Aprovechar el viento del Adviento.
El tiempo de Adviento es especialmente propicio para hacer propósitos de luchar contra nuestros defectos. Esa lucha es fortaleza y audacia, también para confesar nuestra fe en el ambiente en que vivimos.
Por lo general deberemos luchar en cosas pequeñas y cotidianas de todos los días: cumplir con puntualidad nuestras obligaciones, sonreír a quien lo necesite, ayudar a quien nos busca, practicar la justicia, dedicar el tiempo necesario a la oración. Jesús nos dice: “quién es fiel en lo poco, también lo es en lo mucho, y quién es injusto en lo poco, también lo es en lo mucho”.
Nuestro amor a Dios y a nuestro prójimo se manifiesta recomenzando muchas veces en este esfuerzo diario para no dejarnos vencer por la comodidad, la pereza y el egoísmo. Debemos recomenzar siempre, aún después de los fracasos pasajeros. Debemos ser constantes.
Las cuestiones más humanas, la genialidad normalmente es fruto de una prolongada paciencia, de un esfuerzo repetido e incesante.
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