Jorge Sagrera Escritor/Lic. en Comunicación Social

miércoles, 24 de octubre de 2007

Albert Camús (El dolor del hombre por el silencio Dios)

Albert Camús (El dolor del hombre por el silencio Dios)



Fragmentos de La peste



El sufrimiento profundo que experimentaban era el de todos los prisioneros y el de todos los exiliados, el sufrimiento de vivir con un recuerdo inútil.

Joseph Grand (empleaducho oficial) buscaba las palabras para hablar, las encontraba casi siempre como si hubiera pensado mucho tiempo lo que estaba diciendo.

Y referido a su mujer bella, que lo abandonó, dice: "... yo hubiese debido encontrar las palabras que la hubieran hecho detener, pero no pude". (pág.50)

... y es que nada es menos espectacular que una peste, y por su duración mínima las grandes desgracias son monótonas. (pág. 114)

... el hábito de la desesperación es peor que la desesperación misma (pág. 115)

Dice Tarrou:
-A mi edad es uno sincero forzozamente. Mentir cansa mucho. (pág.130)

...Pero Rieux se enderezó y dijo (a Rambert) con voz firme que éso era estúpido y que no era en modo alguno vergonzozo la felicidad.
-Sí -dijo Rambert-, puede uno tener vergüenza de ser el único feliz.
(pág.130)

La prueba más cruel es siempre beneficiosa para el cristianismo. Y justamente lo que el cristiano debe procurar es encontrar su beneficio y saber de qué está hecho ese beneficio, y cuá es el medio de encontrarlo.

Hubiera podido decir (sermón del padre Paneloux) que la eternidad de delicias que esperaba al niño le compensaría el sufrimiento... ¿quién podría afirmar que una eternidad de dicha puede compensar un instante de dolor humano? (pág. 139)

La virtud de aceptación (del dolor) no debía ser comprendido... como resignación, o como humildad. Se trataba de humillación, pero que el sufrimiento de un niño es humillante para la mente y el corazón, pero precisamente hay que pasar por ello.
... El sufrimiento de los niños es nuestro pan amargo, pero sin ese pan nuestras almas perecerían de alma espiritual (pág. 140)

Pero a fuerza de esperar se acaba por no esperar nada, y nuestra ciudad entera llegó a vivir sin esperar (pág.160)

Así, aunque durante meses con una oscura tenacidad, a pesar de la prisión y el exilio, habían perseverado en la espera, la primera esperanza bastó para destruir lo que el miedo y la desesperanza no habían podido atacar. Se precipitaron como locos pretendiendo adelantarse a la peste, incapaces de ir a su paso hasta el último momento (pág.167)


-Sabe usted, doctor -dijo Rambert-, he pensado mucho en su organización. Si no estoy ya con ustedes, es porque tengo mis motivos. Por lo demás yo creo que sirvo para algo: hice la guerra de España.
-¿De qué lado? - dijo Rieux.
-Del lado de los vencidos. Pero después he reflexionado.
-¿Sobre qué? -dijo Tarrou.
-Sobre el valor. Bien sé que el hombre es capaz de acciones grandes, pero si no es capaz de un gran sentimiento no me interesa.
-Parece ser que es capaz de todo.
-No, es incapaz de sufrir o de ser feliz largo tiempo. Por lo tanto no es capaz de nada que valga la pena.
Ramber miró a los dos.
-Dígame, Tarrou ¿usted es capaz de morir por un amor?
-No sé, pero me parece que no, por el momento.
-Ya lo ve. Y es usted capaz de morir por una idea, ésto está claro. Bueno: estoy harto de la gente que muere por una idea. Yo no creo en el heroísmo: sé que es muy fácil, y he llegado a convencerme de que en el fondo es criminal. Lo que me interesa es que uno viva y muera por lo que ama (pág. 104)
... en el fondo lo acogían todo con esa indiferencia distraída que se supone en los combatientes de las grandes guerras, agotados por el esfuerzo, pendientes sólo de no desfallecer en su deber cotidiano, sin esperar ni la operación decisiva ni el día del armisticio (pág. 118)

Tags: Literatura, La peste, A. Camús, Puntadas en el alma.

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