Tres Monjes Rebeldes (Fragmento II)
De M. Raymond.
... Era un cruz tosca de madera, en la que había pintado un Cristo sangriento, llagado, horriblemente lastimado.
-He ahí- dijo jadeante el anciano Abad -. He ahí mi vara de virtudes. Si el leño de la Cruz no consigue cambiar a los hombres, nada los cambiará.
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