En la Lectura de la profecía de Jonás (4, 1-11n) se produce un pintoresco diálogo entre Dios y Jonás:
[...] Entonces el Señor hizo crecer allí una planta de ricino, que se levantó por encima de Jonás para darle sombra y librarlo de su disgusto. Jonás se puso muy contento al ver esa planta. Pero al amanecer del día siguiente, Dios hizo que un gusano picara el ricino y este se secó. Cuando salió el sol, Dios hizo soplar un sofocante viento del este.El sol golpeó la cabeza de Jonás, y este se sintió desvanecer. Entonces se deseó la muerte, diciendo:
«Prefiero morir antes que seguir viviendo.»
Dios le dijo a Jonás:
«¿Te parece que tienes razón de enojarte por ese ricino?»
Y él respondió:
«Sí, tengo razón para estar enojado hasta la muerte.» [...]