a que no sabemos quién es Menem, al escuchar sus palabras nos sentiríamos inclinados a darle la razón y adherir sin dudar a sus proclamaciones.
A lo largo de este discurso Menem desparrama, a semejanza del sembrador bíblico, esto es al voleo, frases de políticos, adaptaciones del evangelio, fragmentos de poesías, canciones de la iglesia y palabras de escritores: Como Jorge Luis Borges, yo también digo, en esta hora, la Argentina no puede cometer el peor de los pecados: el pecado de no ser feliz. Y aunque el cielo todavía esté nublado, y muchos dolores asomen en el horizonte, vale la pena recordar aquella sentencia de don Leopoldo Marechal: "El pueblo siempre recoge las botellas que se tiran al mar con mensajes de naufragio". 1
También acuña expresiones que no podrán ser citadas jamás, porque carecen de sentido, o las cita equivocadamente: ... frente a los falsos apóstoles del desencanto; correspondiendo citar: Falsos profetas, o Apóstoles del desencanto.
Podríamos concluir que el discurso está sostenido en un gran componente didáctico: Que una sociedad sea inmoral, es grave. Pero esa inmoralidad trae en sí misma otro mal: que una sociedad no sea realmente una sociedad. La falta de solidaridad nos anuló durante mucho tiempo. En la Argentina, cualquiera tuvo fuerza para deshacer, pero nadie tuvo fuerza para hacer. Éste es el círculo perverso que ahora, todos juntos, comenzamos a revertir. 2
También, como señalábamos con anterioridad, Menem no revela su programa de gobierno (argumenta que lo harán más adelante sus ministros), por lo que el componente programático (lo poco que anticipa) de este discurso se mueve en la línea del sacrificio y el ajuste duro: Sólo puedo asegurarles que seré el primer argentino a la hora de la austeridad, de poner el hombro, de apretar los dientes, del esfuerzo. Del esfuerzo de todos y no de unos pocos. 3 A través del sacrificio, trabajo y esperanza, utilizadas como formas nominalizadas positivas, Menem se pondrá a la cabeza de los ajustados, puede encontrarse aquí una modalización pragmática. Y como el esfuerzo será de todos puede deducirse un deítico impuro, un nosotros inclusivo; que, además, establece una relación contractual de complicidad: Éste es el desafío ante el cual venimos a responder los argentinos. 4
Este discurso se asemeja a una versión liviana, dietética, de los grandes discursos de la historia. Menem entra en zonas de repetición de sus ideas como quien no tiene nada que decir, como si no supiera qué decir. Sus palabras nos recuerdan a esas tarjetas de los hiperkioscos, o de los shopings, totalmente impersonales, que uno alguna vez cometió el error de regalar a alguien querido y que rezan de este tipo: "Gracias por ser como sos". (¿Cómo sos?). Posiblemente Menem, inaugure con este discurso, lo que José Pablo Feinmann en su artículo sentencia: un discurso boludo para una época boluda.
Resulta interesante comprobar cómo, Menem, suelta sus sentencias en grupos de tres oraciones, hay una clara y fuerte remisión a lo trinitario, esto es a la Santísima Trinidad. Se propone como un Mesías. Una propuesta turbadora. Sin embargo, la cuestión no es que Menem lo diga, lo que resulta turbador es que se lo cree, y esto resulta (rá) dañino.
Menem levantará puentes de unión. Sus proclamaciones orillan lo omnipotente, o lo demencial. Podríamos contracitarle un fragmento bíblico al ex presidente, aquél que habla de construir la casa sobre roca, o sobre arena: ... Se parece a un hombre que, queriendo construir una casa, cavó profundamente y puso los cimientos sobre la roca. Cuando vino la creciente, las aguas se precipitaron con fuerza contra esa casa, pero no pudieron derribarla, porque estaba bien construida. En cambio, el que escucha la Palabra y no la pone en práctica, se parece a un hombre que construyó su casa sobre tierra, sin cimientos. Cuando las aguas se precipitaron contra ella, en seguida se derrumbó, y el desastre que sobrevino a esa casa fue grande. 5
Es posible pensar aquí que, donde Menem plantó los cimientos de su gobierno: Carlos Corach, María Julia Alsogaray, Güido Di Tella, Domingo Cavallo, Alberto Kohan, etc., resultaron ser pura arena.
El carácter profético que atraviesa el discurso tiene parentescos con el tono de la campaña electoral y con la solicitada El día después, del 21 de abril de 1989. Recordemos que en esa solicitada, Menem, apuntaba a demarcar claramente dos planos: el de la verdad, la magnanimidad, la honestidad, es decir todos los valores humanos más altos, encarnados en su persona, y por otro lado el plano de la mentira, el error, encarnados en el oficialismo, resultando: el Judas de Jesucristo, el Chirino de Juan Moreira, el Claudio y Gertrudis de Hamlet.
En aquella solicitada, Menem sostenía que no iba a caer en la agresión vil. Sin embargo, se permitía calificar las actitudes de sus adversarios, los llamaba: calumniadores, mentirosos y bajos, perversos y jugadores sucios, inescrupulosos, traicioneros portadores de la falsedad como puñal, levantadores de muros de odio, soberbios, destructores, vencidos, hacedores de un país arruinado.
No iba a caer en la agresión vil, pero caía. Lo mismo que en el discurso que analizamos: Menem no venía a hablar de pasado, pero lo hacía una y otra vez.
Sin embargo en esta ocasión se lo nota tranquilo. Con la única resaca que no deja dolor de cabeza, la del triunfo, Menem insiste con el carácter evangélico en su discurso presidencial: él hará resucitar a la Argentina, muerta en brazos del oficialismo.
Los rasgos de sus promesas y deseos (modalización volitiva) rayan lo mesiánico, sostiene que quiere ser el presidente de un reencuentro, en lugar de transformarse en el líder de una nueva división entre hermanos, quiere ser el presidente de Perón y de Balbín, de Rosas y de Sarmiento,
Y ya que menciona a Sarmiento y su reencuentro con Rosas, dejamos un párrafo del libro Recuerdos de provincia: "El temor de las leyes es saludable; el temor a los hombres es origen funesto y fecundo en crímenes" ¡Cuán amarga confirmación ha tenido este axioma en su pobre patria, ahora que la voluntad de un estúpido brutal (se refiere a Rosas) es la suprema ley del Estado! 6
¿Podrían reencontrarse Rosas y Sarmiento? Menem intenta ser una especie de (imposible) celestina política. Es quimérico corregir la división entre hermanos con fuerzas humanas; sólo es posible para Dios; luego, Menem es Dios.



La palabra empobrecida

Este discurso de Menem es una época; aunque no podríamos asegurar que él inaugura un tiempo de devaluación de la palabra. Sí podemos afirmar que al asumir el yo (deítico puro) en su discurso debe hacerse cargo de lo que dijo. ¿Se hizo cargo?
Tiempo atrás, ¿se podía citar a Cristo, o a Gandhi sin costo? En épocas anteriores, había que encargarse de la palabra dicha. No cumplir la palabra, condenaba al decidor. Existía algún tipo de reproche social, un vacío alrededor del imcumplidor. Sobrevenía un reclamo de la historia. Por eso, había cierto pudor para utilizar determinados conceptos o palabras. Hablamos de pudor; entonces, Menem, con esta verborrea es impudoroso.
Esta cuestión del vaciamiento de la palabra, se nos ocurre como algún tipo de corrimiento del significado. Nos gustaría indagar cuál es la representación mental que, hoy, cada uno de nosotros tiene del significante: "Llegaremos hasta las últimas consecuencias", o "Estamos investigando". Son frases, palabras, que no mitigan ningún dolor, que no tranquilizan a nadie. Ya no sirve de nada decirlas. Por mucho tiempo no han sido acompañadas por hechos y se han vuelto palabras resbalosas, palabras vacías.
Es llamativo comprobar cómo, en la actualidad, debe reforzarse la palabra de alguna u otra manera, para persuadir o afectar al prójimo. "Te quiero, te quiero, te quiero, te quiero", debe decirle un adolescente a su novia, porque con un sólo "te quiero" no es suficiente.
El grupo OSDE (Obra Social de Ejecutivos y Personal de Empresas) en una publicidad radial, que se escucha por estos días (2003), dice: ... "Grupo OSDE, somos un grupo de personas"... ¿Antes no lo eran? ¿Antes eran un grupo de piratas, de embaucadores, que sólo pensaban en robarle a sus asociados?
Hay un bellísimo escrito de Pablo Neruda, La palabra, que dice ... son las palabras las que cantan, las que suben y las que bajan... Me prosterno ante ellas... Las amo, las adhiero, las persigo, las muerdo, las derrito... Amo tanto las palabras...
Tenemos una pregunta: Quién se atreverá a citar ahora a Borges, a la Madre Teresa sin asociar estas citas con Menem. Otra: ¿Se atrevería Juan Pablo II a repronunciar hoy: "¡Argentina levántate y camina!"
A los que intentamos trabajar con las palabras, a los que intentamos redimirnos con las palabras, nos provoca conmoción asistir a esta devaluación, a este profundo vaciamiento de la palabra. Nos gustaría proponer desde estas líneas que, con gestos y acciones, devolvamos a la palabra el valor que la palabra tiene. Mientras tanto, quizá sería saludable llamarnos a silencio.









Discurso completo con acotaciones por parte del alumno (se indican entre paréntesis y subrayadas).

Honorable Congreso de la Nación.
Excelentísimos señores jefes de Estado.
Hermanas y hermanos de todas las naciones.
Pueblo de mi patria:
Quiero inaugurar este momento trascendental que vivimos con un pedido, con un ruego, con una convocatoria.
Quiero que mis iniciales palabras como presidente de los argentinos sean una elevación al cielo, a nuestras mejores fuerzas, a nuestra más vital esperanza.
Ante la mirada de Dios y ante el testimonio de la historia yo quiero proclamar:
Argentina, levántate y anda. (Remite al pasaje bíblico de la resurrección de Lázaro, evangelio de Juan 11.11. También lo dijo J.P. II en su segunda visita a la Argentina).
Argentinos, de pie para terminar con nuestra crisis.
Argentinos, con el corazón abierto para unir voluntades. (Trinidad: dice tres sentencias)
Hermanas y hermanos, con una sola voz para decirle al mundo: "Se levanta a la faz de la tierra, una nueva y gloriosa nación".
Este gobierno de unidad nacional que hoy nace, parte de una premisa básica, de una realidad que debemos admitir, para ser capaces de superar: todos, en mayor o menor medida, somos responsables y copartícipes de este fracaso argentino.
Y entre todos, sólo entre todos, seremos artífices de un cambio a fondo y de una transformación positiva.
Sobre estas ruinas, construiremos todos juntos el hogar que nos merecemos. (1º mención a país roto)
Sobre este país quebrado, levantaremos una patria nueva, para nosotros y para nuestros hijos.
Sobre esta crisis que nos paraliza y nos carcome, sacaremos coraje para sentirnos orgullosos y seguros de nuestro destino.
A cada trabajador, a cada joven, a cada empresario, a cada mujer, a cada jubilado, a cada militar, a cada niño, yo le digo: hay un lugar vacante desde el cual se construye el porvenir.

Y ese lugar nos está esperando.
Hay que decir la verdad, de una vez por todas.
La Argentina está rota. (2ª mención a país roto)
En esta hora histórica, comienza su reconstrucción.
Yo proclamo solemnemente ante mi pueblo, que a partir de este momento se inicia el tiempo del reencuentro entre todos los argentinos. El tiempo de una gran reconquista nacional. Hombre a hombre, metro a metro, pedazo a pedazo, comunidad a comunidad, institución a institución, alma a alma. Pueblo a pueblo.
Se terminó el país del "todos contra todos", comienza el país del "todos junto a todos".
Por eso, el hablar ante el Honorable Congreso y ante la expectativa del mundo (¿Mundo expectante?: rasgo de soberbia mesiánica), deseo que mi voz llegue a cada casa, que habite en cada corazón, que comparta cada mesa, que abrace a todos y a cada uno de los argentinos, que en estas horas viven instancias difíciles, dramáticas, decisivas y fundacionales como nunca.
Yo no traigo en mis palabras promesas fáciles ni inmediatas.
Yo no traigo el simplismo de la demagogia.
Yo no traigo la simulación ni el engaño. (Repite tres veces, remite a la Trinidad)
Yo llego con la realidad sobre mis espaldas, que siempre es la única verdad.
Sólo puedo ofrecerle a mi pueblo: sacrificio, trabajo y esperanza. Sacrificio, trabajo y esperanza.
Sólo puedo asegurarle que seré el primer argentino a la hora de la austeridad, de poner el hombro, de apretar los dientes, del esfuerzo. Del esfuerzo de todos y no de unos pocos.
No existe otra manera de decirlo: el país está quebrado, desbastado, destruido, arrasado. (3ª mención a país "roto").
El legado que estamos recibiendo es el de una brasa ardiente entre las manos. El de una realidad que quema, que lacera, que mortifica, que acosa, que urge solucionar.
La inflación llega a límites escalofriantes. La cultura de la especulación devora nuestro trabajo. La producción es hoy más baja que en 1970, la tasa de inversión es negativa. La educación es un lujo al que pocos acceden. La vivienda, apenas una utopía de tiempos pasados. El hambre, moneda corriente para millones de compatriotas. El desempleo, una enfermedad que se cierne sobre cada vez más amplios sectores de nuestra comunidad. El dolor, la violencia, el analfabetismo y la marginalidad, golpean a la puerta de nueve millones de argentinos. De nueve millones de hermanos, que hoy no pueden siquiera nutrirse correctamente, vestirse, aprender, conocer la dignidad. De nueve millones de voluntades que están quebradas, frente a un país que ha visto descender dramáticamente su nivel general de vida.
Esta es la evidencia, señores. Éste es el cuadro de situación.
Sin embargo, no pretendo que mi primer mensaje como presidente de todos los argentino, sea un mensaje de lamentos, de quejas, de resignación. (¿No?, ¿no pretende serlo?)
Mis iniciales palabras no pretenden ser una lágrima derramada sobre la Argentina de ayer. Sueñan con llegar a ser un canto de optimismo sobre la Argentina de mañana.
No son un lamento sobre lo que pudo haber sido y no es. Son un llamado a la imaginación, al trabajo creativo, a la ilusión puesta en el porvenir y no en el pasado. Ahora, cuando todos me escuchan, yo podría detenerme a enumerar en detalle cada uno de nuestros dramas, de nuestras carencia, de nuestras estadísticas vergonzantes. Yo podría elevar dedos acusadores, transformarme en fiscal de un fracaso político, erigirme en censor de una historia de decadencia.
Podría apelar a cifras que marcan el increíble deterioro de nuestra situación nacional.
Pero sería redundante. Sería inútil. Sería inoportuno. Mis palabras estarían de más.
Porque cada uno de los argentinos conoce perfectamente hasta donde ha llegado esta crisis, que todo lo derrota y todo lo destruye.
Porque toda la ciudadanía sabe que no miento si afirmo que estamos viviendo una crisis (1ª mención en un párrafo, relativamente corto, de la palabra "crisis") dolorosa y larga. La peor. La más profunda. La más terminal. La más terrible de todas las crisis ( 2ª ) de las cuales tengamos memoria.
Por eso, esta crisis (3ª ) no es una excusa. Esta crisis (4ª ) es una oportunidad. Esta crisis (5ª) es un desafío.
Por eso, no les vengo a hablar de tiempos perdidos (Lo hace una y otra vez). Los vengo a convocar para el nacimiento de un nuevo tiempo. De una nueva oportunidad de nuestros días.
El país más hermoso es el que todavía no construimos.
El día más glorioso es el que todavía no amaneció.
El futuro más promisorio no es lo que va a ocurrir. (Remite a una poesía de la Madre Teresa de Calcuta: "¿Cuál es?"). Es lo que vamos a ser capaces de construir. Todos juntos. Todos unidos.
Éste es el desafío ante el cual vamos a responder todos los argentinos.
El desafío de poder transformar esta crisis en un escenario fértil.
Éste es el momento de aplicar la reflexión y la imaginación. Es el momento de la idea, pero también es el tiempo de la creación y del atrevimiento (¿Idea, es diferente a creación?)
Es la hora de eliminar lo caduco y dar la bienvenida a lo que nace.
Es el momento de la audacia creativa, de la innovación, del coraje.
El pueblo argentino eligió el camino de la democracia con sentido social.
Optó por la libertad y la justicia. Por la paz y el desarrollo.
El pueblo argentino se decidió por la transformación de nuestra decadencia. Por la superación de nuestros mezquinos desencuentros. Por el esfuerzo colectivo.
El pueblo argentino votó por la epopeya de la unidad nacional.
Por eso, nuestro gobierno es un gobierno de unidad nacional.
Para nosotros, la unidad nacional no se consolida detrás de proyectos hegemónico, ni de actitudes paternalistas, ni de arrebatos pasionales, ni de emociones pasajeras.
El gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo, no puede depender del mandato de un hombre, del capricho de un partido, de la imposición de un sector.
El gobierno de unidad nacional es propiedad de todos los argentinos. Nadie puede sentirse indiferente. Nadie puede sentirse no convocado.
Si la Argentina no está donde debe estar, no es por el culpa del país sino por responsabilidad de los argentinos. De nuestras divisiones, de nuestros lastres históricos, de nuestros prejuicios ideológicos, de nuestros sectarismos.
Hemos sido incapaces para formular un balance honesto de los triunfos y fracasos del país. De sus debilidades y fortalezas. De sus errores y de sus éxitos.
Ésa es la primera lección que ya hemos aprendido, entre todos juntos. Porque se acabó en el país el tiempo del peor de los subdesarrollos. El subdesarrollo de considerar como un enemigo al que piensa distinto.
Se murió el país donde impera la ley de la selva. Se acabó el país oficial y el país sumergido. Se acabó el país visible y el país real (¿Qué diferencia hay entre el país visible y el país real?).
Yo vengo a unir esas dos Argentinas. Vengo a luchar por el reencuentro de esas dos patrias.
Yo no aspiro a ser el presidente de una fracción, de un grupo, de un sector, de una expresión política. No deseo ser el presidente de una nueva frustración. Yo quiero ser el presidente de una Argentina unida, que avance a pesar de las discrepancias.
Yo quiero ser el presidente de Rosas y de Sarmiento, de Mitre y de Facundo, de Ángel Vicente Peñaloza y Juan Bautista Alberdi, de Pellegrini y de Yrigoyen, de Perón y de Balbín.
Yo quiero ser el presidente de un reencuentro, en lugar de transformarme en el líder de una nueva división entre hermanos. (Que no haya división entre hermanos es casi imposible de lograr entre los hombres. Sólo Dios puede hacerlo. Luego, Menem es Dios).
De ahí que haya asumido la firme convicción de convocar a hombres del más variado pensamiento nacional para integrar mi gobierno.
Porque creemos que la Nación se afirma sobre una identidad común. Y porque estamos convencidos de que ha llegado el momento de construir sobre nuestras coincidencias, en lugar de destruir sobre (¿no correspondería escribir "a causa de"?) nuestras discrepancias.
Algún día, desde lo más profundo de mi calabozo, desde lo más sufrido de mis torturas, desde lo más ingrato de mi cárcel, yo le pedí al Altísimo la necesidad (¿pedir la necesidad?) de soñar con este momento.
Le pedí extender la mano abierta a mis adversarios, antes que cerrar el puño frente a un enemigo. Le pedí sabiduría para tender puentes de unión, antes que pasión para levantar paredes de discordia. (Idem solicitada "El día después).
Hoy, siento que aquel ruego comienza a cumplirse.
Este gobierno es un gobierno de genuina unidad nacional. No es un gobierno de amiguismos. No es un gobierno de acomodaticios. No es un gobierno transformado en una sede partidaria.
Es un gobierno que ha convocado ampliamente a todos los sectores. Es un gobierno que pretende buscar lo mejor de cada uno, su aporte más constructivo y eficaz. Porque hay que romper el pacto infame de convivir con el egoísmo.
Porque hay que pensar alto, sentir hondo y hablar claro.
No vamos a administrar la decadencia. Vamos a pulverizar esta crisis.
No vamos a transar con la mediocridad. Vamos a hacer un culto de la excelencia.
[...]
Lo pediré una y mil veces. Lo repetiré. Si es necesario lo exhortaré hasta el cansancio. Lo diré casa por casa, familia por familia, sector por sector, hogar por hogar (ya repitió esta fórmula en pág. 426 del libro).
Ha llegado la hora de que cada argentino tienda su mano al hermano, para hacer una cadena más fuerte que el rencor, que la discordia, que el resentimiento, que el dolor, que la muerte, que el pasado (Remite a canción de la iglesia católica: "Un nuevo sol").
Ha llegado la hora de un gesto de pacificación, de amor, de patriotismo. Tras seis (es casualidad, pero el seis es un número maléfico) años de vida democrática no hemos conseguido superar los enfrentamientos que nos dividieron hace más de una década.
A esto yo le digo basta. A esto el pueblo argentino le dice basta, porque quiere mirar hacia adelante, con la seguridad de estar ganándose el futuro, en lugar de sepultarse en el ayer.
Entre todos los argentinos vamos a encontrar una solución definitiva y terminante para las heridas que aún faltan cicatrizar. (5ª mención a país roto) No vamos a agitar los fantasmas de la lucha. Vamos a serenar los espíritus.
Vamos a decirle que jamás se alimentará un enfrentamiento entre civiles y militares, sencillamente porque ambos conforman y nutren la esencia del pueblo argentino.
Nuestra política de unidad nacional no tan sólo se agotará con dar vuelta esta página dolorosa. (6º mención a país roto). Creemos firmemente que no puede existir una real unidad sin justicia. Por eso vamos a impulsar la adhesión a un pacto federal y un pacto político, que tendrán que ser elementos fundamentales de un nuevo estilo de organización política y social.
De una organización donde no existan ciudadanos, ni ciudades, ni provincias de segunda categoría. De una organización donde tenga tanta dignidad un niño nacido en La Quiaca, como en la Patagonia o en la Capital Federal.
El país nos está pidiendo a gritos que nutramos esta democracia de eficacia, de desarrollo, de bienestar. Como justicialistas, no tendríamos perdón si continuásemos confundiendo a la República con el idioma de nuestros viejos errores.
Rescatar esta verdad significa levantar nuestras más preciadas banderas. Con la firmeza necesaria como para no renunciar a nuestras más íntimas convicciones. Pero también con la humildad suficiente, porque en política nadie es dueño de la verdad absoluta.
Por eso, en lugar de buscar lo que nos separa, preferimos pensar en lo que nos une.
Creemos en la justicia social, la soberanía política y la independencia económica.
¿Qué argentino no comparte estos postulados? ¿Cuántos compatriotas no rescatan estas esencias?
Pero también creemos en imprescindibles actualizaciones, y en el enriquecimiento de ideas nuevas y de iniciativas enriquecedoras.
Para nosotros, la justicia social pasa hoy por la eliminación de todo tipo de privilegio. Del privilegio de la impunidad, del privilegio de las prebendas estatales, del privilegio de la burocracia, del privilegio de la especulación, del privilegio de la falta de competencia.
Así como no puede existir una nación sin esperanza, tampoco puede existir una verdadera democracia con exclusiones.
Los marginados del saber, de la dignidad, de la cultura, del trabajo, de la vivienda, de la salud y del bienestar, nos están marcando nuestra primera y gran responsabilidad. La de conjugar a esta democracia con la libertad y la justicia, con el pan y la paz, con las obras y la producción.
La justicia social pasa por no distribuir pobreza. Por no igualar hacia bajo. La justicia social pasa por no perpetuar nuestra declinación. La revolución productiva, que hemos proclamado a lo largo y a lo ancho de todo el país, tiene un corazón, una idea central, una esencia: terminar con una Argentina a la cual le está prohibido trabajar.
Para el cumplimiento de este objetivo nacional, resulta imprescindible encarar una serie de medidas firmes y decididas que pongan fin a la era de la especulación en la República.
De ahí que la justicia social, en una primera etapa, comenzará a consolidarse a partir de la asunción de una realidad terminante. Vivimos en una economía de emergencia. Estamos en una auténtica situación de emergencia económica y social. (7ª mención a país roto).
Y es bueno que el país lo sepa con crudeza: de esta tragedia nacional (8ª mención a país roto) no vamos a poder salir sin hacer un esfuerzo. Un esfuerzo que será equitativo, pero que abarcará a todos ya cada uno de los sectores sociales.
Nadie como el justicialismo tiene autoridad y legitimidad para asumir una política de este tipo.
Nuestro pueblo sabe que si hoy este gobierno le pide un sacrificio es para obtener una recompensa, un resultado concreto, una mejora tangible en su situación de vida.
Éste es el horizonte que no estamos dispuestos a traicionar.
Tenemos el deber patriótico de decirlo, de advertirlo, de anticiparlo: los resultados no será todo lo urgente y rápidos que nosotros deseamos. Pero también tenemos el coraje para asumir un juramento ante la conciencia de nuestra gente: vamos a avanzar en el rumbo correcto, vamos a caminar de la mano de los más humildes y más desposeídos, vamos a poner la economía al servicio de la dignidad del hombre argentino.
Entiéndase bien: la primera y fundamental batalla que deberá ganar esa economía de emergencia es la batalla contra la hiperinflación. El principal enemigo contra la justicia social es la hiperinflación, que devora salarios y bienestar en millones de hogares argentinos.
Este ataque frontal que nos proponemos requiere el apoyo decidido y comprometido de la dirigencia política, empresarial y gremial, para que respalden nuestra acción y para que la confrontación sectorial no termine aniquilando la totalidad del aparato productivo.
Sería un hipócrita si lo negara (Se queda sin resto luego si no lo reconoce ahora). Esta economía de emergencia va a vivir una primera instancia de ajuste. De ajuste duro. De ajuste costoso. De ajuste severo.
Pero la economía argentina está con la soga al cuello, y ya no queda lugar para los titubeos.
La justicia social, para nosotros, se va a conjugar con un solo verbo: producir, producir y producir.
La justicia social va a establecer un sistema con reglas claras, con necesarios premiso y castigos, y con las reformas de fondo que el país reclama.
Al desatar este nudo perverso del vértigo inflacionario vamos a poder encaminarnos por la senda de la reactivación.
Que quede bien claro: en la Argentina quedan abolidos, a partir de hoy, los privilegios de cualquier signo. Así como en 1813 los fundadores de la patria nos libraron de la esclavitud, hoy venimos también a librarnos del privilegio.
Desde el Estado nacional vamos a dar el ejemplo, a través de una cirugía mayor, que va a extirpar de raíz males que son ancestrales e intolerables.
Porque creemos en la justicia social vamos a poner al Estado nacional al servicio de todo el pueblo argentino.
Vamos a sentar las bases de un Estado para la defensa nacional, y no para la defensa del delito o de la coimas.
Vamos a refundar un Estado para el servicio del pueblo, y no para el servicio de las burocracias que siempre encuentran un problema para cada solución.
La eficacia social, la participación de toda la ciudadanía, la sana administración, el protagonismo del usuario y la anulación de toda clase de feudo, serán instrumentos vitales para transformar nuestro Estado.
Un Estado que agoniza como esclavo de unos pocos, en lugar de paliar necesidades de quienes más sufren.
Y como la causa social es la causa del más puro federalismo, vengo a anunciar que asumiremos una resuelta política de descentralización administrativa.
Todo aquello que puedan hacer por sí solos los particulares no lo hará el Estado nacional. (preanuncia las privatizaciones)
Todo aquello que puedan hacer las provincias autónomamente no lo hará el Estado nacional.
Todo aquello que puedan hacer los municipios, no lo hará el estado nacional. En esta auténtica cruzada que inauguro hoy, en pos de la reconquista definitiva del sector estatal, quiero convocar muy especialmente a todos los trabajadores. Deseo que sepan que estas reformas son, antes que nada, en favor de los más humildes, de sus mejores oportunidades de trabajo. De su dignidad personal y de realización. De su protagonismo en la vida del país. Ellos serán la columna vertebral de este cambio. Sencillamente porque este cambio tendrá un principal beneficiario: el propio trabajador.
El pueblo argentino tiene una cita con la historia. Para responder a ese llamado vamos a tener que hacer un esfuerzo conmovedor, que comenzaré en esta reestructuración de nuestro Estado nacional. Ella no se agotará en sí misma, sino que será un paradigma claro, con implicancias en el resto de la comunidad.
Seremos pragmáticos, sin hacer del pragmatismo una ideología. Seremos prácticos, sin hacer del realismo un dogma. Seremos sensatos, sin olvidar que el desarrollo es el verdadero nombre de la paz.
[...]
Hermanos argentinos:
El gobierno que hoy se inicia va a ser un gobierno fuerte. Pero con la fuerza de la solidaridad, y no con la fuerza de la barbarie. Con la fuerza de la convicción, y no con la fuerza de la violencia. Con la fuerza de la razón y no con la fuerza del temor.
No vamos a protagonizar un gobierno autoritario. Vamos a protagonizar un gobierno con autoridad.
Y para que la autoridad sea genuinamente autoridad, deberá tener sólidas bases morales.
Creer que nuestra crisis es solamente política o económica, es una simplificación. Nuestra crisis es profundamente moral, y corroe a amplios sectores de nuestra comunidad.
Vivimos una instancia terminal, que debemos eliminar a tiempo, porque corremos peligro de disolución.
Que una sociedad sea inmoral, es grave. Pero esa inmoralidad trae en sí misma otro mal: que una sociedad no sea realmente una sociedad. La falta de solidaridad nos anuló durante mucho tiempo. En la Argentina, cualquiera tuvo fuerza para deshacer, pero nadie tuvo fuerza para hacer. Éste es el círculo perverso que ahora, todos juntos, comenzamos a revertir (¿Revertir un círculo?, ¿cómo se revierte un círculo?)
Por eso, vengo a anunciar ante los representantes del pueblo, que a partir de este momento el delito de corrupción en la función pública será considerado como una traición a la patria.
Así como vamos a investigar los ilícitos cometidos en los últimos tiempos, también vamos a ser inflexibles con nuestros propios funcionarios. Aspiro a que mi gobierno sea un ejemplo de austeridad, de limpieza, de patriotismo.
El gobierno del pueblo no puede ser prioridad de sus dirigentes (¿Entienden qué quiere decir?, yo no)
Porque la corrupción administrativa es un acto verdaderamente criminal, que como tal hay que señalar ante la conciencia y la opinión de nuestra ciudadanía.
La Argentina tiene que dejar de ser el país de los grandes negociados, y tiene que pasar a ser el país de los grandes negocios.
Ante la pregunta agónica y urgente de para qué sirve la democracia, pretendo que cada uno de mis funcionarios responda: "Si la democracia no sirve para hacer más feliz a la gente, no sirve para nada". (Citado entre comillas, pero no se sabe a quién pertenece la frase).
Si la democracia no sirve para ofrendar nuestra honestidad, capacidad y lealtad, no sirve para nada.
Ésta será la línea central de nuestra gestión. Vamos a desmitificar (La convirtió en show) la política. Vamos a transformar a nuestro gobierno en un plebiscito cotidiano frente a la dignidad y la decadencia. Vamos a romper con todos los tabúes. No llegamos al poder para calentar una silla. Llegamos al poder para servir a nuestra gente. Para dar y no recibir. Porque, como decía Eva Perón: "Amar es servir".
No vamos a detenernos frente a las tentaciones, o frente a los falsos apóstoles (La frase, ¿no es "falsos profetas"? Consta en Evangelio Mateo 7.15) del desencanto.
Yo prefiero que mi pueblo me agradezca durante un siglo (Debería decir: "dentro de un siglo", qué más quisiera Menem que le agradezcan 100 años seguidos), a que los adulones me aplaudan durante un año.
Yo no pretendo rodearme de amigos de esta democracia que tan sólo sepan elogiarla. Yo aspiro a tener amigos que también sepan defenderla.
Pretendo que millones de pechos se alcen como un solo pecho, cuando lleguen los momentos de tribulación y de dificultades.
En cada una de las áreas de gobierno, estamos dispuestos a mantener esta conducta.
Vamos a tener la convicción necesaria como para no detenernos, no demorar el paso, no escatimar soluciones, no dudar.
Pero también vamos a tener la lucidez indispensable para no caminar en círculos, para no aislarnos en el frío e impersonal ejercicio del poder. Ésta será una gestión de cara a la gente, cerca de sus necesidades y anhelos, atenta a los reclamos y expectativas de toda la Nación.
Por eso, en este inicial mensaje como presidente de los argentinos, yo no he querido traerles una receta técnica, un recitado de medidas instrumentales, un conjunto de fórmulas abstractas para superar nuestra crisis (¿las tenía?). Pensé, mejor, en retratarles el espíritu y el alma de la tarea que nos espera.
En los próximos días, y sucesivamente, cada uno de los ministros y responsables de las diferentes áreas de gobierno, brindarán una descripción detallada del estado en que reciben sus funciones, y de los programas que se llevarán adelante para concretar el cambio tan ansiado. Esta inmensa emergencia nacional requerirá un contacto directo con toda la población, un intercambio de opiniones, un debate fecundo para poder instrumentar las políticas más adecuadas.
Cada argentino tiene a partir de hoy el derecho y la responsabilidad de conocer la marcha de su gobierno. Cada argentino tiene el deber y la prerrogativa de exigir a sus hombres públicos transparencia, honestidad, aptitud, claridad en cada uno de sus actos.
Pueblo argentino:
Pueblo de larga espera. Pueblo del heroísmo cotidiano. Pueblo de la ilusión inquebrantable. Pueblo del nuevo tiempo. (Remite a tarjetas de Librerías San Pablo y/o Paulinas).
Yo hice de mi campaña un canto de esperanza. Y pretendo hacer de mi gobierno un acto de fe.
Yo te convoco para que caminemos juntos en esta era distinta.
Sé que el camino estará lleno de tropiezos, de dudas, de problemas. El comienzo será durísimo.
Pero también sé que cuando un pueblo decide al trabajo, es invencible. Vamos a demostrar que no nos merecemos un presente de marginación. Vamos a demostrar que podemos hacer juntos una patria de hermanos. Como Jorge Luis Borges, yo también digo, en esta hora, la Argentina no puede cometer el peor de los pecados: el pecado de no ser feliz. (¿De dónde extrajo esta sentencia? Remite a una poesía que se le atribuye a Borges, "Instantes", publicada en una antología de kiosco; en realidad la autora es Nadine Stair y la obra se llama "Si pudiera vivir nuevamente").Y aunque el cielo todavía esté nublado, y muchos dolores asomen en el horizonte, vale la pena recordar aquella sentencia de don Leopoldo Marechal: "El pueblo siempre recoge las botellas que se tiran al mar con mensajes de naufragio".
Por eso, en este día inaugural para todos los argentinos yo elevo mi corazón a Dios Nuestro Señor.
Le pido soñar, sin ser esclavo de mis sueños.
Le pido amor, porque sólo con amor nacerá una Argentina nueva.
Le pido paciencia, sin inquietarme en mi esperanza.
Le pido sabiduría, sin creerme ni demasiado sabio ni demasiado torpe.
Le pido prudencia, para no caminar olvidando a los pobres de toda la pobreza.
Le pido humildad, para no creerme ni demasiado poderoso ni demasiado débil.
Le pido fortaleza, para comprender que la verdadera fuerza es siempre la fuerza de la fe.
Le pido paz, para escuchar mejor la voz del pueblo, que siempre es la voz de Dios. (Remite a poesía "Le pido a Dios" disponible en los kioscos).
Una voz que hoy se alza como una oración, como un ruego, como un grito conmovedor.
Argentina, levántate y anda.
Argentina, levántate y anda.
Argentina, levántate y anda. (Remite a la Santísima Trinidad, y al mensaje de Juan Pablo II en su segunda visita a la Argentina y, además y sobre todo, al pasaje bíblico de la resurrección de Lázaro en evangelio de Juan 11.11).



Necropsia del discurso.


Deíticos
a) Puros:
Ø El discurso asume la primera persona del singular, el YO es Carlos S. Menem.
"Quiero inaugurar..."
"... Yo quiero proclamar..."
"Yo te convoco para que caminemos juntos"... (Le habla a un tú).

b) Impuros:
Ø Nosotros inclusivo (Yo + el alocutorio/el No-Yo): ... "todos, en mayor o menor medida, somos responsables..."

Ø Nosotros exclusivo (Yo + Ellos): "Como justicialistas, no tendríamos perdón..." (Nosotros los justicialistas); "Para nosotros la justicia social"....

Ø Tercera persona (él /ellos): "Nadie como el justicialismo tiene autoridad"... (Nota: La tercera persona se utiliza para presentar la verdades irrefutables, objetiva . Se utiliza en el discurso científico).


c) Pronombres personales, adverbios:
Ø Pronombres posesivos: "... mis iniciales palabras...; "Yo proclamo [...] ante mi Pueblo"...

Ø Pronombres demostrativos: "Hoy siento que aquel ruego..."

Ø Espacio, lugar: "Sobre estas ruinas construiremos"...

Ø Tiempo: "Este gobierno de unidad nacional que hoy nace"... ; "La producción es hoy más baja que en 1970" (Nota: acá, hay implícito un ayer); "... la Argentina de ayer [...] la Argentina de mañana... "; "Algún día, desde lo más profundo de mi calabozo [...] yo le pedí... " (implícito un ayer).


d) Tiempo verbales, conjugaciones:
El discurso está conjugado, fundamentalmente, en presente. También se proyecta hacia al futuro en lo atinente a medidas y esfuerzos que se necesitarán para reconstruir el país.


Conectores
Ø Por eso, al hablar ante el Honorable Congreso... 7 Indica causa-consecuencia.
Ø Ante la mirada de Dios y ante el testimonio... 8 Agrega información a la ya dada.
Ø Sin embargo, no pretendo... 9 Objetan parcialmento lo dicho.
Ø Porque cada uno de los argentinos... 10 Indica causa-consecuencia.
Ø Pero con la fuerza de la solidaridad... 11 Objeta parcialmente lo dicho.
Ø Así como vamos a investigar... 12 Compara información.
Ø También vamos a ser inflexibles... 13 Agrega información a la ya dada.


Modalizaciones

Epistémica cognitiva. Saber/hacer. Asterix, posee el conocimiento de los hechos y los describe:
Ø No existe otra manera de decirlo: el país está quebrado, desvastado, destruido, arrasado.
El legado que estamos recibiendo es el de una brasa ardiente entre las manos. El de una realidad que quema, que lacera, que mortifica, que acosa, que urge solucionar.
La inflación llega a límites escalofriantes. La cultura de la especulación devora nuestro trabajo. La producción es hoy más baja que en 1970, la tasa de inversión es negativa. La educación es un lujo al que pocos acceden. La vivienda, apenas una utopía de tiempos pasados. El hambre, moneda corriente para millones de compatriotas. El desempleo, una enfermedad que se cierne sobre cada vez más amplios sectores de nuestra comunidad. El dolor, la violencia, el analfabetismo y la marginalidad, golpean a la puerta de nueve millones de argentinos. De nueve millones de hermanos, que hoy no pueden siquiera nutrirse correctamente, vestirse, aprender, conocer la dignidad. De nueve millones de voluntades que están quebradas, frente a un país que ha visto descender dramáticamente su nivel general de vida.
Esta es la evidencia, señores. Éste es el cuadro de situación. 14

Ø Podría apelar a cifras que marcan el increíble deterioro de nuestra situación nacional. 15


Pragmática. Poder/ hacer. Súperman.
Ø Sólo puedo ofrecerle a mi pueblo: sacrificio, trabajo y esperanza. Sacrificio, trabajo y esperanza".
Sólo puedo asegurarle que seré el primer argentino a la hora de la austeridad, de poner el hombro, de apretar los dientes, del esfuerzo. Del esfuerzo de todos y no de unos pocos. 16

Ø Yo vengo a unir esas dos Argentinas. Vengo a luchar por el reencuentro de esas dos patrias.
Yo no aspiro a ser el presidente de una fracción, de un grupo, de un sector, de una expresión política. No deseo ser el presidente de una nueva frustración. 17


Volitiva:
Ø Yo quiero ser el presidente de una Argentina unida, que avance a pesar de las discrepancias.
Yo quiero ser el presidente de Rosas y de Sarmiento, de Mitre y de Facundo, de Ángel Vicente Peñaloza y Juan Bautista Alberdi, de Pellegrini y de Yrigoyen, de Perón y de Balbín.
Yo quiero ser el presidente de un reencuentro, en lugar de transformarme en el líder de una nueva división entre hermanos. 18


Aléticas/deónticas:
Ø Entre todos los argentinos vamos a encontrar una solución definitiva y terminante para las heridas que aún faltan cicatrizar. No vamos a agitar los fantasmas de la lucha. Vamos a serenar los espíritus.
Vamos a decirle que jamás se alimentará un enfrentamiento entre civiles y militares, sencillamente porque ambos conforman y nutren la esencia del pueblo argentino. 19


Intertextualidad
Ø Se levanta a la faz de la tierra, una nueva y gloriosa nación. Cita implícita, Himno Nacional Argentino. 20

Ø Se terminó el país del "todos contra todos", comienza el país del "todos junto a todos". 21

Ø Si la democracia no sirve para hacer más feliz a la gente, no sirve para nada. 22

Ø Porque, como decía Eva Perón: "Amar es servir". 23

Ø Como Jorge Luis Borges, yo también digo, en esta hora, la Argentina no puede cometer el peor de los pecados: el pecado de no ser feliz. Y aunque el cielo todavía esté nublado, y muchos dolores asomen en el horizonte, vale la pena recordar aquella sentencia de don Leopoldo Marechal: "El pueblo siempre recoge las botellas que se tiran al mar con mensajes de naufragio. 24


Relación contractual
Se establece una relación de complicidad utilizando, mayormente, el nosotros inclusivo:

Ø Éste es el desafío ante el cual venimos a responder los argentinos. 25
Ø Porque hay que pensar alto, sentir hondo y hablar claro. 26
Ø Entre todos los argentinos vamos a encontrar una solución definitiva. 27

y el nosotros abarcativo:

Ø El pueblo argentino votó por la epopeya de la unidad nacional. 28
Ø El pueblo argentino tiene una cita con la historia. 29
Ø La Argentina tiene que dejar de ser el país de los grandes negociados. 30


Entidades
Entidades enumerables (prodestintario):

Ø Como justicialistas...


Entidades enumerables (contradestinatario):

Ø elípticamente alude a la Unión Cívica Radical.


Entidad enumerable (paradestinatario):

Ø ... una organización donde no existan ciudadanos [...] de segunda categoría.
Ø Hermanos argentinos.


Metacolectivo singular:
Ø Honorable Congreso de la Nación.
Ø Excelentísimos señores jefes de Estado.
Ø Hermanas y hermanos de todas las naciones.
Ø Pueblo de mi patria.
Ø Argentinos, de pie para terminar con nuestra crisis (entidad nominaliz.).
Ø Yo proclamo solemnemente ante mi pueblo.
Ø El pueblo argentino.
Ø El país nos está pidiendo a gritos.
Ø ... los fundadores de la patria.
Ø ... y expectativas de toda la Nación.

Formas nominalizadas (positivas):
Ø a partir de este momento se inicia el tiempo del reencuentro entre todos los argentinos.
Ø El tiempo de una gran reconquista nacional.
Ø Sacrificio, trabajo y esperanza.
Ø El gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo.
Ø La justicia social.

Formas nominalizadas (negativas):
Ø La Argentina está rota.
Ø el país está quebrado, desbastado, destruido, arrasado.
Ø La cultura de la especulación
Ø esta crisis que todo lo derrota y lo destruye.
Ø ... la economía argentina está con la soga al cuello.
Ø donde impera la ley de la selva.
Ø frente a los falsos apóstoles del desencanto...

Otras formas nominales:
Ø el principal enemigo [...] la hiperinflación.


Componentes

Didáctico:
Ø Para nosotros, la justicia social pasa hoy por la eliminación de todo tipo de privilegio. Del privilegio de la impunidad, del privilegio de las prebendas estatales, del privilegio de la burocracia, del privilegio de la especulación, del privilegio de la falta de competencia. 31

Ø Que quede bien claro: en la Argentina quedan abolidos, a partir de hoy, los privilegios de cualquier signo. Así como en 1813 los fundadores de la patria nos libraron de la esclavitud, hoy venimos también a librarnos del privilegio.32

Ø Que una sociedad sea inmoral, es grave. Pero esa inmoralidad trae en sí misma otro mal: que una sociedad no sea realmente una sociedad. La falta de solidaridad nos anuló durante mucho tiempo. En la Argentina, cualquiera tuvo fuerza para deshacer, pero nadie tuvo fuerza para hacer. Éste es el círculo perverso que ahora, todos juntos, comenzamos a revertir.33

Ø Ante la pregunta agónica y urgente de para qué sirve la democracia, pretendo que cada uno de mis funcionarios responda: "Si la democracia no sirve para hacer más feliz a la gente, no sirve para nada". Si la democracia no sirve para ofrendar nuestra honestidad, capacidad y lealtad, no sirve para nada.34

Ø Pero también sé que cuando un pueblo se decide al trabajo, es invencible.35


Programático:
Ø Para el cumplimiento de este objetivo nacional, resulta imprescindible encarar una serie de medidas firmes y decididas que pongan fin a la era de la especulación en la República. 36

Ø Sería un hipócrita si lo negara. Esta economía de emergencia va a vivir una primera instancia de ajuste. De ajuste duro. De ajuste costoso. De ajuste severo.37

Ø Y como la causa de la justicia social también es la causa del más puro federalismo, vengo a anunciar que asumiremos una resuelta política de descentralización administrativa. Todo aquello que puedan hacer por sí solos los particulares no lo hará el Estado Nacional. 38

Ø Porque creemos en la justicia social vamos a poner al Estado nacional al servicio de todo el pueblo argentino. Vamos a sentar las bases de un Estado para la defensa nacional, y no para la defensa del delito o de la coimas. Vamos a refundar un Estado para el servicio del pueblo, y no para el servicio de las burocracias que siempre encuentran un problema para cada solución.


Prescriptivo:
Ø Entiéndase bien: la primera y fundamental batalla que deberá ganar esa economía de emergencia es la batalla contra la hiperinflación. El principal enemigo contra la justicia social es la hiperinflación, que devora salarios y bienestar en millones de hogares argentinos.




Notas bibliográficas

1. PRIVITELLIO, L. Y ROMERO, Luis A. " Carlos Saúl Menem, ¡Argentina, levántate y anda!" en Grandes discursos de la historia Argentina,; Edit. Aguilar, Bs. As., 2000, pág. 435.
2. Ibídem, pág. 433.
3. Ibídem, pág. 427.
4. Ibídem, pág. 428.
5. EVANGELIO DE LUCAS, 6, 43-49 en El libro del pueblo de Dios, Ediciones Paulinas, Bs.As., 1984
6. SARMIENTO, D.F. Recuerdos de Provincia, Editorial Jackson, 1953, pág. 164
7. PRIVITELLIO, L. Y ROMERO, Luis A. " Carlos Saúl Menem, ¡Argentina, levántate y anda!" en Grandes discursos de la historia Argentina,; Edit. Aguilar, Bs. As., 2000, pág. 426.
8. Ibídem.
9. Ibídem, pág. 427.
10. Ibídem, pág. 429.
11. Ibídem, pág. 433.
12. Ibídem.
13. Ibídem.
14. Ibídem, pág. 427.
15. Ibídem, pág. 428.
16. Ibídem, pág. 427.
17. Ibídem, pág. 429.
18. Ibídem.
19. Ibídem, pág. 430.
20. Ibídem, pág. 426.
21. Ibídem.
22. Ibídem, pág. 434.
23. Ibídem.
24. Ibídem, pág. 435.
25. Ibídem, pág. 428.
26. Ibídem, pág. 429.
27. Ibídem, pág. 430.
28. Ibídem, pág. 428.
29. Ibídem, pág. 433.
30. Ibídem, pág. 434.
31. Ibídem, pág. 431.
32. Ibídem, pág. 432.
33. Ibídem, pág. 433.
34. Ibídem, pág. 434.
35. Ibídem, pág. 435.
36. Ibídem, pág. 431.
37. Ibídem, pág. 432.
38. Ibídem.




Bibliografía consultada:

Breve historia contemporánea de la Argentina, Luis A. Romero. Edit. Fondo de Cultura Económica, Bs.As, 2000
Grandes discursos de la historia Argentina, Luciano de Privitellio y Luis A. Romero; Edit. Aguilar, Bs. As., 2000
El libro del pueblo de Dios, Ediciones Paulinas, Bs.As., 1984
La palabra adversativa, Eliseo Verón.
Apuntes y cuadernillos de clases "Comunicación y discurso político", O. Corna y Hugo Marengo, ciclo 2003
Recuerdo de Provincia Recuerdos de Provincia, D.F. Sarmiento, Editorial Jackson, 1953
El país de los boludos, artículo de José Pablo Feinmann.


Bibliografía específica:

Poesía "¿Cuál es?", de la Madre Teresa de Calcuta. Disponible en Kioscos.
Canción "Un nuevo sol". En cancioneros de la iglesia católica.
Poesía "Le pedí a Dios". Disponible en kioscos.
Artículo"El país de los boludos", de José Pablo Feinmann,
Poesía "Si pudiera vivir nuevamente", de Nadine Stair.

Tags: Menem, Analisis del Discurso, Comunicación.

Comentarios

Añadir un comentario