domingo, 07 de septiembre de 2008
La generosidad de Azorín

Por Julián Marías
Desde su modestia, rayana en la humildad, volvía a sus ojos con amor hacia todo lo que encontraba. Nada le parecía desdeñable.
[…]
Veía lo negativo y le dolía –no, como tantos, que se complacen malignamente en ello y desearían que fuese más, quizá “todo”-, le dolía desde el amor y el apego, le dedicaba su atención, su tiempo, su talento, sus emociones.
[…]
Azorín miraba todo con deseo, a veces con vehemente afán, de encontrar lo valioso. Y casi siempre lo encontraba, porque la realidad tiene esa condición, aun en los casos en que está aliada con elementos negativos y dignos de repulsa. Hay personas que, ante la más excelsa perfección, tienen la irreprimible necesidad de encontrarle el defecto, lo negativo, el gusano escondido. Azorín pecaba de la tendencia contraria, y buscaba lo que pudiera estimar, aunque tampoco cerraba los ojos ante lo que se resistía a ello.
Los rencorosos y los resentidos –variedades de una deformidad humana muy compleja e increíblemente dañina- no han podido soportar la actitud generosa de Azorín. Su amor a la realidad –hasta donde ella lo permite- era su pecado.
Tags: Literatura, Generosidad, Reflexión, Opinión, Escritores

