Jorge Sagrera Escritor/Lic. en Comunicación Social

sábado, 29 de septiembre de 2007

El talón de Esaú (novela por entregas. Cap.5/33)

EL TALÓN DE ESAÚ





(novela por entregas. Cap. 5/33)










Jorge Luis Sagrera
sagreravilla@redsp.com.ar




CINCO

El dorado había estado gordo. Nos tuvo toda la noche al lado de la jarra de vino tino. Como Butiche lo había cocinado al horno, la grasitud y el ají molido nos ardía en la garganta. El vino, muy frío, era lo único que podía aliviarnos de tanta quemazón. Ahora estoy convencido de que Butiche lo hizo a propósito: la grasa nos empujó al vino y el vino nos aflojó los recuerdos.
-¿Cómo te fue con las chicas?- dijo, mientras levantaba los platos.
-Con Betty hablamos del colegio, del Tribilín que le regalé cuando jugábamos al amigo invisible y del agujero que le propinó Arnaldo con un cigarrillo. Del viaje de egresados a Bariloche también hablamos.
-Ajá. Voy a preparar café.
Agregué vino a la jarra y la guardé en la heladera.
-Betty dice que tiene una familia hermosa. Un inmejorable diálogo con el marido, que ahora justo está trabajando.
Butiche consultó su reloj pulsera.
-Las dos- dijo -, le deben haber cambiado el turno.
-¿A quién?
-Antes trabajaba de dos de la tarde a diez de la noche.
-¿Quién?
-El esposo de Betty, ¿no decís que justo ahora está trabajando?
-Ella era la que decía que el esposo estaba trabajando y que los chicos se los dejé a mi suegra, porque qué bien que nos llevamos todos y que los chicos crecen tanto como la deuda externa y que voy a gimnasia tres veces por semana, y que tenés que ver qué duros tengo los músculos... ¡Mirá, tocá tocá!
-¿Qué?
-Después se tiró encima mío.
Butiche dejó de echar restos de pescado en la basura, pero no se dio vuelta para mirarme. Seguro que no me creía.
-¿Y vos?- dijo.
-¿Yo?: que va a venir tu esposo, y ella que no, que recién a las diez y media de la noche. Pero si vos no querés, no. Yo: ¿querer, qué? Ella: por los chicos no te preocupes, la suegra los va a llevar a los videos. Yo: ¿querer, qué?
Butiche volvió a echar restos de pescado en el tacho de la basura.
-Hasta ahora estás necesitando una confesión, Arenz.
-No me juzgue tan duramente, padre- bajé la mirada -. Estás sembrando el piso con espinas.
Regresó a la tarea sin agregar nada.
-De pronto- continué -. Betty empezó a ponerse eléctrica. Movimientos cortitos, torpes.
-Histérica.
-¡Eso!. Me sacaste la palabra de la boca... ¿hay muchas por acá?
-Ajá- dijo él -. Si supieras lo que cuentan en confesión. Pocos toros para tantas vacas insatisfechas.
-Bueno, sigo. Finalmente me arrastró hasta la habitación. Me dejé llevar como alguien que ha pasado los ochenta y se siente libre de las pasiones... No así de las necesidades fisiológicas, claro. Le pedí que me indicara el baño, tenía ganas de orinar. Una vez en el baño, cerré la puerta con el pasador y escapé por la claraboya. Hice equilibrio en un tapial y salté a la vereda. Toqué timbre. Betty abrió la puerta. "Me voy", le anuncié, "Nos sos mi tipo".
-¿Y ella?- dijo Butiche.
-Me pidió que no se lo contara a nadie.
Butiche me miró de reojo, como diciendo: ni bien me enjuague las manos me chupo el dedo.
¡Ojo!, que si no es biodegradable.
-Hombre de poca fe- le reproché.
-Está bien, vamos a lo importante: ¿hablaste con Mía?
-Sí. Fue inevitable hablar de la época del colegio. De cuando en los recreos nos sentábamos contra la pared del sol a leer. Los dos necesitábamos hablar de esos días. Comprobar que nos seguían dando escalofríos las mismas cosas. Le pregunté si todavía leía a Thoreau y a Whitman, y ella me preguntó si en Ushuaia estaba al tanto de la campaña de Huracán. En un momento se puso triste, trajo "Walden o la vida en los bosques", leyó un párrafo que, intuyo, tenía marcado de antemano.
Hay algunos que prefieren andar con la pierna quebrada a andar con el pantalón roto.
Butiche había sometido a la vajilla y se sentó.
-Dijo que necesitaba pedirme perdón, que no se dio cuenta de que me estaba lastimando. Que lo de José duró una semana, el tiempo que yo me había tomado para preparar las valijas e irme de San Pedro. Le dije que podría haberse molestado en buscarme y que vos tenías mi teléfono. Dijo que primero fue una cuestión de orgullo, y que cuando el orgullo se disolvió y comprobó que me necesitaba, hubo algo que la frenó, que la hizo considerar si ella me merecía o no.
-¿Te dijo qué fue ese algo?
-No, no lo dijo.
-Así que no te lo dijo...
-No. Pero si vos sabés, decímelo... Seguro que sabés.
-Tenía que haberlo dicho- dijo Butiche con fastidio.
-Estaban los viejos por ahí. Dijo que mañana en la cena, nos apartamos del grupo y me cuenta... Pero si vos sabés, adelantame algo.
-Lo único que puedo decirte es que esta piba te está esperando desde hace catorce años y trescientos cincuenta y nueve días.
-No exageres.
-Es verdad.
-Con lo de piba, digo. Tiene treinta y cinco.

Tags: Literatura, Novela por entregas.

Comentarios

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  • Fecha: sábado, 29 de septiembre de 2007
  •  | 
  • Hora: 16:31

Autor: Olivia07

Estimado Jorge, no entiendo porque el protagonista luego de salir por la claraboya llamò a la puerta para decir que se iba, se lo preguntarè a èl.Muchas risas
Lo de Mia es càracteristico: siempre esperando a aquel primer amor, aunque se tengan nietos.desquiciadoChica

  • Fecha: sábado, 29 de septiembre de 2007
  •  | 
  • Hora: 16:34

Autor: Olivia07

Lo del dorado me escandalizò, ¿como puede ser que se coman a un animalito tan inofensivo y que canta como el mejor? Cuando lei de las espinas, me avivè que era un pescado.ONG Sonrisa Gigantedesquiciado