sábado, 06 de octubre de 2007
Publicado por Desconocido @ 8:09
Comentarios (1)  | Enviar

EL TALÓN DE ESAÚ






(novela por entregas. Cap. 12/33)





Jorge Luis Sagrera




DOCE



No entré al quincho. El grupo encabezado por Arnaldo y Germán seguía gobernado por el mismo viento. Otro grupo había hecho enroque largo instalándose en la playa. A mi espalda: San Ignacio. Al sudoeste: el sauce llorón que cobijaba la charla caliente de Mia y José. Me decidí por el grupo de la playa (alcancé a ver a Paulita: seguía vestida de payasa, pero sin cara de payasa).
-Buen día- dije.
Nadie contestó. Paulita me dedicó una sonrisa cómplice y me hizo lugar. Le dije al oído:
-¿Cerveza?
-Seis, nomás- dijo ella arrebatándome un pack.
Me senté en canastita dispuesto a disfrutar de la charla.
Hablaba Gloria. Me senté en canastita dispuesto a disfrutar de la noche y la cerveza.
-Arny dice que, hoy día, es imprescindible tener todo eléctrico.
Arny es Arnaldo. Gloria se había casado con él.
-¿Todo?- dijo Paulita.
-Absolutamente todo- dijo Gloria.
-¿El órgano?- dijo la gorda Ravirolta -, también eléctrico?
Nos reímos.
Gloria no.
-¡Vos usás consolador, gorda tetas de tapa de olla!
-¿Y los mosquitos?- pregunté.
-Fuyí Vape, tontuelito.
Insistí:
-¿Y si hay corte de energía?
Hubo una especie de pugilato verbal. Gloria me preguntó si me acordaba quién había sido abanderado, y yo le contesté que sí me acordaba, que había sido ella, que me había sacado dos puntos de ventaja y que desde el momento en que se había casado con Arnaldo los puntos de ventaja treparon a tres. No esperaba esa respuesta: la dejé como un bagre, boqueando panza arriba en la arena. Me levanté sin hacer caso a sus amenazas de contarle todo a su esposo, y enfilé hacia el quincho: Butiche acababa de trasponer la puerta del club. Vi cómo el grupo de navegación lo invitaba, con señas, a sentarse. Intuyendo que se iba a caer al agua, apuré el paso para socorrerlo. Demasiado tarde, Butiche había subido al velero. Arnaldo y Germán eran los únicos que hablaban, y los dos a la vez. Butiche los miraba, alternativamente, a uno y a otro. Parecía que miraba un partido de tenis. Blanco. Butiche estaba blanco. Lo imaginé mareado. No tiene uñas de grumete este muchacho.
-¿Llamo a la prefectura, Dick Turpin?- le dije al oído.
-¿Por?
-Estás blanco como calzoncillo de reverendo.
-¿De rengo?
-De reverendo, sordo.
-¿Quién te dijo que los curas usamos calzoncillos blancos?
-Lo leí en L'Observattore Romano.
Ahora, los muchachos del club De Navegación hablaban de anclas. Del peso apropiado para un velero de doce metros de eslora.
-¿Vamos afuera, Francisco Pizarro?- me dijo Butiche -. Estas conquistas me producen náuseas.
-Vamos.
Nos paramos y encaramos la puerta.
-¡Eh!- dijo Arnaldo - ¿No les interesa la conversación?
Butiche, de niño, asistía a un curso de diplomacia que, todos los jueves en el Centro de Comercio, dictaba Martín Karadagián.
-Pesada- dijo.
-¿Qué?- dijo Germán.
¡Oh!, el calzón del culo reaccionó. Su fundillo no logra zafar de la presión que le ejercen los glúteos.
-El ancla- dijo Butiche con tono de confesor -, debe ser muy pesada. ¿No?
Salimos al parque. Butiche se dirigió hacia el bosquecito de sauces llorones.
-Por ahí no- dije, sujetándolo del brazo.
-¿Por qué?
-Después te digo- consulté mi reloj de pulsera. Recordé las palabras de Mia: "En un minuto estoy con vos". ¿Cómo puedo ser tan desconfiado? Recién van cincuenta segundos y yo soy la Virgen del Santo Rosario de San Nicolás.

Tags: Literatura, Novela por entregas.

Comentarios
Publicado por Olivia07
sábado, 06 de octubre de 2007 | 10:52
Estimado licenciado:Muchas risas No puedo evitar pensar que pasaria si se produce un cortocircuito con el organo elèctrico!Muchas risas Muchas risas
desquiciado PERDÒN!!Su anterior articulo, como escribiò la novela entera, vengo con el mate y el tejido y sigo.Sonrisa Gigante
Saludos. ONYdesquiciadoChica