Evangelio Según Jesucristo
Saramago
La boca se le llenó del sabor dulzón de la leche materna, y la ofensa entre las piernas (nota mía: se refiere a la circunsición), insoportable antes, se fue haciendo más distante, disipándose en una especie de placer que nacía y no acababa de nacer, como si lo detuviera un umbral, una puerta cerrada o una prohibición. Al crecer irá olvidándose de esas sensaciones primitivas, hasta el punto de no poder ni imaginar que las hubiira experimentado.
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