Había una planta de ají chiquito. Esos bravos para el paladar. Estaba en una maceta chica. La planta comenzó a desplegarse. Bien. Al tiempo los gajos, las hojas y los frutos comenzaron a ponerse mustios.
Al tiempo, una semilla llegó, sólo Dios sabe cómo, a tierra amplia. Hoy es una planta, una hija, muy vigorosa.
Su mamá murió.
¿Pasará igual con las almas? ¿Sufrirán algún tipo de prisión en macetas chicas?
Tendía que haberse dado cuenta que la planta necesitaba una maceta más grande....
No, Licenciado, no, las almas van creciendo junto con sus macetas......
Saludos Olivia