Jorge Sagrera Escritor/Lic. en Comunicación Social

miércoles, 31 de octubre de 2007

Entrevista a un veterano de la guerra de Malvinas.

Entrevista a Domingo Ancharek, veterano de la guerra de Malvinas.



Realizada por Jorge Sagrera.



Jorge Sagrera: Cuándo desembarcaste en las Islas.
Domingo Ancharek: A mí, me toca desembarcar el martes 13 de abril. A la mañana.
JS: Cuál fue tu destino.
DA: Nos llevaron en avión, bajamos en el aeropuerto, destino a un km. de la ciudad, detrás de una colina.
JS: Cuántos eran en la posición
DA: La posición de mortero se compone: mortero, apuntador, cargador -que era yo- y abastecedores. Y un Jefe de grupo reemplazante, que reemplazaba al Sargento o al Cabo que está al mando, si es que cae en combate.
JS: La posición de ustedes, ¿estaba cerca de otras posiciones?
DA: La sección morteros se componía de cuatro morteros y estábamos cerca: 50 mts. más o menos. También estaba la posición del Teniente, que era el Jefe de grupo.
JS: En tu posición, ¿los chicos de dónde eran?
DA: La mayoría era de Capital y provincia.
JS: ¿Conocías a alguno?
DA: No, la amistad que hicimos fue en el Regimiento, en la Compañía Comando, ahí nos conocimos.
JS: Ah, ya se conocían del Servicio Militar.
DA: Claro, porque si te cambian de grupo no sirve.
JS: El primer día que llegan a ustedes le destinan la posición, pero esa posición había que hacerla...
DA: Los primeros días nos dieron el destino que estaba al sur, a un km. de la ciudad. Cubríamos una playa que estaba especial para el desembarco. Instalamos la carpa y empezamos a hacer las trincheras. El mortero va a un pozo. Hay que hacer trincheras para los abastecedores, caminos bajo tierra.
JS: ¿Era duro el piso?
DA: Y... el piso es complicado. Nosotros de entrada contentos: la primera punteada era toda tierra floja: tepe le llaman. Es como un gramilla con tierra. La sacábamos en panes, tipo césped. La segunda punteada salía arcilla y, en la tercera, aparecían rocas, piedras grandes. Tuvimos que cambiar la posición varias veces, por las rocas grandes que había.
JS: Cómo era un día en las Islas, cómo comenzaba.
DA: Nos levantábamos 7.30 u 8 de la mañana. Los primeros tiempos, normal. Acarreábamos proyectiles. Nos había llegado el armamento, acarrear el mortero. El cajón de proyectiles, que eran pesados.
JS: ¿De dónde traían los cajones?.
DA: Los camiones los dejaban a unos 400 o 500 mts. de la posición.
JS: El enemigo, ¿todavía no tiraba?.
DA: No, los primeros días no. Era todo trabajo pesado. Hacer la trinchera, cargar proyectiles y, después, vino la larga espera.
JS: Cuántos días pasaron hasta el primer combate.
DA: Desde el 13 de abril que pisé Malvinas, el primer bombardeo inglés fue el 1º de mayo. Estábamos reunidos para festejar el 1º de Mayo. Nos reunió el Jefe de grupo: tomábamos mates y ahí empezó el bombardeo inglés a los campos minados que estaban en la costa, al aeropuerto, a los radares.
JS: Cuando vos decís "larga espera", ¿a qué te referís?
DA: La espera fue... se comentaba que no iba a pasar nada. Que se iba a arreglar todo diplomáticamente. Estábamos contentos. No sentíamos el temor de morir... pero el 1º de Mayo cuando escuchamos los primeros bombardeos, dijimos: "Acá se armó y no para más".
JS: Volviendo un poquito atrás, a esta parte en que acarreaban proyectiles, tenían esa actividad, tenían el almuerzo...
DA: Sí, acarreábamos proyectiles; y bueno, la comida al mediodía y a la tardecita, antes que se ponga el sol. Primero íbamos con los cilindros a buscar comida a la ciudad.
JS: ¿Iban a pie?.
DA: Sí, estábamos cerquita: a un km. Llevábamos cuatro cilindros.
JS: Qué capacidad tienen.
DA: Y... unos 20 litros. Eran unos tachos de acero inoxidable, con manijas. Iba el Sargento y... nos turnábamos. No iba siempre el mismo. Nos tocaba un día cada uno, para que no hubiese problemas con las comidas.
JS: Por qué, problemas.
DA: Claro, porque si va siempre el mismo, por ahí sirve lo que quiere, se guarda lo más espeso para él. Después de un tiempo se vio de hacer, con un Sargento, ese sistema. Pero ya la ración era menos: nos daban una comida a las 9.30 de la mañana, nomás.
JS: A la tardecita no.
DA: A la tardecita no. Era un cucharón de agua con cuatro o cinco porotos, arroz, o lo que hubiere en el momento
JS: Cuándo empieza a racionarse...
DA: Y ahí... nosotros todavía no habíamos entrado en combate, pero en la isla sí. Donde desembarcaron los ingleses estaban en combate fuerte. Entonces racionaban la comida. Había mucha, porque después la vimos. Una semana comimos así... El Teniente no nos dejaba cazar ovejas o vacas... Claro, él tenía una vida aparte de la nuestra. Hasta que le dieron la orden de que no se mueva de la posición. Justo le tocó en la semana ésa de mala alimentación.... Se había arrimado a la playa una manada de vacas y dio la orden de que vayamos a cazar. Fuimos con un cabo de la compañía y varios soldados. Agarramos dos. Gracias a eso nos mantuvimos.
JS: La carnearon.
DA: Claro, con la poca comida que nos daban... La recibíamos a las 9.30 de la mañana, la guardábamos y después, yo era, del grupo dos de mortero, el cocinero, y fritaba carne con alguna cebolla que conseguíamos, o nabos, y mezclábamos todo eso con la comida que nos habían dado.
JS: ¿No apareció nadie diciendo: "me faltan dos vacas?".
DA: No, no (se ríe) nosotros nos reíamos, porque cuando el Teniente nos dio la orden: "Si ven vacas y ovejas que pasan de noche cerca de ustedes, cuando estén haciendo guardia, no tiren, no las maten". Y nosotros habíamos arreglado de gritar: "¡Alto, quién vive!" y pam... pam...
JS: Cuando comenzaron a racionarle la comida, ¿qué decían ustedes?.
DA: Y nosotros... el grupo se basaba no... vamos, hablamos al amanecer, al mediodía, llegaba la noche, rezábamos el rosario de las 7.30 a 8.30 o de 8 a 9 creo que era; y empezábamos a hacer guardia. Teníamos las posiciones: un soldado hacía en el mortero, después había una trinchera que habíamos hecho ahí: íbamos dos. Uno vigilaba la espalda del otro y bueno ahí se hablaba de la vida civil, de la comida, de lo que se hacía en el lugar de cada uno. Yo vengo de descendencia ucraniana-yugoeslava, y les contaba a mis compañeros la comida ucraniana que hacíamos, me decían: "Cómo vas a comer eso que es crudo". Después, al pasar el tiempo, eso que yo les decía estaba metido en el arroz.
JS: Le daban comida ucraniana...
DA: (se ríe) Claro, nosotros lo llamamos "kisto". Es una masa que se le hecha y se hierve con la sopa... y es llenador. En un momento de hambre llena enseguida. Igual que los "perojés". Tipo empanada con relleno de papa. Hervida... es una comida que, cuando hay hambre, comés dos o tres de ésas y listo.
JS: Cómo era el trato con los superiores, ¿cambiaron durante el tiempo?.
DA: Y... eso fue variado, según la mentalidad del oficial o suboficial que estaba a cargo. Nosotros teníamos al Sargento "R". Primero quiso poner firmeza, como en el Servicio Militar. Le dijimos que no, que acá éramos todos iguales.
JS: ¿Quién se animó a plantear eso?.
DA: No, entre todos. Lo agarrábamos en un día bueno... había una buena amistad. Tomábamos mate. Prácticamente, cuando habíamos terminado la posición, no hacíamos nada. Entonces era charla, jugar al truco. Entonces ahí ya no era "Mi Sargento" era "R". Tal es así que una vez nos tocó de rancheros a nosotros. Había locro. Y el Sargento agarra... ya habíamos tenido problemas con el otro. "El ranchero come si sobra, sino no", había dicho. El Sargento caminaba lerdo, nos tocó de noche. Fuimos a la ciudad, le hicimos una buena ventaja al Sargento... y le servíamos a todos... "Querés más", y le servíamos dos cucharones, tres cucharones y nos quedamos sin comer nosotros. Claro, teníamos la carne... la ración ésa de reserva. Cuando llegó el Sargento dice: "Sírvanme". "No", le dijimos, "usted dijo que el ranchero come si queda, y no quedó nada".
JS: ¿Le hicieron eso?.
DA: Se lo hicimos. Se quiso ofender, pero le dijimos: "Acá somos todos iguales". Nos pusimos a sacar agua de la posición, que se había inundado... y bueno pasó... fue un rato nomás... hicimos amistad de nuevo.
JS: Y...
DA: Del mortero uno y del cuatro los Sargentos bailaban a los soldados. No quisieron... no estaban mentalizados que estábamos en un guerra y que éramos todos iguales. Por una pequeña macana que se mandaban los bailaban.
JS: Cuando ustedes carnearon las vacas, ¿la compartieron con otras posiciones?.
DA: No, la compartimos con la Compañía A, del mismo Regimiento 3. Fuimos cuatro soldados de mortero: uno de cada grupo. Entonces, sí. Dividimos la carne entre los cuatro morteros, y hacía tanto frío... bah... frío normal, para esa época... hicimos un pozo, pusimos un tejido, pusimos la carne, un poncho arriba y la usábamos de heladera. No había moscas, no había microbios, no había nada. Para vivir ahí, en ese sentido es bueno, no te molestan los mosquitos, nada...
JS: En las noches, ¿se podía dormir bien?.
DA: Sí, en los sesenta y un días que yo estuve dormimos bien, bajo combate, que nos bombardeaban. En plena guerra, entre el 11 y el 14 de junio, nosotros nos metíamos, dormíamos y el responsable era el guardia.
JS: Obviamente se escuchaban los disparos...
DA: Sí, sí.
JS: ¿Te acostumbraste rápido a escuchar eso de fondo?.
DA: Sí, se escuchaba de fondo los barcos... "Pluc" (hace con la boca un ruido, como un estampido apagado) el ruidito lejos, diez u once km., y al ratito el silbido del proyectil al Saperheel.
JS: ¿Al qué?.
DA: Al cerro Saperheel, había un radar, lo descubrieron y le tiraban... le tiraron tantos proyectiles que parecía que el cerro se achicaba... Nosotros estábamos a un km. y medio. Empezaron a las 23. Ahí sí nos despertamos porque era muy cerca la explosión. Todos a las trincheras, hasta que dejaran de disparar: contamos cerca de ochenta y pico de proyectiles... Hasta que lo destruyeron.
JS: Le dieron.
DA: Sí, al principio los soldados hicieron un simulacro, como que le habían dado, prendiendo fuego la ropa de ellos, pero le siguieron tirando hasta que lo destruyeron.
JS: En pleno combate, ¿cómo era la actitud de los compañeros?, ¿había solidaridad?, ¿gestos egoístas?.
DA: Encontrás de todo. Por ejemplo en el miedo. El único que tenía miedo era el soldado "I", que nos habían agregado al grupo. Por ahí le tocaba guardia de noche y trataba de mantener despierto a alguno para charlar. Había otro que... prácticamente estábamos pasando hambre y le llegó una caja del supermercado donde trabajaba y... de todo... le vino de todo. Y lo compartía con el Sargento nomás. Con nosotros no. Vimos ahí la avaricia de este soldado. Después, más adelante, otro compañero alcanzó a robar de un barco: azúcar, chocolate, cigarrillos, café con leche en sobresitos, y eso lo compartió entre todos. Me lo dejó a cargo a mí, que era cocinero.
JS: Cómo era eso del barco...
DA: Y... del buque hospital. Cuando llegó llevó mucha comida y pidieron soldados acompañados por suboficiales para descargar y bueno... a mí y a otro compañero nos había tocado un descanso que consistía ir a la ciudad: estábamos todo un día y toda la noche, en un galpón. Le llamaban descanso porque, decían, íbamos a dormir calentitos y a comer un poco mejor... bueno, nosotros, en la posición teníamos estufa. Dormíamos bien... nos metíamos en la cama y a dormir... y bueno... ese soldado, con un cabo, fueron a ayudar a descargar y trajeron todo eso...
JS: Ustedes decían: "tenemos que hacer eso sino..." (interrumpe).
DA: Sí, sí.
JS: No te proveían...
DA: No, no. Me acuerdo bien un día que fuimos de rancheros. Llegamos donde nos daban la comida y había una piecita con manzanas y carne y no había guardia. No sé qué había pasado que no había guardia y... en una guerra uno agarra toda la chispa enseguida, se adapta a todo... Digo en voz baja: "Sargento". Me hace seña con la cabeza que me meta. Nos metimos con el otro compañero. Uno cargó manzanas, el otro carne y disparamos hacia la posición.
JS: ¿Dónde cargaron las cosas?.
DA: Ajustamos los cordones de la chaquetilla. Después otra vez caminando por una vereda, también habíamos ido a buscar el rancho, nos cruzamos con una quintita de verdura que tenían los kelpers... yo venía de trabajar en un quinta de verdura y conocía. Había unos nabos, que son parientes de los rabanitos, grandísimos. Le hago seña al Sargento... ¡adentro!. Agarré una montonada de nabos y me fui para la posición. Cuando llegué mis compañeros me dicen: "¡Qué vas a comer eso!". Les digo: "Ustedes déjenme a mí y van a ver cómo se los van a comer". Los corté todos en rodaja, los frité en la marmita, un platito que teníamos y se los devoraron... Ahí, muchos de la Capital, se dieron cuenta que, los de la provincia, nos damos mucha mañas para hacer comidas.
JS: Cuando vos mencionabas que tenían calefacción... cuál era la calefacción.
DA: La posición que teníamos bajo tierra se nos inundó toda: se nos mojaron los colchones las frazadas, lo único que teníamos seco era lo puesto. Era la 1.30 de la madrugada y el soldado "S" alcanzó a hacer un techito y prendió fuego, con madera seca que teníamos. Nos acobachamos todos ahí para no pasar frío, porque en la posición nos se podía estar. Al otro día fuimos a la ciudad a buscar chapas y encontramos un tacho de cobre. Tendría unos cincuenta o sesenta litros. Entonces le hicimos un boquete, un cañito con una chimenea y como había arcilla lo tapamos con arcilla y utilizábamos la turba, que es un cuadrado como un adoquín, todo de raíces: eso utilizábamos de carbón: era un espectáculo cómo quemaba.
JS: Esa era la calefacción de la posición...
DA: Esa era la calefacción que teníamos, más doce frazadas, que teníamos dos cada soldado y los colchones inflables. De noche prácticamente transpirábamos.
JS: Y en la posición qué espacio tenían, porque vos mencionás colchones...
DA: Son colchones inflables, deben tener 60 cm de ancho por 2 mts. de largo. La posición era bastante grande entrábamos siete soldados.
JS: ¿Eso lo hicieron cavando?
DA: Primero sí, bajo tierra. Después cavamos hasta la segunda capa de tierra, el tepe. Hicimos unas paredes como de 80 cm. con el tepe que era esponjoso y con un techo de chapa. Entrábamos arrodillados. Al techo de chapa le pusimos arriba los ponchos para que no se meta el agua. Un proyectil, si caía afuera, las esquirlas no penetraban por lo esponjoso que era el tepe.
JS: Parece que, todo el tiempo, ustedes buscaban la manera de subsistir diariamente: el tema del frío, la vivienda, la comida.
DA: Sí. También en esas idas a buscar chapas para hacer la posición, fuimos y nos metimos adentro de un gallinero. Estaba atrás de un galpón donde estaba la plana mayor del regimiento. Y ahí, si nos descubrían robando, nos estaqueaban. Bueno, estábamos adentro del gallinero. El Sargento agarra y me dice "Ancharek, quédese" Y yo la agarré en el aire. Bueno, había un cajón, que tenía una pequeña puerta y se metió una bataraza y un gallo. Haciéndome el tonto, como si estuviera buscando chapas y palos, me le arrimé al cajón, tiré el manotazo y agarré un cogote. Me lo metí adentro de la chaquetilla y salí. Cuando iba para la posición iba subiendo una colina y cuando emprendía la bajada me cruzo con un Capitán y un General. La reacción mía... lo primero, apenas los vi, fue atinar a atarme los borceguíes. Me agaché. No me vieron...
JS: Llevabas un bulto ahí.
DA: Claro llevaba la gallina.
JS: ¿Ya estaba muerta?
DA: No, viva la llevaba.
JS: ¿No te picoteaba?
DA: No, no (se ríe)... y cuando llegué a la posición hicimos un pozo y escondimos las plumas, la prueba del delito (se ríe)... Cuando estábamos hirviendo la gallina cae el Jefe de Regimiento con el Mayor y bueno... ahí me la vi medio complicada. El soldado avariento, que había recibido la caja con comida, lo primero que dijo fue: "Yo no soy el cocinero"...
JS: ¿Cómo?...
DA: Claro. Cuando vi que venían lo primero que atiné es salir de la posición, donde estaba el cilindro en el fuego, y cortarles la entrada. Me les presenté y el otro soldado se asustó: "Yo no soy cocinero". Y mira el Jefe de Regimiento y pregunta : "¿Tortafritas?". "Sí, mi General", digo. "Ah, está bien", dijo "¿Y el mortero?", miraba hacia el mortero. " Lo felicito, bien camuflado, los felicito, parece que no están pasando hambre" y se fue. No pidió tortafritas, sino... Y todo así, la chispa que uno agarra cuando uno se ve involucrado en alguna cosa.
JS: ¿Y a este compañero que dijo "Yo no soy cocinero", le dijiste algo?
DA: Le dije, que era un cobarde, "cómo vas a saltar si todavía no habían dicho nada".
JS: ¿Ese era conocido tuyo del Regimiento?
DA: Sí, era de Rafael Castillo. En este momento está trabajando en el grupo Giba de los militares.
JS: Ah... se quedó.
DA: Sí, lo que pasa que, cuando volvimos, no conseguíamos trabajo y le ofrecieron quedarse ahí.
JS: Y en combate, cómo era todo, sé que vos estabas en un mortero que tenía que tirar veintipico de proyectiles por minuto y tiraba cuatro.
DA: Eso nos tocó... era el lunes 14, a la madrugada. La una de la madrugada. Nos dan una orden que teníamos que tirar porque los ingleses estaban por tomar la ciudad. Nos levantamos, sacamos el mortero de la posición, porque se había llenado de agua otra vez, y lo pusimos a ras de tierra: Nos dieron las coordenadas, el apuntador lo puso a nivel, a los metros y empezamos a tirar. Los abastecedores nos trajeron los proyectiles argentinos uno o dos, pero el resto no los podían armar, porque en la parte de atrás lleva un cartucho, como de escopeta, y con la humedad se habían hinchado y nos los podíamos armar. Le doy la orden al cargador, que traigan los franceses que ya venían armados, había que sacarle el seguro cargar y tirar. Cuando tiramos el cuarto se prendió fuego adentro del cañón. Con el apuntador salimos corriendo, por miedo que nos explote. Ya nos habían contado un caso que había destruido un grupo. Apenas vimos la llamarada por la boca, salimos corriendo y cuerpo a tierra. Mientras buscamos el extractor, en cuatro morteros había un solo extractor, nosotros no veíamos por el humo. Cuando conseguimos el extractor, nos dieron orden de no tirar más. Al otro día, cuando amaneció, nos preguntábamos entre nosotros cuánto habíamos tirado. Más de siete proyectiles no tiró ninguno.
JS: ¿Fueron reemplazados esos morteros?
DA: No, no, porque eso fue el lunes a la una de la mañana que comenzamos a tirar y el lunes a las doce del mediodía vino la bandera blanca, que nos rendimos por completo.
JS: Ah... ya estamos en junio.
DA: Sí, en la última noche.
JS: Los usaron poco, menos mal, porque se quedaron sin armamento.
DA: Sí.
JS: ¿Recibiste alguna herida, alguno de tus compañeros fue herido?
DA: Sí, a mí me tocó vivirlo en un momento en que sustraíamos comida sin permiso y otras veces cambiamos por cigarrillos, porque en el grupo fumaba uno sólo y lo que sobraba lo cambiábamos por fideos, arroz... y nos tocó vivir... de ranchero estaba el mortero uno. Íbamos a comer tallarines: teníamos carne de vaca. Íbamos a comer bien, voy a buscar el cilindro al mortero uno, para hervir los fideos y lo invito al soldado "I". Ese soldado vivía en Libertad, partido de Merlo. Y lo voy a buscar y le insistí para que viniera con nosotros. Decía que no, porque el sargento se iba a enojar. Le pedí permiso al sargento, se lo dio y lo llevé para nuestro mortero. Cuando llegamos a la posición un See Harrier (avión inglés) venía del lado de la ciudad... bombardeó la sección antitanque... yo estaba adentro de la posición, salgo para ver qué pasaba, me paro delante de la posición y el soldado "I" al lado mío. A la antiaérea Argentina se le había quemado el radar, tuvieron que disparar a mano. Empezaron a disparar... estaba en una colina, sección antitanque en otra colina y la antiaérea le empezó a tirar al See Harrier que había pasado. Tiraban bajo. Las primeras detonaciones arriba de la sección antitanque y de ahí empezaron a bajar. Mis compañeros y yo, en el acto, detectamos el peligro. Yo me tiré adentro de la posición, cuando estaba esperando que pasara todo el tiroteo, escucho a "B", compañero mío, gritar: ¡"No, no"!... Un antiaérea la había pegado en el brazo al soldado "I", que yo había invitado a comer... le pegó a la altura del hombro, cayó desmayado. Al rato lo despertemos. Yo atiné a ir a una posición de primeros auxilios, trajimos la camilla. Nunca había vivido una cosa así, y bueno... tuve que hacer coraje. Cuando lo cargamos en la camilla... la piel le sostenía el brazo... le rompió los huesos. El teniente llamó a la ciudad, mandaron un Jeep. Lo cargamos, le hicieron un torniquete y le cortaron el brazo... me tocó vivir... siempre digo y pienso: lo llevé y me tenía que haber afectado, pero no me afectó en nada prácticamente en estar mal, sentirme mal... Después con los años, lo ubiqué donde estaba y fui hasta la casa... no está rencoroso, no se acordó ni nada, pero él sí está medio complicado mentalmente... tiene un solo hijo y le molesta, le molestan los ruidos...
JS: Cuando vos decís "Nosotros detectamos el peligro"... qué querías decir con eso.
DA: Porque las balas pegaban en la colina cada vez más bajo. Nosotros estábamos en el medio de los disparos... menos mal que "C", el apuntador, se tiró cuerpo tierra urgente, estaba en la misma línea que estaba "I", sino hubieran sido dos los caídos... También otra cosa... le damos gracias a Dios... aunque fue una desgracia, pero le damos gracias a Dios, porque la bala de la antiaérea si pega en una pared o un avión explota, en un hueso es blando... sino explota...
JS: Cuando vos hablabas de estaquear, cómo era eso... ustedes robaban para sobrevivir...
DA: Para sobrevivir y pasarla lo mejor posible... yo no recuerdo, no sé si fue por la gallina o por alguna otra macana que me había mandado, el teniente me dio la citación para la estaqueada dos días después.
JS: Ah... cómo era el tema ése...
DA: Empezaba una hora, desde la nueve de la noche hasta las diez. Un frío...
JS: ¿Te tocaba en ese horario?
DA: Sí, el que se portaba mal, o robaba era estaqueado... Bueno pasaron los dos días y me le presento. Mis compañeros me decían que lo dejara, que capaz que se había olvidado. Yo me le presento igual. Cuando llego a la posición había dos estaqueados, uno lloraba de frío... estaba atado, nada de estar tirado nomás en el suelo...
JS: ¿Estaban vestidos?
DA: Sí, sí. Camiseta, remera y chaquetilla, pantalón y borceguí. Bueno, me presenté al teniente y me la perdonó, porque era lo único mal que había hecho. En el Regimiento y ahí en Malvinas anduve bien y me la perdonó.
JS: Qué te dijo:
DA: No, me dijo así: "Se la perdono esta vez, porque anda bien", y me mandó a la posición. Yo, en ese momento no se cómo hubiera reaccionado en la estaqueada, pero yo venía acostumbrado al frío, desde los doce años trabajaba en quintas de verduras en Merlo y estaba acostumbrado a agarrar la lechuga, las acelgas, con heladas... por eso el frío, en Malvinas, mucho no me afectó. Había días en que andaba en remera. Había una zanja en la que yo me bañaba...
JS: Cómo es eso...
DA: Donde veía que salía el sol me metía en un pozo que habían hecho los Kelpers, habían ampliado el canal que estaba... iba y me bañaba... era como una playa.
JA: Qué tipo de agua era ésa.
DA: Agua dulce, venía de algún lado del cerro. Nos dieron orden de que no la tomáramos: nosotros la tomábamos igual. No tenía microbios, no tenía nada... Yo me bañaba ahí, lavaba la ropa...
JS: ¿Eras el único que se bañaba?
DA: Sí, sí, no los otros... hubo un soldado del mortero uno, ése no se bañó nunca, ni siquiera con agua caliente. Nosotros utilizábamos gasoil, el que tenía suerte conseguía kerosene. Teníamos latitas que usábamos de mecheros y nos alumbrábamos con eso.
JS: Qué querés decir con "sin teníamos suerte de conseguir kerosene"... ¿cambiarlo por otra cosa?
DA: Sí, o conseguir algún tambor donde hubiese kerosén...
JS: Volviendo al tema de la estaqueada, ¿por cuánto tiempo te dejaban? ¿Una hora, o podía ser más tiempo?
DA: No, una hora.
JS: Les afectaba físicamente, digo ¿no se enfermaban?
DA: No, no, porque fue... el primer día bajamos del avión... se nos paspaban los labios, se cuarteaban, hasta sangre nos salía, pero con el tiempo nos acostumbramos y ya... no había soldado resfriado en el grupo. Pienso que pondrían algo en la comida... la inyección que te ponen en la espalda en el Servicio Militar también...
JS: Y vos, al principio, cuando llegaron ¿tenías raciones de guerra?
DA: Sí, teníamos una ración de guerra... era una bolsita: una lata de carne, una tirita de pastillas de alcohol, unas galletitas Manón, caramelos y unas chucherías más. Ración de guerra la llamaban y la comimos en medio segundo, cuando empezamos a pasar hambre. Cuando el teniente, me acuerdo bien, era como las doce de la noche y lloviznaba, salió... en el frente era combate y combate, estábamos en plena guerra, y se le antojó preguntar por la ración fría: no la tenía nadie, todos nos la habíamos comido. Entonces nos agarró, dijo que nos pusiéramos el poncho, el armamento y el casco. Nos hizo recorrer los puestos de guardia y después nos hizo sentar una hora bajo la llovizna.
JS: Ustedes charlaban si así se podía ganar una guerra.
DA: No, no charlábamos eso... vivíamos hablando de comidas... pero no nos rebelamos nunca... lo único sí, cuando vimos que el armamento no servía en una práctica... en el grupo mortero dos había cuatro fusiles FAL y pistolas ametralladora PAM que no servían. Nos llevaron a una práctica y las balas entraban cruzadas...
JS: ¿Ahí mismo, en las islas, eran las prácticas?
DA: Sí, se cruzaba y el percutor las rompía... cuando se las entregué a los ingleses se miraban unos a otros y se reían del armamento que teníamos... Hablábamos entre nosotros que, si teníamos que luchar cuerpo a cuerpo, íbamos a disparar hacia la ciudad, porque no teníamos armamento.... Menos mal que el lunes 14 se levantó bandera blanca... sino nos pasaban por arriba.
JS: ¿Ahí había radio a transistores, tenían la posibilidad de escuchar algo?.
DA: El que tenía radio era el Jefe de la Sección, el teniente. Nos reuníamos de vez en cuando y escuchábamos. Por ejemplo una radio de Uruguay, cuando hundimos el Camberra... que después nos trajeron en el Camberra (se ríe)... Y varios cosas, que íbamos ganando, que íbamos ganando. Nosotros contentos: no habíamos entrado en combate y ya, por lo que escuchábamos, teníamos la guerra ganada. Más contento estaba, porque esa noche fuimos a la ciudad y un grupo de oficiales pidió un cebador de mates. Yo nací en Misiones, me les presenté y empecé a cebar mate, y escuchaba todo lo que hablaban. Y bueno, había un cese de fuego de los ingleses: habían mandado a pedir refuerzos a Inglaterra. Después supimos que camuflaron el Camberra, como buque hospital y ahí mandaron los refuerzos. Los oficiales decían que, con esos refuerzos, iban a hacer el ataque final, si podían desembarcar: si no desembarcaban se rendían, porque ya no tenían comida y se venía el invierno fuerte. Pero pudieron desembarcar y nos pasaron por arriba. Ahí, en el Camberra, trajeron a los Gurkas. Pienso que, con lo que hicieron con el General Belgrano, el Camberra se tendría que haber hundido apenas entró en las 200 millas. ... Hicieron trampa... luchamos contra tres, cuatro países: Norteamérica, Inglaterra, Chile...
JS: ¿Eso no lo sabían ustedes allá?
DA: Sí, se comentaba por la radio, que los chilenos pasaban información.
JS: Cuando vos decías que se juntaban a escuchar radio, ¿era a la noche?
DA: Al mediodía.
JS: ¿Escuchaban todo referido a la guerra, o escuchaban otros programas?
DA: No, estábamos obsesionados con el combate. Escuchábamos el informativo.
JS: ¿No extrañaban otros programas?... tango, fútbol... justamente era el mundial en España.
DA: El mundial claro... y sí, se extrañaba... nos queríamos venir... teníamos tantas ansias de venirnos... El lunes al mediodía nos rendimos, nos fuimos a la ciudad y ahí vimos la cantidad de comida que había en los galpones... Nos dieron una naranja, una feta de dulce y una feta de queso a cada uno. Nada más. Nos mandaron a la posición hasta nuevo aviso. El martes preparamos todo y nos llamaron a la ciudad y de ahí al aeropuerto. Ahí, en el aeropuerto, estaban bien abastecidos en comida, whisky, chocolates... y bueno, le pedimos... y empezamos a comer chocolates con whisky.... Hasta que apareció un Hércules de la fuerza Aérea y nosotros: alegría. "Nos vamos a casa". Pasó de largo, traía comida. La tiró en paracaídas, sería para los ingleses, la tiraron bastante lejos de la ciudad...
JS: Los Hércules... ¿argentinos?.
DA: Argentinos, sí.
JS: ¿Y tiraron comida?....
DA: En paracaídas. No podía aterrizar, entonces pasaron por encima y lo largaron...
JS: Para el que lo agarre.
DA: Sí.
JS: Qué les pasaba a ustedes cuando, después de la rendición, encontraban galpones llenos de comida.
DA: Y fue... no se cómo explicarte... la decepción de que pasamos hambre y encontrar tanta comida... por qué hicieron eso... si había... pero uno analiza, quizá los altos jefes pensaban que la guerra iba a durar más.
JS: Me queda por preguntarte, si recibían cartas. De tu familia, ¿te llegó alguna carta?.
DA: No, no. Ni de mi novia, ni de nadie. Cuando volví todos me preguntaban: "¿Recibiste mi carta?".
JS: Y cómo lo viviste allá, eso de no recibir cartas.
DA: No, no. No reaccioné como el soldado "S", no recibía, no recibía, y decía: "cuando vuelva me voy a ir de mi casa porque esto no puede ser", hasta que recibió... ese soldado fue el que recibió la caja del Supermercado donde trabajaba. Pero a mí, no recibir carta, no me afectó para nada. Muchos recibieron. Yo ninguna, me escribió todo el barrio y no me llegó ninguna. Las que yo escribí sí llegaron. Una vez fui y me dijeron: "mirá escriben las escuelas". Muchos estudiantes iban al regimiento y pedían los nombres y apellidos de los soldados y escribían. Y empecé a manotear... de Isidro Casanova, de San Justo, algunas de Santiago del Estero...
JS: Qué te pasaba a vos cuando encontraste tu nombre ahí.
DA: No sé por qué no me las entregaban. Fui ahí y me dijeron: "mirá todas las que hay para vos". Y bueno, opté por contestarlas, más le escribí al Jardín de Infantes de Santiago del Estero. Y me contestaron de vuelta en Malvinas y después cuando volví en la vida civil, también.
JS: ¿No fuiste para allá?
DA: No, quedé con la promesa, pero... la promesa está. En cualquier momento se podrán buscar esos chicos que ya son adolescentes...
JS: Qué fuerte, digo emocionalmente.
DA: Sí, fuerte. Un orgullo, también de haber participado en la guerra.


* * *

Tags: Periodismo, Entrevista, Testimonio, Guerra de Malvinas.

Comentarios

Añadir un comentario
  • Fecha: miércoles, 31 de octubre de 2007
  •  | 
  • Hora: 21:39

Autor: Olivia07

He bromeado con Ud, y ha sido un gusto y una diversiòn casi que diaria.-Leer esto ha sido un reencuentro con la memoria. Pienso ahora como madre,que sentiría si tuviera que entregar a mi hijo de 22 años a esa guerra absurda y de locura.
A.R.F.

  • Fecha: miércoles, 31 de octubre de 2007
  •  | 
  • Hora: 22:13

Autor: JorgeSagrera

Muchas gracias por este paréntesis emotivo.