lunes, 22 de octubre de 2007
Publicado por Desconocido @ 8:13
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La amiga de la madre de Uma Thurman (II)



Por: Jorge L. Sagrera.



En la nota anterior conversábamos sobre Uma Thurman y su belleza ¿Recuerda? Ah... no ha leído la nota. Eso me entristece mucho, si desea saberlo (Disculpe, estoy releyendo El guardián en el centeno y hablo como Holden Caulfield).

Sintéticamente, aquella vez (no hace tanto: el mes pasado) decíamos que, la chica Tarantino, vivió un incidente que la dejó marcada para toda la vida: cuando tenía diez años, una amiga de su madre le tocó la nariz y le dijo que no le vendría nada mal una cirugía estética. A partir de ese momento, la protagonista de Kill Bill, que se pone nerviosa cuando se le habla de sus rasgos físicos, asegura que no se ve linda y que siempre se sintió un patito feo

Cavilábamos, entonces, cómo, una circunstancia de este tipo, puede dejar profundas huellas que, tal vez, modifiquen nuestra marcha por la vida, otorgándonos un caracter reconcentrado, replegado, ensimismado. Al final de la nota, sugeríamos a todas las madres mantuvieran alejadas a sus amigas de sus hijos pequeños (qué problema con los sus).

Ahora bien, por más que se esfuerce, el árbol no puede reponer la rama amputada en el invierno. Dicho de otro modo: las muertes se aceptan o se se rechazan. Si se aceptan, nos redimen, nos fortalecen, nos hace ser humanos. Por el contrario, si rechazamos la muerte (cualquier tipo de muerte), evitamos un acontecimiento necesario para conformarnos como personas.

En la revista Viva del 9 de abril del 2006, hay una entrevista a Juan Rulfo. En uno de su párrafos dice: "Al muchacho este del cuento que te estoy contando (Rulfo se refiere a él mismo) lo salvó la campana en aquella ocasión. Se le murieron sus papás. Casi los dos al mismo tiempo. Y lo dejaron pobre. Eso fue lo que lo salvó. Porque si lo hubieran dejado rico [...] ahorita sería uno de esos tipo borrachos que andan en coche por la calle atropellando a todo el mundo. O ya se hubiera muerto, fastidiado de la vida [...] Pero Dios sabe lo que hace con sus criaturas".

Esta declaración de Páramo nos mueve a modificar la máxima con que cerrábamos la nota anterior, ahorita diríamos: "¡Madre... no alejes a tu amiga de tus hijos pequeños!"; o, si se quiere, una más estacional: "Madre: no le evites ningún invierno a tu hijo".


sagreravilla@redsp.com.ar

Tags: Opinión, Reflexión, Patito Feo.

Comentarios
Publicado por Olivia07
lunes, 22 de octubre de 2007 | 16:05
"Por mas que se esfuerze, el árbol no puede reponer la rama amputada en el invierno" que bella frase, Licenciado, esteeee,¿ sigue viendo a Kung Fu? Saludos franciscanos. OLIVIA F R A N C E S C Angelito
Publicado por JorgeSagrera
lunes, 22 de octubre de 2007 | 17:33
Ejem. Debo confesar que la frase la copié de un envase de hamburguesas hechas de carne de elefante blanco. Eso es lo único oriental que he visto últimamente.