jueves, 29 de noviembre de 2007
San Saturnino555
San Saturnino, obispo y mártir
(Dedicado a Saturno555)
Se sabe poco de él. Parece que era griego, de Patrás.
A comienzos del siglo III, el papa san Fabián le encargó la evangelización de Francia. Y como ésta era su misión, a ella se dedicó con absoluta entrega.
Recorrió los Pirineos por ambos lados, y mandó a su discípulo Honesto a evangelizar Pamplona.
Cuando hacia el año 250 aparecieron en la Galia los edicto del emperador Decio, que obligaban a los habitantes a hacer acto público de idolatría, Saturnino pasó a España, recorrió Navarra y predicó en Pamplona, donde fue maestro de san Fermín.
El martirio de san Pápulo, su discípulo, lo obligó a volver a Toulousse. Célebre fue en esta ciudad la prédica de san Saturnino; su palabra convincente convirtió a gran cantidad de paganos.
Un día que paseaba cerca del templo de Júpiter, la gente por su cuenta lo apresó y lo ató por los pies a las astas de un toro salvaje. El animal echó a correr y en la carrera arrastró al mártir, que quedó con la cabeza destrozada.
Enterraron sus restos allí mismo.
Pasado el tiempo, se construyó encima una abadía y luego la basílica actual.
Todos los peregrinos que iban a Santiago de Compostela lo visitaban sin falta.
De esta forma, su culto se extendió por España y por toda Europa.
(Dedicado a Saturno555)
Se sabe poco de él. Parece que era griego, de Patrás.
A comienzos del siglo III, el papa san Fabián le encargó la evangelización de Francia. Y como ésta era su misión, a ella se dedicó con absoluta entrega.
Recorrió los Pirineos por ambos lados, y mandó a su discípulo Honesto a evangelizar Pamplona.
Cuando hacia el año 250 aparecieron en la Galia los edicto del emperador Decio, que obligaban a los habitantes a hacer acto público de idolatría, Saturnino pasó a España, recorrió Navarra y predicó en Pamplona, donde fue maestro de san Fermín.
El martirio de san Pápulo, su discípulo, lo obligó a volver a Toulousse. Célebre fue en esta ciudad la prédica de san Saturnino; su palabra convincente convirtió a gran cantidad de paganos.
Un día que paseaba cerca del templo de Júpiter, la gente por su cuenta lo apresó y lo ató por los pies a las astas de un toro salvaje. El animal echó a correr y en la carrera arrastró al mártir, que quedó con la cabeza destrozada.
Enterraron sus restos allí mismo.
Pasado el tiempo, se construyó encima una abadía y luego la basílica actual.
Todos los peregrinos que iban a Santiago de Compostela lo visitaban sin falta.
De esta forma, su culto se extendió por España y por toda Europa.
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