Dos relatos de una mallorquina: Damiana Tugores (in memorian)
La herencia
Llegamos a Buenos Aires el 6 de julio. En el puerto nos esperaba mi padre con un amigo mallorquín.
Mi padre y mi hermano Antonio habían venido un año antes que nosotros. Mi madre, mi hermano menor y yo lo hicimos en el año 1951.
Como todos en ese tiempo llegábamos en barco. Traíamos, en grandes baúles, todo lo que uno puede imaginar: máquinas de coser, bicicletas, ollas, ropa blanca; en fin, todo lo que uno pensaba que iba a necesitar.
Cuando bajamos del barco nuestro padre nos presentó al amigo mallorquín: Chaplín le decían y era oriundo de Felanitx, nuestro pueblo. Me extrañó que viniera él, y no nuestro tío Cosme. Sin embargo había una explicación. Mi madre le había traído a Chaplín una herencia que su madre le había dejado en Mallorca. Yo tenía 11 años y al escuchar la palabra herencia mil cosas pasaron por mi mente. Imaginaba grande baúles, pero cargados de joyas y monedas de oro.
Cuando terminamos de bajar y acomodar nuestras cosas, mi madre dijo: "Chaplín, acá está la herencia que te dejó tu madre". Era un colchón de lana de dos plazas.
Greneretes
Al poco tiempo de llegar a la Argentina nos instalamos en María Susana, un pueblo de la provincia de Santa Fe. Un día, mi tío Cosme recibió una carta de un amigo, Francisco Pure, de Felanitx, diciendo que venía para la Argentina. Mi padre le contestó la carta diciéndole que lo esperaban y que si podía traerle 2 o 3 greneretes, esas escobitas de hoja de palmera que se usaban para blanquear.
Francisco avisó que llegaba para tal fecha y mi padre y el tío Cosme fueron a buscarlo al puerto de Buenos Aires. Llegó el barco y era mucha la gente que andaba por ahí. Mi padre y Cosme miraban para ver si lo encontraban. De pronto vieron a un pasajero que bajaba con dos sacos grandes: no podía ni caminar por el peso. Mi padre le dijo a Cosme: "¿Qué traerá ese pobre hombre?".
Fue grande la sorpresa de los dos al comprobar que aquel hombre era Francisco Puré y que en los sacos traía las greneretes. Doscientas tres greneretes: había confundido la 'o' con el cero.Tags: Literatura, Testimonio, Mallorca.