EL TALÓN DE ESAÚ
(novela por entregas. Cap. 27/33)
Jorge Luis Sagrera
VEINTISIETE
El teléfono sonaba.
Momentito, Negro, que la están peinando. Un toque de crema de enjuague y su pelo quedará. ¿A ver qué tenemos hoy?: Rosa Mosqueta. Seguía Sonando.
Rings cortos, uno tras otro. ¡Ya voy! Por la frecuencia y duración de los rings uno puede prever el estado de ánimo de la persona que llama. ¿De la persona que ama? El teléfono dejó de sonar.
Paro cardíaco. Ahora una buena secada. "Usted merece suavidad en su cuerpo: Toallas Palette". Sí, suave. Suave es, pero cuando es nueva no seca un carachio. "Usted merece humedad en su cuerpo: Toallas Palculitte".El teléfono otra vez.
Rings nerviosos. Irritables. Excitables. Sensibles. Fuertes. Enérgicos. Vigorosos. Salí corriendo del baño con una pierna puesta. Una pierna del pantalón. Alpargatas en una mano. Remera en la otra. Dejé la remera en el respaldo del sillón de mimbre. Levanté el tubo y lo aseguré entre la oreja y el hombro. Tenía la alpargata derecha en la mano, la izquierda la acomodé en un estante de la repisa, entre unas revistas Disdascalia y la Guía Telefónica.
Del extremo de la línea una voz se adelantó:
-Hola- dijo.
-Mnñf- dije. Intentaba calzarme la alpargata derecha.
-¿Arenz?- dijo la voz. Parecía una voz quebrada.
-El mismo que viste y calza- dije -. ¿Quién anda por ahí?
-Mia...
-Mia... Mia... la ubico. ¿Cómo anda todo por aquellos wines?
La alpargata derecha quedó lista. Alpargata afeitada, sin bigotes: nueva. El turno de la izquierda. Tironeé: estaba atascada. Puje, puje, puje.
-¿Arenz?... ¿qué pasa?- dije.
-Lo que pasa, señorita, es que una chancleta se niega a nacer.
Mundo cruel. ¿Llora?, buenos pulmones.
Mia lloraba.
-¿Qué pasa?- dije.
-¿No sabés?...
-¿Qué cosa?
-Pensé que te habían avisado...
-Hace un rato tocaron timbre, pero me estaba bañando.
-Es terrible...
¡Dios! Se vino abajo, con tarugos y todo.
-... Qué fue ese ruido- dijo Mia.
-Se me vino encima una repisita que hay acá... Sí, te escucho.
" A Butiche..." comenzó a decir, después fue bajando la voz. "Estuvo tirado en la vereda, nadie lo". Un hilo de voz, "tres dedos amputados", como un hilo de agua que surge desde la profundidad de la montaña. "Ahora está en la clínica".
Sentí pánico. Casi el mismo que aquel día... tenía nueve años y mi mamá en cama, tiritaba. Era la madrugada. Me pidió que encendiera la estufa a querosén. Abrí la caja de fósforos. Sentí pánico frente al último fósforo de la caja. Frente al último fósforo de la casa.
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