Jorge Sagrera Escritor/Lic. en Comunicación Social

martes, 17 de junio de 2008

La otra mejilla... ¿cómo?

"... Una intensa vida de oración"

Reflexión del Evangelio de hoy, obtenida del sitio
unosmomentos

(Me permití resaltar algunas palabras o frases).

Este amor de que nos habla Jesús es un tema frecuente en el evangelio.
Este amor, nace del amor que Dios nos tiene. Como Él, nuestro amor debe  ser siempre sin condiciones. Si somos conscientes de que Dios nos ama y nos perdona, ahora y siempre, debemos amar ahora y siempre a los demás, incluso a nuestros enemigos.
Amar a Dios es amar como hijo y amar como hijo de Dios es amar al otro como Dios me ama a mí.
Comportarnos con el otro como Dios se comporta conmigo.
Rechazando la violencia, como nos lo enseña Jesús, nuestro amor al hermano más necesitado, nos debe llevar a luchar por él y con él, por su dignidad y por sus derechos, por una vida mejor, por una verdadera justicia y paz.
Por eso el Papa Juan Pablo II, nos llama a que cada de uno de nosotros nos preguntemos ¿Qué es lo que nos mueve, cuál es el motor de nuestra vida? ¿El amor?
A ejemplo de Cristo que por nosotros dió su vida en la cruz, nosotros que somos sus discípulos debemos intentar seguir su camino.
Jesús nos enseñó a no tener enemigos personales, a aborrecer el pecado pero a amar al pecador.
El cristiano debe tener un corazón grande para respetar a todos, incluso a los que se manifiestan como enemigos. Y nos dice San Agustín, que ese corazón grande para los que se manifiestan como nuestros enemigos, no lo tenemos porque esas personas son ¨hermanos¨, sino precisamente porque queremos que ¨sean hermanos¨
Este Santo nos dice que debemos andar por la vida con un corazón grande para acoger a los que ya son hermanos, y también con ese mismo corazón grande, para que el que se manifiesta como enemigo, venga a ser hermano.
Es precisamente esa forma de actuar, que necesita de una intensa vida de oración, para poder lograrla,  lo que distingue a los cristianos de los paganos y de aquellos que no quieren vivir como discípulos de Cristo.
Cuando en nuestro corazón, aparece ese amor magnánimo hacia el otro, podemos asemejarnos a Dios,  porque Dios es precisamente amor.
Jesús nos dice: Sed perfectos, como el Padre celestial es perfecto. A eso estamos llamados cada uno de nosotros
Jesús nos propone al Padre, como norma de toda perfección.
Nos exige una vida donde nos esforcemos por imitarle en su santidad.
Vamos a pedirle hoy al Señor, unidos a María, que nos conceda un corazón grande, para que podamos acercar a Dios a quienes lo necesitan.
Para que nunca salga de nosotros ofensa o rechazo hacia los demás.
Para que en nuestra vida, se note, que somos hijos de una Dios que es Amor.
 

Tags: Opinión, Conflicto, Ofensas, Evangelio, Comunicación.

Comentarios

Añadir un comentario