EL TALÓN DE ESAÚ
(novela por entregas. Cap. 30/33)
Jorge Luis Sagrera
TREINTA
Bajé sentado en el pasamanos de la escalera, atravesé un corredor largo con consultorios a los lados y desemboqué en la sala de recepción. Mia conversaba con un oficial de policía. El oficial juntó los talones, hizo la venia y salió.
-¿Averiguaron algo?- pregunté.
-Dijo que están haciendo todo lo posible.
No le puedo contestar esa pregunta: es secreto de sumario. Disculpe las molestias, estamos trabajando para usted. Nuestro equipo es protagonista. Vamos a hacer todo lo posible para ganar. Feliz Navidad y próspero Año Nuevo. Yo soy católico militante. Gracias por ser como sos. Ahí andamos, tirando para no aflojar. El día de la madre son todos los días. La felicidad está en las pequeñas cosas. Un saludo a todos los que me conocen. Construyamos la civilización del amor. Es un sueño que se hizo realidad. Decir amén, comer vidrio y decir amén.
-Te acompaño hasta tu casa- dije.
Caminamos por calle Salta. La lluvia de la tarde todavía estaba en los cordones.
Desagüe pluvial, dos puntos, curro municipal. Los azahares caídos se repartían entre la vereda y el agua estancada. Los del agua estancada comenzaban a ponerse marrones.
Cansados: podridos.
Llegamos.
-No tengo ganas de estar sola- dijo Mia -. Tampoco tengo ganas de estar en casa.
-En séptimo grado viajamos a Santa Rosa de Calamuchita. Cuando volví a casa extrañaba tanto el lugar, la vida compartida, que para mitigar la nostalgia dormí una semana entera.
Conseguí arrebatarle una sonrisa.
-¿No comiste durante una semana?
Abrí grande los ojos: un loquito.
-No. No comí. Te lo juro, si miento que Arnaldo se cague encima.
-En este mismo momento debe tener retorcijones.
Otra sonrisa.
-Te invito un café- dijo.
-Necesito darme un duchazo... Me pego un baño y vuelvo.
Chau. Chau. Un baño y vuelvo. Volver. El bisabuelo Arenzbourg no pudo volver a Alemania. Si hasta perdió el bourg en el viaje hacia la Argentina. No pudo volver al bourg de Arenz. Job, después de pasar por la picadora de carne, vivió feliz hasta la cuarta generación. ¡Oh!, no me había dado cuenta: soy la cuarta generación. Abuelito, dime tú, ¿seré yo el que tenga que restituir el bourg a Arenz? Darle sosiego al bisabuelo. Y a mí. Ese puede ser el gran tema: volver. ¿A dónde? Primero y principal: volver a casa, un refugio. No tengo. ¿No?, bueno, entonces volvamos a la calidez del útero materno. Volver a nacer. "¿Cómo un hombre puede nacer si ya es viejo? ¿Acaso puede entrar por segunda vez en el seno de su madre y volver a nacer?". Imposible. Sigamos pensando. Listo, ya está. Apostemos fuerte: "Te aseguro que el que no nace del Agua y del Espíritu no puede entrar en el Reino de Dios". ¡Ah! He ahí la clave. Facilísimo.
Entré a la casa parroquial. Se notaba la ausencia de Butiche. Es otro tipo de ausencia... como la de una cama matrimonial cuando, súbitamente, pasa a ocuparla uno solo. El peso espiritual tarde en irse. No sé, es extraño... Uno intuye a alguien, ponés la mano, tanteás, pero ahí no hay nadie.
Trepé por la escalera caracol.
La lluvia es Dios: aceitó los escalones. La habitación iluminada por la luz de mercurio de la calle. Abrí el bolso, saqué una camisa blanca y un calzoncillo.
El mejor calzoncillo. ¿Posibilidad de tiroteo? No pecho: no erección. Se supera con amor. Buenaass, deme un kilito de amor. No jefe, no tengo. ¿No tiene? Como tener, tengo; pero no lo vendo. Claro, el amor no se compra. El amor es como una plantita. hay que trabajar la tierrita, sacar los yuyitos, regarla. Me recosté un momento en la cama. La Virgen de Schoenstatt me miraba.
Sos linda. Quisiera decirte algo. Butiche dijo que eras milagrosa. Pedirte algo, ¿pero qué? Si te pido sin fe, ¿igual lo tenés en cuenta? Ni siquiera me atrevo a tus ojos. Si al menos vos pudieras mirarme, siempre. Tus brazos una cuna. Mi corazón peregrino no descansa. Aunque yo tenga ganas de seguir encharcándome, no me sueltes de la mano.
Sueño. Veo a dos hombres de pie. Los estudio de lejos. Al acercarme compruebo que soy uno de ellos. El otro dice:
-Sos el huevo de una nueva generación- y deposita algo en mis manos, que tiene el aspecto de una larva -. Esto es una gran cascarón- dice, señalando el firmamento, abarcando toda la tierra con sus brazos abiertos -, por eso se hace tan difícil ver, acertar el camino.
La larva está inquieta, me produce rechazo; sin embargo, necesito saber qué nacerá de ella.Tags: Literatura, Novela por entregas, Útimos capítulos.