Leo en la reflexión del Evangelio de hoy.
En cursiva va mi contragolpe.
El Señor nos pide como requisito para seguirlo, que sepamos cargar la Cruz. Que aceptemos, por amor a Dios, llevar la Cruz de las contrariedades y las penas de todos los días. Que lo sigamos, no importa con los obstáculos con que nos encontremos, no importan los sufrimientos.
Pero, ¿qué pasa si la Cruz soy yo mismo, cómo hago para cargarme yo mismo?
Con cada sufrimiento, con cada obstáculo, con cada dificultad, aceptados y ofrecidos con amor, nos unimos a Jesús y estamos colaborando con Él en la redención del mundo.
Insisto: yo soy la Cruz, mía o de alguien o del mismísimo Dios.Tags: Reflexión, Contrapunto.