Epifanía (un cuento)
Por: Jorge L. Sagrera
Querido Diario: hoy es 5 de enero. Mañana vienen los Reyes Magos. En la Casa de la Señora Norma hay gran alboroto (lo sé, porque ayer acompañé a mamá a entregar unas costuras). Acá, en nuestra casa, también hay gran alboroto. No digas "gran". ¿Y cómo se dice, Silvia?... ¿Se dice: "grande"?. No, no; lo que te quiero decir, es que acá no hay "gran" alboroto. Ni siquiera hay alboroto; ¿entendés?
Nos levantamos temprano para agregar los tres Reyes al pesebre. Melchor es una piedrita de canto rodado, suave, color te con leche. Gaspar es un pelirojo de ladrillo cosido. Baltazar es morocho: un trocito de carbón. Mamá tuvo la idea de representarlos así. El niño es de verdad. Digo, tiene forma de niño. Quedaba un poco grande al lado de los Magos. Poner los Reyes arriba de la montaña de papel madera fue idea mía, parecen personas lejanas que se vienen acercando. Como en la cosecha de la batata: nos hace feliz ver las bolsas repletas. Agrupadas aquí y allá, imaginamos que son visitas bajando desde el horizonte.
¡Hola!, volví. Son las diez. El Encargado acaba de dejar turrones (¡hay blandos, los que me gustan!), garrapiñadas y un pan dulce. Mamá los agradeció con un gesto, pero no se la veía contenta. Los cachorros comen las migas que caen de la mesa de sus dueños, dijo no bien el Encargado desapareció del marco de la puerta. Según San Mateo, agregó.
Según San Mateo, es un evangelista. Lo aprendí con la Señora Norma. Todos los sábados nos da catecismo en su casa. No es bueno que los chicos pierdan la fantasía, ya va a haber tiempo de decirles la verdad. Ahora es el tiempo, Señora Norma, ella ya es grande. ¿De qué hablan, mami? Hablamos de la Epifanía del Señor, chiquita. ¿Y qué es epifanía, Señora Norma? Es la manifestación de Dios a los hombres. Está muy bien ir a misa los Domingos. Ahora incorporamos el 6 de enero que, junto al 25 de diciembre, ya son bastantes las manifestaciones de Dios a los hombres. Bueno querido Diario No digas querido Diario. ¿Y cómo se dice, Silvia? Se dice: querido cuadernito "Nuestro General", de veinticuatro hojas, entregado por el gobierno. Interrumpo la escritura letra gordita y pareja, para que se entienda; que lo único bueno de todo esto, es que aprendiste a escribir, porque mamá me llama a comer.
Son las tres de la tarde y no puedo dormir la siesta. Faltan nueve horas para que sea 6 de enero. Silvia tampoco duerme: se revuelve en la cama. Los ateos no duermen tranquilos. ¿Por qué no duermen, Señora Norma? Porque para el cristiano, Dios es su descanso. ¿Vos sos atea, Silvia? Sí, soy atea.
En la carta que les mandé a los Reyes, pedí un vestido. Mamá me advierte que, las cartas a veces no llegan, porque vivimos lejos. El vestido es igual al que tiene la hija de la Señora Norma, ese que lleva a misa de 11. Dios no hace acepción de personas. ¿Qué quiere decir acepción, mami? Quiere decir que Dios no hace diferencia entre las personas. ¿Ah sí?, protesta Silvia, ¡mirá que te lo voy a creer!. Querido Diario: esto es un desafío, quiero demostrarle a Silvia que Dios no hace diferencia de personas. Necesito el vestido para que ella deje de ser atea y pueda dormir tranquila. ¿Vos dormís tranquila, Silvia? A pata suelta, como una chancha.
Son las nueve de la noche y me acosté sin comer. No tenía hambre. Me apuro a escribir porque mamá dijo: "¡Ojo, cuidado con la vela!". Silvia todavía no vino a la pieza, tiene que ayudar a mamá en no sé qué cosa. Bueno querido Diario, hasta mañana, voy a dormir. Si no duermo capaz que me dan unas ganas bárbaras de espiar. Si espío los Reyes Magos van a pasar de largo mis zapatos.
¿Ruidos? Es Silvia, recién se acuesta. ¿Qué hora es, Silvi? ¿Sabés?, te voy a contar un secreto: pedí un vestido igual al que tiene la hija de la Señora Norma. El blanco, con lunares rojos... cuando lo veas vas a creer en Dios, ¿no?. ¿Llorás? ¿Por qué lloras? ¿Estuviste espiando a los Reyes Magos? No llores, Sil yo te doy mi regalo.
Junto a mis zapatos, mis mejores zapatos, había un envoltorio. En los zapatos de Silvia también había un envoltorio. Corrí a despertarla. Volví urgente a mis zapatos. Al regalo. Comencé a soltar la cinta que lo rodeaba. Silvia, protegida por la penumbra, me miraba desde la puerta de la habitación. El papel del envoltorio se abrió solo y mostró el contenido: un par de alpargatas blancas y un paquete de galletitas Manon. También había una nota firmada por los Reyes Magos. Decía: "El próximo año ser mejor".
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