viernes, 26 de octubre de 2007
Publicado por Desconocido @ 9:12
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Charles Péguy (Poesía para leer sin pensar en la factura del teléfono que vence mañana)


El día hace ruido a la noche.
De otro modo ella dormiría.
Y la soledad, y el silencio de la noche es tan bella y tan grande
Que rodea, que cerca, que sepulta los días mismos.
Que hace una orla augusta a las agitaciones de los días.
Los niños tienen razón, mi pequeña Esperanza tiene razón.
Todas las noches juntas
Se reúnen, se unen como una bella ronda, como una bella danza.
De noches que se tienen de la mano y los flacos días
No hacen sino una procesión que no se tiene de la mano.
Los niños tienen razón, mi pequeña Esperanza tiene razón.
Las noches todas juntas
Se reúne, se unen por encima de los bordes de los días, se tienden la mano
Por encima de los días, hacen una cadena y más que una cadena, Una ronda, una danza, las noches se toman de la mano
Por encima del día, de la mañana a la tarde
Del borde de la mañana al de la tarde, inclinándose la una hacia la otra.
La que desciende del día precedente se inclina hacia atrás
La que sube
Del día siguiente
Se inclina hacia delante
Y las dos se unen, unen sus manos. Unen su silencio y su sombra
Y su piedad y su augusta soledad
Por encima de los bordes difíciles
Por encima de los bordes del laborioso día.
Y todas juntas, así teniéndose de la mano,
Desbordando por encima de los bordes, los puños enlazados
A los puños todas las noches la una tras la otra
Juntas forman la noche y los días el uno tras el otro
Juntos no forman el día. Porque ellos no son nunca sino flacos días
Que no se dan la mano. Y así como la vida
Terrestre
En grande (por así decir) no es sino un paso entre los bordes
Una abertura entre la noche de antes y la noche de después
Un día
Entre la noche de tinieblas y la noche de luz
Así en pequeño cada día no es sino una obertura.
Un claro.
No sólo entre la noche de antes y la noche de después.
Entre los dos bordes.
Sino como los niños lo ven, como los niños lo sienten, y mi joven Esperanza, como los niños lo saben,
En la noche, en una sola y misma.
En la sola y misma noche
Donde de nuevo se empapa el ser.
En pleno en la noche.
La noche es continua, donde se empapa el ser, la noche hace un largo tejido continuo,
Un tejido continuo sin fin donde los días no son sino claros.
No se abren sino como claros.
Es decir como agujeros, en una tela en que hay claros.
En una tela, en un tejido calado.
La noche es mi gran muralla negra
Donde los días se abren sólo como ventanas
De una inquieta y de una vacilante
Y quizá de una falsa luz.
Donde los días no se abren sino como claros.
Donde los días no se abren sino como tragaluces.
Porque no hay que decir que la cadena de los tiempos
Sería una cadena sin fin
En que la malla sigue a la malla, en que el anillo sigue al anillo,
Donde los días y las noches se siguieran igualmente en una misma cadena.
Un anillo blanco, un anillo negro, la noche enganchando al día,
El día enganchando a la noche.
Pero no son en absoluto iguales, no tienen en absoluto la misma dignidad en esa cadena.
La noche es continua. La noche es el tejido
Del tiempo, la reserva de ser
Y el día no abre encima sino miserables ventanas y poternas.
El día rompe y el día no abre encima
Sino pobres claros
De sufrimiento. El día rompe y los días son como islas en el mar.
Como islas interrumpidas que interrumpen el mar.
Pero el mar es continuo y las islas se equivocan.
Así los días se equivocan e interrumpidos interrumpen la noche.
Pero por mas que hagan ellos mismos
Se bañan en la noche.
Como el mar es la reserva de agua así la noche es la reserva de ser.
Es el tiempo que me he reservado. Por mas que hagan todos esos días afiebrados.
Como en plena mar, en pleno en la noche se bañan en plena noche.
Están dispersos, están quebrados.
Los días son las Espórades y la noche es la plena mar
Por la que navegaba San Pablo
Y el borde que desciende de la noche hacia el día
Es siempre un borde que sube
Un borde abrupto y el borde que remonta del día hacia la noche
Es siempre un borde que desciende. En la plena noche.
Oh noche, mi mas bella invención, mi creación augusta entre todas.
Mi más bella criatura. Criatura de la más grande Esperanza.
Que das más materia a la Esperanza.
Que eres el instrumento, que eres la materia misma y la residencia de la Esperanza.
Y también, (y así), en el fondo criatura de la mas grande Caridad.
Porque tú acunas toda la creación
En un sueño reparador.
Como se acuesta a un niño en su camita,
Como su madre lo acuesta y como su madre lo envuelve
Y lo besa (ella no tiene miedo de despertarlo.
Duerme también).
Como su madre lo envuelve y ríe y lo besa en la frente
Divirtiéndose.
Y el también ríe, le ríe en respuesta durmiendo.
Así oh noche, madre de los ojos negros, madre universal,
Ya no solo madre de los niños (es tan fácil)
Sino madre de los mismos hombres y de las mujeres, lo que es tan difícil,
Tú, noche, acuestas y haces acostar a toda la creación
En un lecho de algunas horas.
(Esperando). En un lecho de algunas horas
Imagen, débil imagen, y promesa y previa realización del lecho de todas las horas.
Realización anticipada. Promesa mantenida de antemano
Esperando el lecho de todas las horas.
Donde yo, el Padre, acostaré a mi creación.
Oh noche tú eres la noche. Y todos esos días juntos
No son nunca el día, no son nunca sino los días.
Sembrados. Esos días no son nunca claridades.
Dudosas, y tú, la noche, tu eres mi gran luz sombría.
Me aplaudo de haber hecho la noche. Los días son islotes e islas
Que horadan y que rompen el mar.
Pero tienen que reposar en el mar profundo.
Se ven forzados.
Así vosotros os veréis forzados.
Tenéis que reposar en la profunda noche.
Y tú noche eres la mar profunda
Por la que navegaba San Pablo, ya no ese pequeño lago de Tiberíades.
Todos esos días no son nunca sino miembros
Desmembrados. Los días emergen, pero tienen que estar asentados en plena agua.
En la plena noche. Noche mi mas bella invención tú calmas, tu apaciguas, tu haces reposar
Los miembros doloridos
Dislocados por el trabajo del día.
Tú calmas, tú apaciguas, tú haces reposar
Los corazones doloridos
Los cuerpos magullados, los miembros magullados por la labor, los corazones magullados por la labor
Y por la pena y por la preocupación cotidiana.
Oh noche, oh hija mía la noche, la mas religiosa de mis hijas
La más piadosa.
De mis hijas, de mis criaturas la más en mis manos la más abandonada.
Tú me glorificas en el Sueño aún mas que tu Hermano el
Día me glorifica en el trabajo.
Porque el hombre en el trabajo no me glorifica sino por su trabajo.
Y en el sueño yo me glorifico a mí mismo por el abandono del hombre.
Y es más seguro, sé hacerme cargo mejor.
Noche tú eres para el hombre un alimento más alimenticio que el pan y que el vino.
Porque el que come y bebe, si no duerme, su alimento no le aprovecha.
Y se le agría, y le da vueltas sobre el corazón.
Pero si duerme el pan y el vino se le convierten en su carne y su sangre.
Para trabajar. Para orar. Para dormir.
Noche tú eres la única que cura las heridas.
Los corazones doloridos. Dislocados. Desmembrados.
Oh hija mía de los ojos negros, la única de mis hijas que eres, que puedes llamarte mi cómplice.
Que eres cómplice conmigo, porque tú y yo, yo por ti
Juntos hacemos caer al hombre en la trama de mis brazos
Y lo tomamos un poco de sorpresa.
Pero se le toma como se puede. Si alguien lo sabe, soy yo.
Noche tú eres una bella invención
De mi sabiduría.
Noche oh hija mía la Noche oh mi hija silenciosa
En el pozo de Rebeca, en el pozo de la Samaritana
Tú sacas el agua más profunda
En el pozo más profundo
Oh noche que acunas todas las criaturas
En un sueño reparador.
Oh noche que lavas todas las heridas
En la única agua fresca y en la única agua profunda
En el pozo de Rebeca extraída del pozo más profundo.
Amiga de los niños, amiga y hermana de la joven Esperanza
Oh noche que curas todas las heridas
En el pozo de la samaritana tú que extraes del pozo más profundo
La oración más profunda.
Oh noche, oh hija mía la noche, tú que sabes calarte, oh hija mía del bello manto.
Tú que viertes el reposo y el olvido. Tú que viertes el bálsamo, y el silencio, y la sombra
Oh noche mía estrellada yo te he creado la primera.
Tú que duermes, tú que sepultas ya en una Sombra eterna
A todas las criaturas
A la más inquieta, al cabalo fogoso, a la hormiga laboriosa,
Y al hombre ese monstruo de inquietud.
Noche que logras adormecer al hombre
Ese pozo de inquietud.
El solo más inquieto que toda mi creación junta.
Al hombre, ese pozo de inquietud.
Como adormeces al agua del pozo.
Oh noche mía de la gran túnica
Que tomas a los niños y a la joven Esperanza
En el pliegue de tu túnica
Pero los hombres no se abandonan.
Oh mi bella noche yo te he creado la primera.
Y casi antes que la primera
Silenciosa de los largos velos
Tú por quien desciende sobre la tierra un gusto anticipado
Tú que repartes con tus manos, tú que viertes sobre la tierra
Una primera paz
Precursora de la paz eterna.
Un primer reposo
Precursor del reposo eterno.
Un primer bálsamo, tan fresco, una primera bienaventuranza
Precursora de la bienaventuranza eterna.
Tú que apaciguas, tú que embalsamas, tú que consuelas.
Tú que vendas las heridas y los miembros magullados.
Tú que adormeces los corazones, tú que adormeces los cuerpos
Los corazones doloridos,
Extenuados,
Los miembros rotos, los riñones quebrados
De fatiga, de preocupaciones, de las inquietudes
Mortales,
De las penas,
Tú que viertes el bálsamo en las gargantas rasgadas de amargura
Tan fresco
Oh hija mía de gran corazón yo te he creado la primera
Casi antes que la primera, hija mía del seno inmenso
Y yo sabía bien lo que hacía.
Yo sabía quizá lo que hacía.
Tú que acuestas al niño en brazos de su madre
Al niño todo resplandeciente de una sombra de sueño
Riendo por dentro, todo él en secreto de confianza en su madre.
Y en mí,
Riendo secretamente en un pliegue de los labios serios
Tu que acuestas al niño todo henchido por dentro, desbordante de inocencia
Y de confianza
En brazos de su madre.
Tú que acostabas al niño Jesús todas las tardes
En brazos de la santísima e inmaculada.
Tú que eres la hermana tornera de la esperanza.
Oh hija mía entre todas la primera. Tú que aún logras,
Tú que logras a veces
Tú que acuestas al hombre en brazos de mi Providencia Maternal
Oh hija mía centelleante y sombría yo te saludo tú que reparas, tú que alimentas, tú que reposas
Oh silencio de la sombra
Un tal silencio reinaba antes de la creación de la inquietud.
Antes del comienzo del reino de la inquietud.
Un tal silencio reinará, pero un silencio de luz
Cuando toda esa inquietud haya sido consumada,
Cuando toda esa inquietud haya sido agotada.
Cuando ellos hayan sacado toda el agua del pozo.
Después de la consumación, después del agotamiento de toda esa inquietud
De hombre.
Así hija mía tú eres antigua y tú estas retrasada
Porque en ese reino de inquietud tú recuerdas, tú conmemoras, tú restableces casi,
Tú haces casi volver a empezar la Quietud anterior
Cuando mi espíritu planeaba sobre las aguas.
Pero también hija mía estrellada, hija mía del manto sobrio, tú estas adelantada, tú eres muy precoz.
Porque tú anuncias, porque tú representas, porque tú haces casi comenzar de antemano todas las tardes
Mi gran quietud de luz
Eterna.
Noche tú eres santa, Noche tú eres grande, Noche tú eres bella.
Noche del gran manto.
Noche yo te amo y te saludo y te glorifico y tu eres mi gran hija y mi criatura
Oh bella noche, noche del gran manto, hija mía del manto estrellado
Tú me recuerdas, a mí mismo tú me recuerdas, ese gran silencio que había
Antes que yo hubiese abierto las exclusas de ingratitud.
Y tú me anuncias, a mí mismo tú me anuncias ese gran silencio que habrá
Cuando las haya cerrado.
Oh dulce, oh grande, oh santa, oh bella noche, quizá la más santa de mis hijas, noche de la gran túnica, de la túnica estrellada
Tú me recuerdas ese gran silencio que había en el mundo
Antes del comienzo del reino del hombre.
Tú me anuncias ese gran silencio que habrá
Después del fin del reino del hombre, cuando habré vuelto a tomar mi cetro.
Y yo pienso en ello a veces de antemano, porque ese hombre hace en verdad mucho ruido.
Pero sobre todo, Noche, tú me recuerdas esa noche.
Y la recordaré eternamente.
La hora nona había sonado. Era en el país de mi pueblo de Israel.
Todo estaba consumado. Esa enorme aventura.
Desde la hora sexta había habido tinieblas sobre el país, hasta la hora nona.
Todo estaba consumado. No hablemos más de ello. Me hace daño.
Ese increíble descenso de mi Hijo entre los hombres.
En casa de los hombres.
Para lo que ellos han hecho de él.
Esos treinta años que fue carpintero entre los hombres.
Esos treinta años que fue una especie de predicador entre los hombres.
Un sacerdote.
Esos tres días en que fue una víctima entre los hombres.
En medio de los hombres.
Esas tres noches en que fue un muerto entre los hombres.
En medio de los hombres muertos.
Esos siglos y esos siglos en que es una hostia entre los hombres
Todo estaba consumado, esa increíble aventura
Por la que, yo, Dios, tengo los brazos atados para mi eternidad.
Esa aventura por la que mi Hijo me ha atado los brazos.
Atado para siempre los brazos de mí justicia, desatado para siempre los brazos de mi misericordia.
Y contra mi justicia inventando hasta una justicia.
Una justicia de amor. Una justicia de Esperanza. Todo estaba consumado.
Lo que debía ser. Como debía haber sido. Como mis profetas lo habían anunciado. El velo del templo se había rasgado en dos, desde arriba hasta abajo.
La tierra había temblado; las rocas se habían quebrado.
Los sepulcros se habían abierto, y muchos cuerpos de los santos que habían muerto habían resucitado.
Y hacia la hora nona mi hijo había lanzado
El grito que ya no se extinguirá. Todo estaba consumado.
Los soldados habían vuelto a sus cuarteles
Riendo y bromeando porque era un servicio concluido.
Un turno de guardia que ya no harían más.
Sólo permanecía un centurión, y algunos hombres
Un mínimo destacamento para cuidar ese cadalso sin importancia.
El patíbulo del que pendía mi Hijo.
Sólo se habían quedado algunas mujeres.
La Madre estaba allí.
Y quizá también algunos discípulos, y aun de eso no se está muy seguro.
Pero todo hombre tiene derecho a sepultar a su hijo.
Todo hombre en la tierra, si tiene esa desdicha
De no haber muerto antes que su hijo. Y sólo yo, Dios,
Atados los brazos por esa aventura,
Sólo yo en ese minuto padre después de tantos padres,
Sólo yo no podía sepultar a mi hijo.
Entonces, oh noche, viniste tú.
Oh hija mía querida entre todas y lo veo todavía y lo veré en toda mi eternidad
Entonces oh noche viniste tú y en un gran sudario sepultaste
Al centurión y a los hombres romanos,
A la Virgen y a las santas mujeres,
Y a esa montaña, y ese valle, sobre el que la tarde descendía,
Y a mi pueblo de Israel y a los pecadores y juntamente al que moría, al que había muerto por ellos
Y a los hombres de José de Arimatea que se acercaban ya
Llevando el sudario blanco

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Comentarios
Publicado por Olivia07
viernes, 26 de octubre de 2007 | 20:27
Licenciado , no es por dudar de tan digno escritor o que tenga dudas sobre como se encuentre Ud, en estos momentos, pero por las dudas ya he avisado a su familia, saludos uruguashosChicaChica(AGUANTEME LA NOVELA QUE TENGO QUE ESTUDIAR!!!)