Historias de un alma (VI)
“¿Cómo amó Jesús a sus discípulos y por qué les amó? ¡Ah, no
eran, ciertamente, sus cualidades naturales las que podían atraerle! Entre ellos y él la distancia era infinita. Él era la Ciencia, la Sabiduría eterna; ellos eran unos pobres pescadores, ignorantes y llenos de ideas terrenas. Sin embargo, Jesús les llama sus amigos, sus hermanos. Quiere verles reinar con él en el reino de su Padre; y para abrirles ese reino, quiere morir en una cruz, pues él mismo dijo: No hay mayor amor, que dar la propia vida por aquellos a los que se ama.
Madre amadísima, meditando estas palabras de Jesús, comprendí cuan imperfecto era el amor que yo tenía a mis hermanas. vi que no las amaba como Dios las ama. ¡Ahí Ahora comprendo que la caridad perfecta consiste en soportar los defectos de los demás, en no escandalizarse de sus debilidades, en sacar edificación de los menores actos de virtud que se les ve practicar. Pero sobre todo, comprendí que la caridad no ha de quedar encerrada en el fondo del corazón. Nadie, dijo Jesús, enciende una candela para ponerla debajo del celemín, sino que la pone sobre el candelero para que alumbre a todos los que están en la casa.
Me parece que esta candela representa a la caridad, la cual debe alumbrar, alegrar, no sólo a los que me son más queridos, sino a todos los que están en la casa, sin exceptuar a nadie.”
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