sábado, 17 de noviembre de 2007
Santos mártires rioplatenses
Hoy, 17 de noviembre, Santos mártires rioplatenses
(Aclaración: este santoral parece estar escrito por un argentino. Tuve la tentación de corregir, atenuar algunos términos, pero no lo hice... ya les diré por qué)
Roque González nació en 1576, en la Asunción del Paraguay, capital entonces de la Gobernación del Río de la Plata. Alonso Rodriguez y Juan del Castillo eran Españoles.
Estudiaron en nuestra patria, se ordenaron sacerdotes, ejercieron el magisterio y fueron misioneros, siempre en América. Trabajaron en las reducciones, fundaron pueblos que hoy subsisten, propagaron la fe Católica en las naciones de la cuenca del Plata y murieron a manos de los indios.
Estos conquistadores de almas hicieron su entrenamiento sacerdotal en pueblos indígenas. Roque González se internó en las selvas chaqueñas, sufriendo hambre y las inclemencias del tiempo, enfrentando pestes e inundaciones: en dieciocho años fundó trece pueblos, que llegaron a tener una población de cerca de treinta mil almas. Alonso Rodríguez le pidió acompañarlo en sus conquistas; así se lo destina a Caaró. En las misiones del Uruguay y de San Nicolás de Piratiní se lo ve a Juan del Castillo. El gran misionero le confiere el pueblo de Asunción de Ijuhí.
El valor, la audacia, la prudencia, sirvieron a estos tres sacerdotes jesuitas para sortear durante muchos años ataques y celadas de los salvajes. El cacique, Nezú, hombre cruel y disoluto, que ejercía funciones de hechicero y se hacia adorar como un dios, concibió la idea de matar a los tres misioneros. Un terrible golpe de itaizá (palo a modo de maza, en cuya extremidad se ata una piedra) mató a Roque González, el 15 de Noviembre de 1628.
Ante la confusión y los gritos salió de la Iglesia el padre Alonso Rodríguez, a quien dieron muerte del mismo modo. Incendiaron la iglesia y todo lo destrozaron, arrojando a las llamas los cuerpos sin vida de los dos sacerdotes. Nezú, gozoso, se vistió de gala, convocó los caciques, invocó poderes mágicos y amenazó con severos castigos a quienes no obedecieran sus órdenes. Exigió acabar con Juan del Castillo, quien el día diecisiete fue llevado al monte. Le rasgaron los vestidos, lo ataron y lo arrastraron entre las piedras y malezas, lo arrojaron a un lodazal y lo ultimaron con una enorme piedra que le destrozó la cabeza. Los cuerpos mutilados de los misioneros en gran parte no se quemaron, y doscientos indios de la Candelaria juntaron en una sábana sus despojos. El dolor del pueblo cristiano fue muy grande.
"Aunque me matáis, no muero"; cincuenta indios atestiguaron que estas palabras salieron de los labios del padre Roque González.
(Aclaración: este santoral parece estar escrito por un argentino. Tuve la tentación de corregir, atenuar algunos términos, pero no lo hice... ya les diré por qué)
Roque González nació en 1576, en la Asunción del Paraguay, capital entonces de la Gobernación del Río de la Plata. Alonso Rodriguez y Juan del Castillo eran Españoles.
Estudiaron en nuestra patria, se ordenaron sacerdotes, ejercieron el magisterio y fueron misioneros, siempre en América. Trabajaron en las reducciones, fundaron pueblos que hoy subsisten, propagaron la fe Católica en las naciones de la cuenca del Plata y murieron a manos de los indios.
Estos conquistadores de almas hicieron su entrenamiento sacerdotal en pueblos indígenas. Roque González se internó en las selvas chaqueñas, sufriendo hambre y las inclemencias del tiempo, enfrentando pestes e inundaciones: en dieciocho años fundó trece pueblos, que llegaron a tener una población de cerca de treinta mil almas. Alonso Rodríguez le pidió acompañarlo en sus conquistas; así se lo destina a Caaró. En las misiones del Uruguay y de San Nicolás de Piratiní se lo ve a Juan del Castillo. El gran misionero le confiere el pueblo de Asunción de Ijuhí.
El valor, la audacia, la prudencia, sirvieron a estos tres sacerdotes jesuitas para sortear durante muchos años ataques y celadas de los salvajes. El cacique, Nezú, hombre cruel y disoluto, que ejercía funciones de hechicero y se hacia adorar como un dios, concibió la idea de matar a los tres misioneros. Un terrible golpe de itaizá (palo a modo de maza, en cuya extremidad se ata una piedra) mató a Roque González, el 15 de Noviembre de 1628.
Ante la confusión y los gritos salió de la Iglesia el padre Alonso Rodríguez, a quien dieron muerte del mismo modo. Incendiaron la iglesia y todo lo destrozaron, arrojando a las llamas los cuerpos sin vida de los dos sacerdotes. Nezú, gozoso, se vistió de gala, convocó los caciques, invocó poderes mágicos y amenazó con severos castigos a quienes no obedecieran sus órdenes. Exigió acabar con Juan del Castillo, quien el día diecisiete fue llevado al monte. Le rasgaron los vestidos, lo ataron y lo arrastraron entre las piedras y malezas, lo arrojaron a un lodazal y lo ultimaron con una enorme piedra que le destrozó la cabeza. Los cuerpos mutilados de los misioneros en gran parte no se quemaron, y doscientos indios de la Candelaria juntaron en una sábana sus despojos. El dolor del pueblo cristiano fue muy grande.
"Aunque me matáis, no muero"; cincuenta indios atestiguaron que estas palabras salieron de los labios del padre Roque González.
Tags: Santoral, santos rioplatenses.





