Jorge Sagrera Escritor/Lic. en Comunicación Social

martes, 23 de octubre de 2007

El talón de Esaú (Novela por entregas. Cap. 28/33)

EL TALÓN DE ESAÚ





(novela por entregas. Cap. 28/33)


Jorge Luis Sagrera





VEINTIOCHO



Una mucama frenó el carrito de la limpieza, echó Pinolux en un balde y se puso a lavar el piso.
-¿Te acordás del campamento que hicimos en "La Luisa"?
No esperé la respuesta. Seguro se acordaba: imposible olvidarse.
-Tengo la foto en la cómoda- dije.
Antes, cuando todavía estaba Rosarito, la tenía en la mesita de luz.
Butiche, Mia, Rosarito y Arenz, abrazados. Nos reímos. ¿De qué nos reímos? En el fondo, unos pinos azules. ¿Pinos azules? Sí, cómo no. Hay. Rojos también. Pinos rojos y a la noche unas estrellas brillantes y gordas.
-¿Sabés por qué no pueden fotografiarse las estrellas?
-No, no sé- dijo ella.
En "La Luisa" se nos reveló un hombre comunitario en armonía con la creación. Arenz abrazando a Butiche. Hay una estrella que titila obstinadamente. ¿Sí, sí!, te escucho. ¿Qué? ¿Qué es lo que querés decir? Una hoja de eucalipto: fragancia que te empuja por un barranco. Caés. Rodás. Pero no hay dolor, sí vértigo. "La Luisa". Una estocada. Un toque hondo. El estoque es retirado. Queda una herida en el costado (es extraño, la herida no sangra, al contrario: bebe de otras sangres). La punta del estoque llevaba "algo" que se mezcló con la sangre. "Algo" que es capaz de mover montañas. Quiero más. ¿No hay más? No, y nadie sabe por dónde hay que buscar. Nadie acierta el camino.
-¿Por qué?- dijo Mia.
-¿Qué?
-Las estrellas, por qué no se pueden fotografiar.
-No, no sé. Te pregunté por si vos sabías... Antes, a la foto, la tenía en la mesita de luz. Cuando me sentía solo, la miraba un ratito y volvía enseguida a "La Luisa".
Con Butiche Vamos a la cabeza del grupo. Caminamos por un campo arado. Es una delicia enterrar los pies en la tierra blanda, igual que caminar sobre un chocolate Aero.
"De sol a sol, labrando tierra tendrás tu pan,
todos los ríos van al mar, pero éste nunca se llenará..."

Terrones de tierra pasan cerca de nuestras cabezas. Algunos compañeros no entienden por qué cantamos, por qué estamos tan felices. Es por esto y por esto, decimos. ¿Qué?, dicen ellos. Es por esto y por esto, repetimos. ¿Qué? dicen ellos: ¿piden sal?
"Sé que en algún lugar alguien me espera hoy,
sé que ahora tengo yo, alguien a quien buscar,
y no es quizá, que ahora sé mirar..."

-La foto es como el ombligo- dije -. La miro para recordarme quién soy. La necesito para recordarme de qué hilo tengo que tirar.
-¿En esa foto está Rosarito, no?
-Sí.
-Pero ahora Rosarito no está más.
-No, no está.
-Pensaba mucho Rosarito.
-Y hacía lo que pensaba.
-A Don Quepis no le gustaba... El mismo día que Butiche me avisó, saqué la foto de la mesita de luz y la coloqué sobre la cómoda.
Rosarito no está más, pero puedo volver: en la foto aún quedamos tres. No me castigues, no me cierres los ojos, como a Moisés, a metros de la Tierra Prometida. Hombre débil soy y de pocos años, demasiado pequeño para conocer el juicio y las leyes.
Mia se levantó y fue hasta la habitación donde estaba Butiche. Abrió apenas la puerta. Se quedó un momento mirando, a Butiche o la mano vendada. Vendar dedos que no están. Arrimó despacio la puerta y regresó a mi lado.
-¿Sigue dormido?
-Creo que sí.
-¿No tendría que haber despertado?
-Dijeron que iba a dormir unas horas.
-Claro, el sedante... En la foto Butiche se está riendo... Ríe como un chico que corre por una pendiente con los brazos abiertos.
-¿Volverá a sonreír así?
Los tipos sabían lo que estaban haciendo. "Los dedos te los Vamos a ir devolviendo de a uno por vez. Somos buenos, no ignoramos que, esos tres dedos, los necesitás para distribuir el Cuerpo de Cristo y para bendecir a la gente".
No sé- dije -. A lo mejor ninguno vuelve a sonreír igual.
Pensé en la foto. Pensé en la conveniencia de cambiarla de lugar.
-Miro hacia atrás- dije - y no encuentro nada... Rosarito ya no está. Quizá Butiche no vuelva a sonreír igual... Sos la única que puede reconciliarme conmigo mismo... Por favor, no te salgas de la foto...
Me abrazó fuerte. Lloraba. Yo también lloraba.
-Vos tampoco... - dijo ella - vos tampoco me dejes sola.
Sólo una vez la dejé sola, fue hace quince años. Estaba seguro de que José iba a lastimarla y no podía hacer nada para evitarlo. Intenté decírselo, pero no pude: yo también lloraba.

Tags: Literatura, Novela por entregas, Folletín.

Comentarios

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  • Fecha: martes, 23 de octubre de 2007
  •  | 
  • Hora: 14:21

Autor: Olivia07

ChicaLicenciado, me encanta la novela, pero estoy extrañando un personaje:¿que fué de la vida de la Hna.Julia?Por favor, si la quitò del camino a solo 5 caps. del final,cuenteme que es de su vida. ¿que tuvo? seguro que una nena.locoSonrisa GiganteChica

  • Fecha: martes, 23 de octubre de 2007
  •  | 
  • Hora: 17:14

Autor: JorgeSagrera

Todos estrañamos a Julia (lindo título para un cuento). Y en cuanto a qué tuvo, macho o hembra, no podemos revelar esa información: es secreto de saumerio.