martes, 25 de diciembre de 2007
Publicado por Desconocido @ 9:32
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Homilía del Padre Efraín Sueldo

24-12-02

Vigilia de Navidad.

Lecturas: Is 62, 1-5; Sal 88, 4-5. 16-17. 27. 29; Hech 13, 16-17. 22-25; Mt 1, 1-25. Parroquia San Roque.



Queridos hermanos todos: de corazón anhelo que este Adviento cada uno lo haya podido vivir lo más perfectamente posible en el espíritu del Adviento, que consiste en cuarenta días que no vamos a hacer la ridiculez de pensar que tienen que ser cuarenta y si no lo son...; un tiempo propicio para pensarse en el año que está culminando -civil o litúrgico, que ya terminó- a la luz del hecho de que somos cristianos, hijos de Dios.
Hablo de esto porque yo también vivo en este mundo y sé qué aturdidos estamos los hombres por las cosas del mundo, no porque seamos mundanos y nos encante el mundo, -tal vez sí, no debe faltar alguno o algunos-, sino porque es tan invasor. ¿Cómo escapar de la presión del mundo? Un mundo que se expresa en el ruido, en las ciudades, en las crisis, en los problemas, en los semejantes problemas que hay -porque hay problemas y problemas, como todos sabemos-. Que se expresa en una situación de violencia, de inseguridad, que tiene atemorizado a medio mundo; de reinado del mal de modo más ostensible, o más oculto, o más silencioso. Un mundo que como no ha sido en otros tiempos, tiende a dañarnos y es muy difícil que no dañe. Y entre esos daños, no necesariamente ponga en crisis la Fe -también a algunos les puede poner en crisis la fe-, pero sí atraparlo tanto que no queda tiempo al hombre de hoy para alimentar la Fe, volverse hacia la Fe; está permanentemente urgido por situaciones serias, graves, tensionantes, traumáticas.
Y entonces, ya que mañana nos nace un Salvador, ya que nosotros fuimos bautizados, y a nuestro modo, medida y grado de madurez creemos en Cristo como el Salvador, esta noche preparar mejor el corazón para ese hecho.
Primero, para personalizar a Cristo. Con esto, me refiero a que venimos de un Cristianismo muy genérico y entonces, quien más quien menos, todos nosotros hablamos de “el Salvador”, “el Redentor”, y no con desprecio ni con despecho; pero no en todo caso con la resonancia que sería “mi” Salvador, “mi” Redentor. También es el Salvador; por supuesto que es el Redentor del mundo. Pero yo tengo que vivenciarlo “mi” Salvador.
Alguna vez he puesto el ejemplo -nunca se me ha ocurrido otro que sea mejor- que cuando alguien que no conozca las playas, en la playa le pregunta al que sabe: "¿Quiénes son esos tipos que estaban ahí?", el que sabe le contesta: "No, son bañistas". Ahora, si aquel a quien se le dirige la respuesta ha tenido la experiencia de estarse por ahogar y lo salvó un bañista, para él los bañistas no son “los bañistas”: Son Los Bañistas, El Bañista, porque internamente yo le debo la vida; entonces no es “una profesión cualquiera; para mí es La Profesión; gracias a la profesión de ellos yo estoy vivo, porque una vez me rescató del agua.
Entonces, la misma cosa tiene resonancias diferentes según la experiencia que yo tengo. Si Cristo para mi no pasó nunca de Salvador, de Redentor, jamás lo negué; pero jamás mi afirmación es tan honda, tan rotunda y tan resonante que cuando digo “mi” Salvador y sé que ese Salvador, ese Redentor no se murió: está ahí [en el sagrario] y permanentemente, todos los días. Y si además de estar ahí, está a mi lado, está conmigo -"Yo estaré con ustedes hasta el fin del mundo"-, entonces yo vivo de otra manera la vida y por supuesto, celebro la Navidad de otra manera. No solamente cantemos porque “nos ha nacido un Salvador”: hoy celebro el nacimiento de “mi” Salvador. Gracias a que hubo una noche como ésta, yo tuve un Salvador.
Claro que para eso también hace falta que yo -para eso está el Adviento- piense de qué tendría que salvarme, o de que me gustaría que me salve, o de qué le voy a pedir a Cristo que me salve o me desate. El Adviento es un tiempo de espera, pero yo tengo que prepararme -si yo voy a viajar, preparo lo que voy a llevar: tipo de ropa, valija, bolso, lo que fuere-, entonces me tengo que preparar para que cuando venga el Salvador, me salve, me redima, me desate, me desanude.
"Pero si no estoy atado a nada...". ¿Estás seguro que no estás atado a nada? ¿Estás seguro que estás totalmente libre, tan libre que lo que vos quieres lo haces? Mirá que si te pasa eso, lo dejaste chiquito a San Pablo, porque él confiesa: "No hago el bien que quiero, sino el mal que no quiero". ¿Y vos haces siempre el bien que querés, nunca haces el mal? Puede ser: ¡hay cada pichones de milagros de Dios!, puede haberse mandado ese milagro. Ahora, yo, con setenta años, no lo vi nunca. Persona que conocí tenía su impresión digital y la dejaba: hizo esto que es muy bueno, requete bueno, rebueno -como dicen hoy-; pero ahí, en la orillita, la impresión digital, la marca de su pecado original que se le escapó por vanidad, orgullo, apetito de poder o de sensualidad; algo se le escapó. Nosotros no logramos hacer nada perfecto, inmaculado y sin mancha; como el que tiene las manos embarradas y no puede agarrar nada sin que lo embarre: si es mucho barro, será con mucho barro; si es poco barro, será con poco barro; pero que lo va a manchar, lo va a manchar.
Y entonces, yo tengo que haber pensado: ¿de qué me gustaría que me salven? ¿Cómo preparo el corazón?
Y preguntarme cerrando los ojos, sin pensar en otra cosa, para tener una esperanza total. ¿Por qué?: porque me va a jugar en contra que "Yo fui así toda la vida; además, me contaban que mi abuelo, mi abuela, mi tía se murió...". Saco todo el pédigre para justificar: “Y, mirá, los fulanos somos así... Es la marca del apellido”. Eso es lo que nos ha metido el mundo en la cabeza, y entonces no hacemos nada, a lo sumo contener esto para que no salga tanto. ¡No!: confiá que puede ser borrado, porque Dios, el Dios nuestro, es muy poderoso, es EL Todopoderoso.
Fíjense como juega con la historia. Desde que escribían los Profetas, se hablaba de Belén que habría de ser la Cuna del Mesías. Y viene un emperador romano que no tiene nada que ver con el pueblo judío, el Pueblo elegido, y decreta un censo para decir: “A ver cuántos súbditos tengo yo”; y por ese censo decretado por un emperador romano, José, descendiente de David, tiene que ir a su lugar -al lugar de su familia, de su estirpe- y baja a Belén. Y ahí ya estaba embarazada María y le llegaba la hora del parto. Y este Mesías anunciado que iba a nacer en Belén.
Ellos vivían en Nazareth, que en ese tiempo era en la otra punta, más de 150 kilómetros al Norte, a través de desiertos y serranía; era inimaginable que José, con la pobreza que tenía, iba a ir a Belén. Hoy día, digan lo que digan, no hay quien no veranea donde se le antoja, aunque sea ir a tomar sombra de allá, porque la sombra de acá me produce alergia porque el viejo del lado tiene no sé qué planta.
Entonces, este Señor de la Historia teje la historia -yo diría juega con la historia- y por decreto de un emperador romano se cumple su Palabra: el Hijo nace en Belén.
¿Y entonces, este Dios Todopoderoso no te va a poder sacar ese defecto, esa falla? ¿Vos crees que Dios no puede limpiarte? "Y..., sí, pero seguro que...". ¿Estás seguro que tenés que caer de vuelta a la fuerza? Y pongámosle que sí caes: vas nuevamente a Él; nada más que tenés que tener un poco de humildad y decir: "Mirá, Señor, yo había creído que no iba a pecar más. Pero acá me tienes de nuevo". Como va el enfermo al médico: se había curado, parecía que estaba bien y de vuelta... "¿Querés morirte?". "No". "Bueno, entonces andá al médico de vuelta".
Por eso, hermanos, les decía: a mí no me gusta decir cosas, ya me conocen. No puedo decir “¡Muy Felices Fiestas!”, “¡Felices Pascuas!”, porque mi palabra no produce esos efectos. Yo puedo anhelar de corazón que tengas unas fiestas muy felices, que estas pascuas de Navidad sean pascuas, un paso de acá para allá; de esta forma que tenía, a una vida nueva más o menos mejor. Pueden quedar rastros de la vieja, pero bueno. Y yo a eso no lo puedo producir porque les diga: “¡Felices Fiestas!”.
Yo, de corazón, les deseo felices fiestas. Pero hay una condición que cada uno tendrá que poner, que es que haya vivido un mínimo de Adviento; que de alguna manera haya preparado el corazón para el advenimiento y cuando se dé ese advenimiento de la venida del Salvador, como yo soy terreno preparado, he arado el corazón, lo que Él venga a sembrar dará su fruto.
Y esto es imprescindible para que salgamos de un Cristianismo mágico, que es falso y una ofensa a Cristo. Cristo tenía poder suficiente para redimir al mundo y decir: “Queda redimido para siempre”, pero no lo hizo así. Pagó -digamos- el precio que pagó hasta la última gota de su sangre y aunque con eso podía redimir la vida de todos los hombres de todos los tiempos, dejó para que esa redención se hiciera realidad en cada hombre de cada tiempo gracias a la disposición del hombre. ¿No está dispuesto?: no está.
¿No ven lo que pasó con los fariseos?: no se dispusieron a creer y se quedaron sin creer; y tan emperrados en no creer, que cuando lo matan, por si acaso era cierto que iba a resucitar, le piden a Pilato una guardia para hacer guardia en el sepulcro y que selle la piedra con el sello del imperio. Cae la piedra, los soldados se sienten deslumbrados por un rayo, no queda nada en el sepulcro, salen disparando, desvían el camino hacia el palacio de Poncio Pilato porque iban a ser condenados a muerte por abandonar la guardia y se van a Anás y Caifás, los Sumos Sacerdotes, los primeros en enterarse, además de los soldados, que Cristo había resucitado. Hasta ese privilegio tuvieron. ¿Y qué dijeron?: "Si Pilato los llama por algo, díganle que estaban durmiendo y vinieron los discípulos y se robaron el cadáver. Y a lo otro lo arreglamos nosotros. No se hagan problema".
El que no quiere creer no cree, ni Dios lo puede hacer creer. Dios tendría que crear otro tipo de criatura que tuviera llave del corazón pero del lado de afuera, entonces Dios se la abre cuando quiere. No: al hombre se la ha dejado del lado de adentro, así que abrimos el corazón, si queremos; reconocemos que somos pecadores, si queremos; le decimos al Salvador: “Ven a salvarme”, si queremos. “Sí, yo dejo que el Salvador vaya a esos infelices, a esos sí necesita salvarlos. Yo, alguna ayudita en todo caso".
Eso lo digo, porque me lo ha dicho tanta gente en treinta y cinco años de cura...: “No, yo no molesto a Dios, ¡tiene tanto de qué ocuparse! Total, de lo mío me ocupo yo".
Y hemos hecho tal desalojo real de Dios -no conceptual a eso lo mantenemos-, que Dios ya no está en la historia y por eso pasa lo que pasa. Todo esto que pasa, ocurre porque Dios no está; Dios, que es el Bien; Dios, que es la Verdad; Dios, que es la Luz; Dios, que es la Justicia; Dios, que es el Amor. Dijimos: "No, mirá, por respeto que hay gente que no cree, se va a sentir molesta, sacalo del despacho, sacalo de la escuela, sacalo...", y ahora estamos con un mundo sin Dios.
Por eso, los que decimos ser creyentes clamemos: “Señor, por favor, volvé; volvé al corazón nuestro, de cada uno de nosotros y después te irradiaremos de algún modo. Vos sos Todopoderoso y con tu poder infinito lograrás que nosotros podamos injertarte en el mundo. Como los apóstoles, que eran doce, de los cuales falló uno y lo suplieron después por otro: fueron capaces de injertar a Cristo en el mundo, ya llevan dos mil años y aquí estamos.
Es cuestión de que creamos o tratemos de saber en qué Dios creemos. Entonces habrá esperanza, alegría y paz a pesar de todo lo que haya.
Que así sea. En el Nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

Tags: Mavidad, Homilía. Misa de Gallo.

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