jueves, 13 de diciembre de 2007
Santa Lucía y los santalucenses
Dedicado a los 1000 años santalucences, localidad del partido de San Pedro, Bs. As.
SANTORAL: Santa Lucía, vírgen y mártir
Aunque santa Lucía existió históricamente, su martirio fue auténtico y su culto muy antiguo y extendido, las actas que se poseen gozan de poco crédito.
Según la tradición, Lucía era una hermosa joven, de noble y rica familia, y nacida a fines del siglo III en Siracusa (Sicilia), capital entonces de la isla. A temprana edad perdió a su padre. Eutiquia, la madre, la educó en las virtudes cristianas y, andando el tiempo, propuso el matrimonio de su hija con un joven también noble, pero pagano.
Secretamente, Lucía había prometido consagrarse a Jesucristo. Habiendo enfermado su madre, fueron ambas a Catania, a suplicar a santa Águeda. Mientras oraba junto al sepulcro, abrumada por la fatiga se quedó dormida y se le apareció santa Águeda, quien le habló de esta manera: "Oh Lucía, ¿por qué me pides lo que tú misma puedes proporcionar a tu madre? Pues he aquí que tu fe la ha socorrido; ya está curada".
Sanó, en efecto, Eutiquia. Lucía le solicitó que desistieran de la boda; le pidió también el dinero que tenía asignado como dote para el matrimonio y lo destinó a limosnas. Se consagró a la oración y su servicio de los enfermos.
Su pretendiente, rechazado por causa de Cristo, la entregó al juez pagano: "Aquí está -dice- la enemiga de los dioses del Imperio". Pascasio -así se llamaba el prefecto- trató de persuadirla, instándola a que abominase de su religión. Se oyó la voz serena de la joven que respondió.
-No te canses, ni pienses que con tus razones podrás apartarme del amor de mi Señor.
-Los golpes harán cesar tus palabras- le dijo el prefecto.
-Cuando padecemos por Cristo y estamos delante de nuestros jueces, no somos nosotros los que hablamos -contestó Lucía-; es el Espíritu Santo quien habla por nuestra boca.
Trasuntaba ironía la voz de Pascasio:
-¿Está en ti ahora el Espíritu Santo?
-Creo -replicó la santa-que los que tienen una vida pura y casta son templos del Espíritu.
En plena plaza de Siracusa le atravesaron la garganta con una espada. Dicen que antes del golpe fatal le arrancaron los ojos, por eso es invocada como patrona de los ojos. Esto aconteció el 13 de diciembre del año 304.
SANTORAL: Santa Lucía, vírgen y mártir
Aunque santa Lucía existió históricamente, su martirio fue auténtico y su culto muy antiguo y extendido, las actas que se poseen gozan de poco crédito.
Según la tradición, Lucía era una hermosa joven, de noble y rica familia, y nacida a fines del siglo III en Siracusa (Sicilia), capital entonces de la isla. A temprana edad perdió a su padre. Eutiquia, la madre, la educó en las virtudes cristianas y, andando el tiempo, propuso el matrimonio de su hija con un joven también noble, pero pagano.
Secretamente, Lucía había prometido consagrarse a Jesucristo. Habiendo enfermado su madre, fueron ambas a Catania, a suplicar a santa Águeda. Mientras oraba junto al sepulcro, abrumada por la fatiga se quedó dormida y se le apareció santa Águeda, quien le habló de esta manera: "Oh Lucía, ¿por qué me pides lo que tú misma puedes proporcionar a tu madre? Pues he aquí que tu fe la ha socorrido; ya está curada".
Sanó, en efecto, Eutiquia. Lucía le solicitó que desistieran de la boda; le pidió también el dinero que tenía asignado como dote para el matrimonio y lo destinó a limosnas. Se consagró a la oración y su servicio de los enfermos.
Su pretendiente, rechazado por causa de Cristo, la entregó al juez pagano: "Aquí está -dice- la enemiga de los dioses del Imperio". Pascasio -así se llamaba el prefecto- trató de persuadirla, instándola a que abominase de su religión. Se oyó la voz serena de la joven que respondió.
-No te canses, ni pienses que con tus razones podrás apartarme del amor de mi Señor.
-Los golpes harán cesar tus palabras- le dijo el prefecto.
-Cuando padecemos por Cristo y estamos delante de nuestros jueces, no somos nosotros los que hablamos -contestó Lucía-; es el Espíritu Santo quien habla por nuestra boca.
Trasuntaba ironía la voz de Pascasio:
-¿Está en ti ahora el Espíritu Santo?
-Creo -replicó la santa-que los que tienen una vida pura y casta son templos del Espíritu.
En plena plaza de Siracusa le atravesaron la garganta con una espada. Dicen que antes del golpe fatal le arrancaron los ojos, por eso es invocada como patrona de los ojos. Esto aconteció el 13 de diciembre del año 304.

