EL TALÓN DE ESAÚ
(novela por entregas. Cap. 4/33)
Jorge Luis Sagrera
sagreravilla@redsp.com.ar
CUATRO
Butiche apagó la hornalla, echó un poco del agua de la pava en el termo, lo movió en forma circular para calentar el vidrio, después la volcó en la pileta. Colgó en su hombro un repasador de la Basílica de Luján y caminó hacia mí. En la mano derecha uno de esos mates correntinos que cargan medio kilo de yerba: pesan como un adoquín. En la mano izquierda traía el termo, humeante.
-¡Caraj...!- comenzó a decir. No lo dejé terminar.
Sísí- me apuré a contestar -. Al final me vine, punto y aparte. Dejá los saludos afectuosos para pasado mañana.
Empezó a cebar, despacio, sin soltar palabra.
Cada vez que él tomaba, limpiaba la punta de la bombilla con el repasador.
Sigue tan pulcro como antes. Me acuerdo un día en el baño del San Luis Gonzaga: quince minutos sacudiendo la batuta, obligándola a largar la postrera notagota, cantaba: "Lo dijo Aristóteles, lo dijo Platón, la última gota queda en el calzoncillo". No, así no era. "La última gota transciende el pantalón". O algo así.
-Por qué me decís: "Carajo, Arenz", a cada rato- pregunté.
-No sé... No creí que ibas a venir.
-Dijiste que Mia necesitaba hablarme.
-Bueno- dijo Butiche, haciendo un gesto de impaciencia con la mano. -No te habrías hecho cincuenta mil kilómetros si no tenías interés.
Era inevitable venir, lo intuía. notable reflexión. Mi lápida: Vino a San Pedro, porque era inevitable. Realmente notable lo. ¡Qué va ser notable! ¿Qué voy a? Además.
-No son tantos kilómetros- dije.
-¿Y el interés?
-Insignificante para un país subdesarrollado: seis por ciento anual... ¿Y a vos?. ¿qué fue lo que te hizo decidir?
-¿Qué cosa?
-De ordenarte sacerdote.
Me guiñó un ojo:
-Eso vamos a dejarlo para esta noche... Encargué un dorado y establecí línea directa con la vinería.
-Tinto, me imagino.
-Bien frío, desafiando las normas IRAM.
-Y con soda.
-Aunque la etiqueta sea fina.
-¿Seguís con el rito del vino a deshora?
-Algunas veces- se quejó. -En esta ciudad se va perdiendo esta tradición. Queda poca gente con la que tomarse un vino. ¿Podés creer esto?... Cómo nos vamos deteriorando. Le tienen tanto miedo al Toro Viejo, como a las experiencias espirituales. Nadie se atreve, no sea cosa que la aflojar la lengua se les asome el corazón... Todos se cuidan...
Siete Historias de amor en Navidad. Leo Buscaglia: "Envolvemos un diente de ajo en un pañuelo. Anudamos el pañuelo al cuello. Nadie se nos acerca, Felice". Ni los enfermos ni lo sanos.
-De tanto que nos cuidamos -dije-, no vamos a contagiarnos nada. Bien esterilizados. Sanitos. Solitos.
-La vida es una ruina circular...O un círculo ruin.
-Del cordón umbilical al cordón antiséptico.
Butiche se levantó y fue hasta la heladera. La puerta del freezer estaba cubierta de notas, mensajes y boletas, sostenidas
insostenidas por las colectas por imanes.
Una zanahoria holandesa. Una pera vaticana. Una banana Pueyrredón. Butiche agarró una nota, sostenida por un choclo y volvió a la mesa.
-A la tarde- dijo- tengo misa en San Cayetano. Después -suspiró- me quedo a una reunión con la comisión de fomento -me entregó la nota. -. Tu agenda.
Betty dieciocho horas. Mia diecinueve horas.
-¿Comisión de fomento?- confirmé la dirección de Mia: Pellegrini y Bustamante.
No se han producido mudanzas.
-Sí- dijo Butiche. -. Comisión de fomento... Los fomentos me lo van a tener que dar en la espalda -refregó la cara con las manos, como si se estuviera lavando con aire.
-¿Hay algún problema con esa comisión?
-Están haciendo autoconstrucción... Debería llamarse: "Comisión de fomento Tupac Amaru".
-Mucho tironeo...
-Política, dinero, periodismo, dinero, corralón de materiales, dinero...
-Interesante cocktail.
-Hace unos días le metieron un puntazo al presidente de la comisión...
.¡Ffuuí!
-...un puntazo en la lengua...Y yo ando ahí. El diario local me dedica editoriales: "Al padre Butiche nadie lo votó, sin embargo hay que soportar estoicamente sus arengas desde el púlpito".
-Ha leído demasiado Chesterton.
-Recuerdo otra frase: "El padre Butiche no cobra dieta...tampoco la hace. Persigue un vientre prominente: alimenta la esperanza secreta de que, algún día, pueda ser elegido Obispo".
-Estás tan flaco como siempre.
-Claro, lo dijo porque le combinaba el juego de palabras. Lo terrible es que la gente empieza a dudar de lo que no tiene que dudar. Empieza a tener miedo. Acá decís: "Dijo Merlín" y la gente entiende: "Rojo Berlín".
Releí la nota.
-¿Qué quiere Betty?
-No sé. Supo que llegabas hoy... Quiere verte.
-Contame algo de los chicos.
-¿De los chicos de Betty?
-Los chicos, los compañeros del colegio.
-Ah... preguntá vos. Desde acá parece que nada cambió.
-Uno cambia junto a los cambios.
-Eso.
A verr. El primero de la fila, del lado de la pared, Mmmmmm. ¿Quién era?¿Era Melgarejo?
-Qué es de la vida de Ignacio Melgarejo.
-San Ignacio.
¿Monje?
-Está hecho una ruina- dijo Butiche.
-¿Por?
-¿Te acordás cómo era?
-Un tipo querendón (tal vez algo cargoso). Un buscador permanente de las relaciones humanas. Un minero de pico y pala.
-Ajá- dijo Butiche. -Un minero de pico y pala... Espléndida metáfora, pero se ve que ha trabajado sin casco este muchacho.
-¿Por qué?
-No picó en el lugar apropiado. La grieta se le produjo acá - se llevó el dedo índice a la sien.
Le devolví el mate.
-Deambula por la comisarias- continúo Butiche.
-¿No me digas que es chorro?
-Está lavado.
-Sí.
Empezó al volcar la yerba en un recipiente de plástico.
-La policía -dijo- estaría más tranquila si fuera chorro.
No entiendo nada.
-San Ignacio dice que ahí es el único lugar donde se interesan por él.
-¿Dice eso?
-Está muy mal, pobre.... Decir eso...
-Todo comenzó el día que le robaron la bicicleta. Lo vi afligido, ni siquiera caliente. si estás caliente no te penetran así nomás.
¿Caliente? ¿Penetrar? Despejar equis. Despejar equis.
-¿Me falta algún dato?-¿Por qué?
-Me perdí en "no te penetran así nomás".
-Bajoneado- aclaró Butiche. -. Tan entero como un yoghurt descremado.
-Pero de lo otro -insistí-, ¿anda bien?
-¿Qué otro?
-Seguí.
-Resulta que fue a la comisaría para hacer la denuncia. Siéntese. Taca taca tac: Nombre y apellido, señor, le preguntó el agente. Ignacio Melgarejo, señor, contestó. Butiche, dijo cuando vino a contarme, me movió cosas acá adentro, y se tocó el estómago. Yo pensé: le habrá provocado náuseas. Ganas de ir al baño. Pero no, la revolución no tenía que ver con necesidades fisiológicas. Hace tanto que nadie me pregunta mi nombre, mi apellido. Me emocioné, te juro que me emocioné. Recordé le época del colegio y no podía dejar de llorar.
-¿Y por qué te hizo recordar la época del colegio?
-A mí no, salamín picado fino: a San Ignacio.
-Imagino que esto fue circunstancial, un hecho aislado, ¿no?
-Error ¡Plíng! Gracias por jugar. Siga comprando Yerba Nobleza Gaucha... Ahora inventa que le roban. Le preguntan a qué hora se levantó. Taca taca tac. ¿Cuándo notó la falta de la pala de punta, señor? Taca taca tac. ¿Te das cuenta, esto me llena el alma?
Me alcanzó el mate.
-A San Ignacio le llena le alma- aclaró innecesariamente.
-Sí, ya sé. Lo que no sé es si me estás hablando en serio.
-Muy en serio. Podés comprobarlo mañana en la cena.
-Eso voy a hacer: no te creo nada.
-Te advierto que acercarse a él tiene su costo: le dicen meconio.
-¿Por qué?
-Por lo pegajoso y difícil que resulta sacárselo de encima.
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