Jorge Sagrera Escritor/Lic. en Comunicación Social

miércoles, 26 de septiembre de 2007

El talón de Esaú (Novela cap. 2/33)

EL TALÓN DE ESAÚ




(Novela por entregas. Cap. 2/33)








Jorge Luis Sagrera
sagreravilla@redsp.com.ar






DOS

En el Chevallier alguien comía milanesas. Un bebé lloraba, seguro quería que le cambiaran los pañales: el resto de los pasajeros estábamos muy de acuerdo con el bebé. ¡Chofer!: yo también quiero que me cambien. ¿Se hizo encima, caballero?. Que me cambien de colectivo. Doce y media. Había demorado más de Buenos Aires a San Pedro, que de Ushuaia a Buenos Aires. El aire acondicionado se descompuso en Zárate y tuvimos que abrir las ventanillas. Respiré nuevamente, después de quince años, el aire natural y pegajoso de la pampa húmeda. Llegando a Lima, un señor, que estaba en el asiento de atrás, tocó suavemente mi hombro.
-Perdón, caballero- dijo -. ¿Puede cerrar la ventanilla?
Creí escuchar: "¿Puede cerrar la ventanilla?", por eso pregunté:
-¿Cerrar la ventanilla?.
-Sí, por favor- dijo él -. Me bajo en Baradero y tengo que empezar a peinarme.
Lo estudié de reojo por el vidrio. El tipo era pelado, había dejado crecer Selva Misionera de oreja a oreja el pelo de la nuca. Ahora tenía un peine y comenzaba a peinarse, de atrás para adelante, de atrás para el costado, una y otra vez. Hoy gran inauguración. Disculpe las molestias, estamos rastrillando para usted. Un interesante mosaico. Un creativo crochet. Fideos de barro. Un campo arado. Un respetable flequillo. Lo imaginé saliendo de la ducha con el pelo húmedo cayéndole sobre los hombros "En busca del coxis perdido", con Harrison Chevrolet. Me pregunté si en su casa habría un clavo libre. Me pregunté también si aceptaría darme su dirección para enviarle un espejo de regalo.
El tipo se bajó en Baradero y pude abrir nuevamente la ventanilla. Demasiado tarde: cuando el Chevallier dejó atrás la autopista y se internó en la ruta 1001, mi piel bombeaba viaje de estudios de séptimo grado a la planta Somisa un vaho como el olor del acero caliente.
El micro hizo un giro amplio para esquivar un auto estacionado, mordió el cordón de la vereda. El chofer libró indecencias a favor de la municipalidad y, finalmente, encaró la calle Oliveira César. Entró a la Terminal.
En la plataforma cuatro, recostado sobre una columna de cemento, y las manos en los bolsillo, estaba Butiche. Tenía una postura impasible, como en los bailes del club Mitre. Sin embargo, este Butiche no era el mismo que interpretaba con precisión suiza el papel de seductor. Ahora usaba mocasines negros, pantalones gris topo y camisa gris claro con clergyman en el cuello: todo un sacerdote.
Cuando me descubrió entre la gente, dejó la columna de cemento y caminó hacía mí. Nos dimos un abrazo fuerte. Se nos agolparon quince años en la garganta y no pudimos armar ni siquiera una frase. No volver a San Pedro por no acertar el camino de regreso (Yo). No ir a Ushuaia por no poder: la realidad es una frontera de vidrios blindados (Butiche).
Se ofreció a cargar mi bolso. Dijo, después de quince años, sus primeras palabras.
-¡Qué livianito!. ¿Traés tarjetas de crédito en lugar de ropa?
-En el bolso- dije -, ropa para dos días y acá- llevé mi mano al bolsillo -un pasaje: el lunes vuelvo a Ushuaia.
Me miró como si tuviera el ancho de espada en la mano.
-No es lo que yo tenía pensado- dijo -, pero ya vamos a ver qué pasa.
Abrió la puerta del auto y dejó el bolso en el asiento de atrás.
Entró. Entré. En esa plaza le di un beso a Mia. El primer beso. Quince de noviembre, ¿era quince de noviembre?. Sí: quince de noviembre de mil novecientos setenta y seis. Una de la madrugada.
Entonces, día dieciséis. Aunque, para la estadística, corresponde registrar día quince. La estatua de la madre estaba igual que antes: en la misma posición, mirando fijo un punto la cornisa del almacén del gallego del horizonte. Perseverancia de madre. Amamantando a su bebé, tan estatua como ella. ¿Cuántos años con ese pecho al aire?. El pecho también se mantiene igual, erguido. Tal vez un poco más de verdín. El otro no se ve. Andá a saber cómo está. Butiche puso el auto en marcha. Una cassette continuó andando a todo volumen.
"Mis palabras son balas, balas de pan, balas de justicia".
-Los Fabulosos Cadillacs- dije.
-¡Carajo, Arenz!- dijo Butiche. Apretó Stop y dio una palmada descomunal en mi rodilla -. ¡Al final te viniste!
-Sí- dije -. Al final vine- la rodilla me ardía.
-Muy bien- dijo él -. Muy bien.
-¿Me escribiste pidiéndome que venga, no?- la rodilla me seguía ardiendo.
Dobló por calle Salta. Ya empezaban a florecer, en los árboles de naranjas amargas, los primeros azahares. Bajé todo el vidrio. Las mañanas del colegio iba por Salta hasta el boulevard Moreno, caminaba seis cuadras de más sólo para respirar el perfume de los azahares. Después se agudizaron los problemas de alergia y asma, la rinitis me impedía respirar por la nariz, los oídos se cerraban y... ¿Alguien me habla?
-Sí- dije.
-¿Sí, qué?- dijo Butiche.
-¿Qué?
-Te preguntaba- dijo Butiche y parecía que no por primera vez -, ¿dónde tenés pensado parar?.
-No pensé nada... ¿Hay sitio en la casa parroquial?
-Siempre hay lugar. Siempre hay lugar para un peregrino... porque a vos te gusta caminar y caminar...
-Así es- dije, intuyendo el remate.
-Te gusta rajarte- remató.
-No- me defendí -, no estoy de acuerdo. La única vez que me rajé algo, fue una remera roja al intentar pasar y sin agacharme lo suficiente, un alambre de púas.
-Entonces, ¿por qué te fuiste a Ushuaia?
-¿Por qué?.
-Sí, por qué.
¿Por qué me fui?. Mmmmm. Tal vez por el agujero de la capa de ozono. ¿Existía en esa época?-Porque en San Pedro hay demasiada humedad- dije -. Crece de todo por culpa de la humedad: a mí me creció el asma.
-¡Si vos tenés asma desde chico!.
-¿Y vos?. ¿Por qué te metiste a cura?.
-¿Por qué me metí a cura?... la respuesta es sencillísima: no sé. Ojalá en catecismo nos enseñaron que el cristiano no debe decir esa palabra: ¡Oh Alá! hubiera bajado el Ángel Gabriel a decírmelo... No sé. Supongo que lo hice para que la historia no quede llena de agujeros.
-No lo entiendo, padre.
-Claro, hijo. Si nos borramos, si no damos la respuesta humana al requerimiento divino, la historia queda llena de agujeros.
Medité unas cuadras esa teoría. A los dos, aunque de distintos tipos de cielo, nos preocupaban los agujeros.

Tags: Novela por entregas, Literatura.

Comentarios

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  • Fecha: miércoles, 26 de septiembre de 2007
  •  | 
  • Hora: 18:14

Autor: Olivia07

No hay dibujitos de aplausos??Bravo, Jorge, la novela me està empezando a entusiasmar, Esperarè el capitulo 3, y ahora no me cambies de articulo!Rebotado
Està tomando un sabor tipico rioplatense.
Saludos. ONG (SOY GON)