miércoles, 10 de octubre de 2007
Publicado por Desconocido @ 7:30
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EL TALÓN DE ESAÚ





(novela por entregas. Cap. 16/33)






Jorge Luis Sagrera



DIECISÉIS



La gorda Ravirolta se deshacía lentamente, como un cubito de hielo sobre la tierra. Agüita lenta. Betty se ofreció para acompañarla al baño.
-Vamos a lavarte la cara- dijo.
-Que tome un poco de cerveza- aconsejé -. Tiene que recuperar lo llorado.
Caminaban despacio tomadas del brazo, como dos abuelas que recién se levantan de la siesta. Una de ellas debía tener algún defecto en la cadera, a cada paso se balanceaban de aquí para allá como huevo de toro en el Arca de Noé.
En el quincho todo parecía estar demasiado quieto. No se escuchaban ruidos de motos.
Paulita metió una mano en su gran bolsillo de payaso. Abracadabra: apareció la nariz roja. Se la puso. A unos doscientos metros, en el club vecino, se armó una guitarreada. Un suave e intermitente viento había comenzado a soplar. Movía apenas las ramas de los sauces y agregaba a nuestra rueda fragmentos de la canción de nuestros vecinos: "¡Vení Raquel, vení con los muchachos!" Paulita sacó del otro bolsillo la peluca tatobores y se la puso. Quedó otra vez de payasita.
¿Cómo anda Larry? Recuento: Butiche de palo. Gloria, ¿por qué no vas de una corridita a Casa Las Guindas a comprar fruta abrillantada?
-¡Qué hermosa época!- dijo Paulita. El tono y la mirada eran neutros: tenía su buena carga de cerveza en las venas.
-Sí- confirmé, mirando alrededor -. Está fresquito. Lindo, ¿no?
-Hay una tarde... - continuó Paulita -. Si mi memoria es una plancha de telgopor, este recuerdo es la más hermosa de las mariposas ubicada en un sitio preferencial de mi mariposario... Estoy en el altillo de casa. Hay mucho sol y desde que dejé de ser niña (hace poco), colgué una hamaca, y duermo ahí. Es mi lugar. Algo me llama la atención de esos libros que me regaló mi tía Nicha. Verónica se llama el personaje. "Verónica al timón", es uno de los títulos: "La víspera había sacado de la valija el pantalón y el jersey que constituían su uniforme marinero. Se los puso con placer y se ató los cordones de las zapatillas de tenis". Ahora soy adulta y duermo con mi marido, pero hace unos días volví al altillo a buscar el certificado de nacimiento y revolviendo papeles viejos tropecé con esos libros. Me quedé toda la tarde, abrigada por el solcito que entraba por la ventana. Me estremecía de dicha... fui Verónica en el campamento náutico Las Gaviotas, en el mar y arenas del Mediterráneo. Fui Verónica desde que estaba en el orfanato...
No sabía que Paulita era huérfana. Iba a decirle: Perdón, nunca supe que vos... Justo a tiempo, Butiche ejerció una suave presión en mi brazo. Me dijo al oído:
-Está hablando del personaje. Verónica Vayssiere. Colección Iridium.
Ah.
Paulita seguía hablando.
-... adoptó el señor Vayssiere...
Butiche me guiñó un ojo. Sí, ya entendí, varón. Obvio que se refería al personaje, Paulita no es Paulita Vayssiere, es Paulita Barrante.
-... sola y desamparada, no la quieren. Pero a mí me gusta que sea así. ¿Alguien puede explicarme esto? ¿Qué me pasa con estos libros? Los leo y siento un escalofrío parecido al que me da cuando los jugadores de fútbol se abrazan después de un gol... Cómo quisiera que estemos ahí, en el campamento náutico, viviendo en comunidad, compartiendo la riqueza que significa una sopa caliente, el fuego de unos tronquitos en el hogar...
Empezó a gesticular con las manos.
-... todos bajo un mismo techo, sin urgencia ni obligaciones. Imagino una cabaña de madera, un salón amplio. Leer esos libros es... navegar en un velero...
Miré de reojo hacia el quincho, pensé en Arnaldo.
-... Es esperar al hombre que todavía no aparece...
Miré de reojo hacia el baño, pensé en la gorda Ravirolta.
-... es amar a la mujer que no está...
A la flauta traversa. No miré a ningún lado.
-... ¡Por Dios! Qué sentimiento extraño, inexplicable...
Hace tiempo que necesito decir estas cosas... ¿Ustedes me entienden, no?... ¡Cómo me van a entender! Si me golpetea acá adentro, enloquecido, desordenado... quiere salir y yo... no puedo. Perdoname, anhelo fuerte que estás dentro mío, amorosamente engendrado, y yo tan incapaz de intentar un pujo siquiera.
Paulita dejó de gesticular. Nos miró, uno por uno, y sin esperar nada, agarró la lata de cerveza que acunaba entre las piernas y tomó un trago. Se le escapó un eructo, soltó una risita de contrición.
Lo bueno de estar borracho, es que no hay que hacer ningún esfuerzo para pensar lo que va a decirse ni hacerse.
-Cuando tenía once años- dijo Paulita -, yo estaba segura que podía tocar la luna con las manos.
Te queda hermosa la nariz de payaso.
-¿Y ahora?- le preguntó Mia -, ¿qué pensás?
Alzó los hombros, los bajó, puso las palmas de las manos hacia arriba.
-Ahora- dijo ella -, pienso lo mismo.

Tags: Literatura, Novela.

Comentarios
Publicado por Olivia07
miércoles, 10 de octubre de 2007 | 14:06
desquiciadoEstimado: esos apellidos me suenan familiares, digo, ¿no se le vendrà un juicio por difamaciòn e injurias?Sonrisa Gigante
Publicado por JorgeSagrera
miércoles, 10 de octubre de 2007 | 15:44
¡No diga éso, Olivia!... Otro juicio no: ya no me queda. Además, en la alcancía, tengo 5 euros y dos peniques.