Jueves, 30 de agosto de 2007
Publicado por JorgeSagrera @ 14:05
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De Hermann Hesse a Paulo Coelho, o

Siddharta en los tiempos de El Alquimista

(tesis presentada en la carrera Licenciado en Comunicación Social, Universidad Nacional de Rosario, Argentina, septiembre de 2005)

Autor: Jorge Luis Sagrera
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INTRODUCCIÓN

Entramos en el siglo XXI con un déficit en lo que concierne a la expresión de los jóvenes, tanto en forma oral como escrita. Es conocido por todos los resultados que arrojan los exámenes de ingreso a la universidad. También hemos sido suficientemente informados respecto al experimento de aquel profesor mediático y de algunos de sus alumnos. En nuestra opinión, el alumno que en lugar de Saddam Husayn (o Hussein), escribió Darío Husain (el ex jugador del club River Plate), se debe haber divertido muchísimo pensando en cómo terminaría todo.
No debería preocuparnos tanto que alguien no sepa quién es el Vicepresidente de la Nación, o el Ministro de Salud; sí debería preocuparnos que alguien no encuentre las palabras que le posibiliten expresar ya sea un conocimiento, ya sea un estado de ánimo. Una palabra que le haga más soportable la vida.
Además, hay que decir que, los jóvenes, no son los únicos que padecen esta carencia. Luis Pedro Barcia, miembro de la Academia Argentina de Letras, habló de la pobreza de una buena parte de los periodistas que se desempeñan en los medios masivos de comunicación. Dijo que es habitual encontrar en éstos el uso de palabras baúles (son aquellas palabras que sirven para definir una serie de hechos, altruistas o reprochables; objetos de diferentes tipo, etc.). Por ejemplo la palabra "bárbaro". Decir: "Qué bárbaro", se ajustaría perfecto tanto para un acto salvaje, como puede ser partirle la cabeza al referí con un botellazo; o, para aplicarla cándidamente, al resultado de la preparación de un postre con ingredientes que encontramos en un rincón de la alacena.

El tema que suele dominar la atención en las jornadas de perfeccionamiento docente y en las reuniones de departamento de Lengua y Literatura (8º y 9º E.G.B. y nivel Polimodal), que se realizan en la Escuela de Educación Media Nº 204, de la ciudad de San Pedro, está relacionada con la deficiente comprensión lectora de los alumnos, sus dificultades en la sintaxis, en la producción de textos y en el manejo en general de la lengua escrita.
Para intentar comprender estas dificultades los docentes acuerdan en una serie de enfoques:

Ø Los profesores de EGB, del tercer ciclo (7º, 8º y 9ºGui?o, señalan que las dificultades encontradas en éste, se producen por competencias no alcanzadas en ciclos anteriores (Segundo ciclo de la E.G.B.: 4º, 5º y 6ºGui?o, donde abundan los contenidos conceptuales de todas las áreas, y se abandona el trabajo base de comprensión lectora y producción escrita.

Ø La insuficiente carga horaria (dos horas semanales en nivel Polimodal) y los cursos numerosos, que alcanzan, en su mayoría, cuarenta alumnos.

Ø Conducción inadecuada de Inspectores y Directores en la supervisación de contenidos, programas, etc.

Ø Cierta ambigüedad en los contenidos conceptuales propuestos por el Ministerio de Educación, y poca definición respecto de las modalidades y, más aún, en las orientaciones (Cs. Sociales, Humanidades). Así mismo, estos contenidos resultan excesivos teniendo en cuenta la carga horaria asignada (Nivel polimodal dos horas).

Ø Al implementarse la Reforma educativa, se produjo una reasignación de docentes en el área de Lengua y Literatura. Al implementarse 8º y 9º año, profesores de 1º y 2º año del secundario, debieron dejar sus horas en manos de maestros del nivel primario. Los profesores de Lengua y Literatura del Polimodal sostienen que esto ha provocado un deterioro en la enseñanza, y ven aquí una posible relación con las dificultades y deficiencias de los alumnos en el uso de la lengua escrita y oral.

Ø La reforma educativa, provocó una reconversión de los docentes, que desencadenó lo que algunos llaman "Primarización de la escuela", y que podría sintetizarse así: el secundario perdió dos años (1º y 2ºGui?o, y el primario ganó dos (8º y 9ºGui?o. (Puede pensarse en lo siguiente: la primarización de la escuela es consecuencia de una primarización de la sociedad).

Los enfoques arriba mencionados son, sin duda, pertinentes a la problemática instalada; sin embargo, desde este trabajo, intentaremos que se considere otro aspecto al debate:
La séptima edición de El Alquimista (Edit. Planeta, Bs. As., febrero de 2001) se anuncia de la siguiente manera: Edición especial para el trabajo en el aula con guía de actividades de pre-lectura, análisis y lectura comprensiva (El lector comprobará, luego, que más que actividades de comprensión y análisis del texto, la guía parece apuntar a la pregunta: "¿A ver si hemos leído el libro?"), y taller de escritura. También se informa que esta guía contó con el Asesoramiento pedagógico de Adriana Narváez. Es decir, la decisión de la Editorial Planeta de llevar El Alquimista a las aulas, está refrendada por un docente.
A lo largo de este trabajo se intentará demostrar la pertinencia o no de trabajar en los claustros el libro de Paulo Coelho. Si se nos pidiera una sentencia, una sóla, para definir en una línea la médula de esta tesis, diríamos: Maestro, dime qué lees y te diré cómo serán tus alumnos. Sin embargo, para no demonizar al docente, ampliaríamos algo más la mirada y dejaríamos la sentencia definitiva: Generación, dime qué lees y te diré cómo será la próxima.
Planteados entonces estos asuntos, nos preguntamos ahora:
¿Llevar El Alquimista al orden de la enseñanza puede afectar:
Ø en la lengua escrita y la expresión oral de los alumnos?
Ø en la cosmovisión del mundo que tendrán los alumnos?

También, reflexionaremos acerca del pensamiento racional o crítico que desarrolla la escritura. Finalmente, dado que parece inevitable detener el avance de Coelho en las aulas, se propondrá un debate bibliográfico entre El Alquimista y Siddharta en lo que concierne al siguiente tipo de variables: contextos de producción, estilos. Así mismo, se confrontarán las posturas ideológicas de una y otra obra.
¿Por qué elegimos esta obra de Hesse?: los argumentos de Siddharta y El Alquimista proponen una historia similar. El personaje es clásico: tiene un conflicto y debe resolverlo. Realiza un viaje: el punto de partida suele ser su lugar de origen, al cual regresará (Siddharta con alguna variante) después de recorrer diferentes escenarios. En éstos, es sometido a una serie de pruebas que producen en él una modificación profunda y que comunicará luego a su comunidad
Sin embargo, si bien las temáticas de las obras son similares, la manera de resolver los conflictos que tiene cada uno de los héroes son diferentes.





LOS AUTORES

Hesse (2 de julio de 1877, Alemania - 1962, Suiza) y Coelho (24 de agosto de 1947, Brasil) tienen varios mojones coincidentes en sus biografías. "Todos los caminos convergen a Roma", reza un credo; sin embargo, Hesse y Coelho, han empedrado de modo diferente, diríamos divergente, ese camino; esto es, su misión con la literatura.
La palabra misión nos envía a apostolado y, tal vez, en el extremo de este encadenamiento semántico hallemos la palabra espiritualidad. Los biógrafos apuntan que, tanto Hesse como Coelho, se encuentran espoleados por los requerimientos del espíritu, reclamos que se podrán seguir, como a una hoja de ruta, a través de sus obras.
Sabemos que el padre de Hermann Hesse era misionero. Tal vez a impulsos de ese clima familiar Hesse decidió ingresar en un seminario. Pero no duró en ese ambiente ni en ningún otro que, para ayudarlo a crecer, le impusiera el corsé de la educación formal. Luego trabajó como mecánico, librero y periodista: se convirtió en un autodidacta.
Coelho, novelista, compositor de canciones y periodista, también es un autodidacta. El autor de El Alquimista, desde chico había soñado con ser artista, sueños que no eran del agrado de su familia y que solucionaron internándolo tres veces en un siquiátrico. A pesar de los esfuerzos de su padre, el pequeño Paulo no avanzaba en los estudios, entonces lo depositaron en el Colegio Jesuita de San Ignacio. Ahí aprendió a ser disciplinado en la vida. También ahí perdió su fe religiosa. Más tarde, su juventud estuvo salpicada por el sexo, las drogas y el rock & roll; practicó la magia negra y el esoterismo.
A comienzos del siglo XX, en la costa y las montañas de Ascona, Suiza, un grupo de disidentes del psicoanálisis y artistas, practicaba el culto solar, el amor libre y veneraba la pureza de la carne y de los instintos. Hacia allí se dirigió Hesse, en 1907, para curarse de su adicción al alcoholismo. En el Monte de la Verdad, el autor de Siddharta, vivía en contacto con la naturaleza, alejado del mundo capitalista. Estas experiencias bombearon en la vena literaría de Hesse, proporcionándole sangre para algunos de sus personajes.
A los veintiún años, Coelho, comenzó a estudiar Derecho. Enseguida abandonó. Se dedicó a escribir teatro y guiones para la televisión y componer canciones para los intérpretes brasileños Elis Regina y Raúl Seixas.
A Hesse, el apego y la aficción a la música le sirvió para purificar su estética.
A partir de un viaje, en el que vivió una experiencia espiritual intensa, Coelho recuperó la fe católica. Luego realizó el Camino de Santiago de Compostela; afirmado en ese mojón escribió El Peregrino (Diario de un mago) (1987) y El Alquimista (1988).
También Hesse, a partir de un viaje a la India, escribió Siddhartha (1922); en la que se refleja el interés del escritor alemán por el misticismo oriental. Esta novela, en la que se trata la relación entre un padre y un hijo, está basada en la vida del joven Buda. Es una novela simbólica, rasgo que también anuncia Coelho en la primera línea del prefacio: El Alquimista es un libro simbólico.
Nos queda una última cuestión a considerar: la relación de Hesse y Coelho con el Mercado.
Coelho es considerado por la crítica una fenómeno comercial más que literario. No tenemos dudas, afirmamos, que, El Alquimista, es introducido en el ámbito educativo por el Mercado Editorial. Ríos de sangre negra corren para demostrar que los libros de Coelho no pertencen a lo que se denomina literatura seria, con aspiraciones a convertirse en canónica. Sin embargo, hay que decirlo de una buena vez: Coelho es miembro de la Academia Brasileña de letras. Entonces, o Coelho escribe bien, o a la Institución brasileña también la ha arañado el Mercado.




LAS OBRAS

Argumento de Siddharta

Siddharta trata de la vida de un joven, hijo de un brahmán notable. Todos amaban al muchacho, era la alegría de su padre, quien pensaba que su hijo se convertiría en sabio y sacerdote. Sin embargo, Siddharta comprendió que el amor de su padre, el cariño de su madre, el afecto de su amigo Govinda no le harían feliz para toda la vida. Se preguntaba cómo hacer para apagar la sed eterna. Su lugar ya no tenía más que ofrecerle y entonces decidió ponerse en camino; dejó la casa de su padre, no sin dolor, y se fue, junto a Govinda, con los Samanas. Estuvo tres años con ellos, consiguió entrenarse en la despersonalización, se convirtió en un maestro en apagar los gritos de los sentidos. Pero esto tampoco calmó su sed. Su sed de absoluto.
Al tiempo, Siddharta y su amigo Govinda escucharon hablar de un santo, se trataba de Gotama. Hacia él fueron los amigos, aunque Siddharta, rápidamente, entendió que ya no necesitaba ni de profesores ni doctrinas. En un diálogo con Gotama, lo reconoció como a un santo. Sin embargo, Siddharta le dijo: "No se encuentra la redención a través de una doctrina, se halla en la propia búsqueda". Y se alejó también de ese lugar, aunque su amigo Govinda decidiera permanecer ahí.
Siddharta se dirigió a la ciudad. En el camino, al intentar cruzar el río, se produjo el primer encuentro con el barquero Vasudeba, que sería fundamental para su vida. En la ciudad comenzó a participar del mundo y es ahí donde se produjo la supresión de la dicotomía razón versus corazón. Conoció a Kamala, una cortesana. Siddharta amaba a esa mujer, quería aprender de ella el placer, pero para poder acercársele debía poseer dinero. Mucho dinero. Siddharta lo consiguió trabajando para el comerciante Kamaswami. Se convirtió en un próspero, exitoso, comerciante. Sin embargo, dentro del corazón seguía siendo un samana. Pensar, esperar, y ayunar, era su lema para no dejarse vencer por la materia.
Pasó el tiempo: Siddharta, tenía ya cuarenta años y había probado la riqueza; la voluptuosidad y el poder. Atrás quedó el samana asceta. La pereza lo había ganado y comenzó a sentirse invadido por las preocupaciones de los hombres ricos. Sentía repugnacia y vergüenza de sí mismo, para liberarse de esa mediocridad de vida que le caía como un sol de plomo en la espaldas, jugaba a los dados por dinero: eso terminó por corroerle los valores.
Hastiado de esa vida, Siddharta abandonó la ciudad. Se internó en el bosque. El río le interrumpió la marcha, a su vera pensó en el suicidio. Sin embargo, entre los intersticios de aquel tedio surgió el om que, lentamente, comenzó a rescatarlo y a producirle una reconversión. Comprendió que había trocado el ayunar, el esperar y el pensar, por el bienestar físico, los deleites de los sentidos y las riquezas. Se sintió decandente, pero éso no lo afligió: más bien vivió esa puerta a la muerte como la posibilidad de abrirse a una resurrección. En un fugaz encuentro con Govinda se le reveló que, antes, no había sabido amar a nada ni a nadie.
Siddharta redescubrió el río y volvió a encontrarse con el barquero Vasudeba, cuya virtud era estar atento a las personas. Siddharta quería aprender del río a escuchar con el alma serena. Con el tiempo fue conquistando esa capacidad. Algunas personas veían en ellos a dos santos.
Gotama estaba por morir y los peregrinos y devotos se encaminaban hacia él. Kamala también. Fue con un muchacho de once años: el pequeño Siddharta. A la orilla del río una serpiente mordió a Kamala, que fue socorrida por Siddharta y Vasudeba. A punto de morirse, la mujer que Siddharta amaba le preguntó si había encontrado la paz. Ella iba a decirle que él se parecía a Gotama, pero no pudo: la lengua se hinchó hasta llenarle la boca.
El pequeño Siddharta se quedó con los ancianos. Como era un muchacho malcriado y caprichoso, los humillaba y los maltrataba todo el tiempo. Siddharta amaba a su hijo y pensó que con paciencia conseguiría la reciprocidad del amor. Vasudeba indujo a su amigo a que soltara a su hijo, que no le ahorrara el sufrimiento. Finalmente el muchacho se escapó a la ciudad. Siddharta lo siguió, pero no pudo hallarlo. Luego de unos días, Vasudeba fue en busca de su amigo y los dos ancianos volvieron a la choza.
Esta última muerte enseñó a Siddharta a mirar más cariñosamente a las personas. Los comprendía, se sentía hermano de los hombres. Reflexionando sobre la actitud de su hijo, Siddharta se dio cuenta de que él había hecho lo mismo con su padre. Lo que no se termina de solucionar vuelve, pensó. Entendió que debía aceptar el destino, y dejó de luchar contra él.
Hubo un último encuentro entre Govinda, a quien aún no se le había apagado la llama de la inquietud y la búsqueda, y Siddharta, ya orillando la iluminación, quien le expresó que sólo el saber era comunicable, en cambio la sabiduría no. Las doctrinas no pueden amarse, dijo, sólo hay que amar al mundo tal cual se presenta.



Argumento de El Alquimista

Esta novela refiere a la vida de un muchacho, Santiago, que era pastor de ovejas. La razón de su vida era viajar, y fue por eso que desembocó en esa actividad. Recorría los campos de Andalucía, para procurarle pasto y agua a sus animales.
Antes, Santiago, había estado en un seminario hasta los dieciséis años. En un determinado momento planteó a su padre el deseo de dejarlo todo y ponerse a andar. Su padre, en el fondo, tenía esa deuda pendiente con sí mismo y, finalmente, aceptó la desición de su hijo.
Santiago era feliz con su trabajo de pastor. No cargaba equipajes pesados: sólo un abrigo, y un libro, que iba cambiando cada vez que se le presentaba la ocasión. En una de esas paradas conoció a la hija del comerciante que le compraba la lana de las ovejas. La muchacha comenzó a ocuparle gran parte del pensamiento. Y ahora, Santiago, después de un año, regresaría a ese lugar.
Algunos días antes de llegar al pueblo, el muchacho y sus ovejas buscaron refugio en una iglesia abandonada. Se ubicaron, más precisamente, en la sacristía, donde había crecido un sicomoro. Luego de leer una rato Santiago se durmió: soñó. Un sueño repetido, que lo inquietaba: un niño jugaba con las ovejas y de repente agarraba a Santiago de la mano y lo conducía a las pirámides de Egipto. El niño le decía que si iba hasta aquel lugar le mostraría un tesoro escondido, pero cuando estaba por indicarle el lugar exacto, él se despertaba.
El muchacho pastor de ovejas decidió consultar a una vieja que adivinaba los sueños. La vieja le pidió una décima parte de lo que encontrara, pues estaba convencida de que el muchacho tenía que ir a Egipto y buscar su tesoro en las pirámides. Santiago salió decepcionado con esa interpretación. Luego se encontró con un viejo sabio, que le reveló cómo llegar hasta su tesoro a cambio de una décima parte de las ovejas. El viejo sabio resultó ser un rey, el Rey Salem, quien le dio suficientes pruebas para creer que lo que decía era cierto. Entonces, Santiago, vendió sus ovejas (todo lo que poseía), compró un pasaje y le quedó suficiente dinero como para pagar una caravana que lo condujera hasta las pirámides. Por fin se encaminó hacia Africa. Antes de partir, el Rey Salem, le entregó dos piedras: Urim y Tumin, que le ayudarían, dijo, a tomar decisiones.
Llegó a Africa. En un bar, alguien le robó todo el dinero: quedó en un país que hablaba una lengua desconocida para él, y sin el dinero necesario para poder contratar la caravana que lo llevaría hasta las pirámides. Pensó en abandonar su sueño. Consultó a las piedras y le indicaron que debía continuar con su proyecto.
Consiguió trabajo con un Mercader de Cristales. No le iba mal, al contrario. Sin embargo el muchacho, ahora, sólo tenía como objetivo reunir el dinero suficiente para regresar a España y comprar otro rebaño.
Luego de once meses, ya había juntado lo necesario para volver y recuperar a sus ovejas. Se despidió del Mercader de Cristales y se encaminó en busca de su pasaje para regresar a España; sin embargo, a último momento corrigió su decisión y se dirigió a un almacén desde donde partían caravanas que atravesaban el desierto.
Ahí se encontró con un inglés alquimista, que también se alistó en la caravana en busca de un Gran Alquimista, que se encontraba en algún lugar del desierto. En el camino, los dos confraternizaron e intercambiaron los motivos que los llevaron hasta esa circunstancia. A lo largo de la marcha el muchacho se volvió un maestro en interpretar el lenguaje del desierto; aprendió tanto de éste como de sus ovejas, y se produjo en él un profundo conocimiento de la vida.
Camino a las pirámides hicieron pie en un oasis donde se produjeron dos hechos importantes: Santiago conoció a Fátima, y se enamoraron. El segundo acontecimiento, está ligado al encuentro con El Alquimista, quien no delegará al inglés su conocimiento de la vida sino al muchacho.
En el oasis permanecieron un mes. Santiago tuvo una visión en la que intervenían dos gavilanes que, narrada a los jefes del oasis, evitó un ataque por parte de una caravana enemiga. Esto le dio fama y riqueza. También tenía el amor de Fátima. Sin embargo, el muchacho no era feliz. Animado por El Alquimista, que oficiaba como una suerte de divinidad, se desprendió de sus posesiones (prometió a Fátima que, encontrado su tesoro, vendría a buscarla) y se encaminó por el desierto, junto al Alquimista, en dirección a las pirámides.
En este trayecto, Santiago, a instancias de su maestro, aprendió a hablar con el desierto, con el viento y con el sol. El desarrollo de estas capacidades le permitió desatar una tormenta de arena cuando fueron capturados por una caravana.
Siguieron andando por el desierto, las pirámides estaban cerca. Hicieron noche en un monasterio. Ahí, El Alquimista, encendió un fuego, derritió plomo en un recipiente y después agregó una raspadura de un huevo amarillento: al enfriarse el plomo se convirtió en oro. El Alquimista repartió en cuatro partes el disco de oro: una se la quedó él, otra se la entregó al monje, otra fue para Santiago, y la última parte se la dio al monje diciéndole: Ésta es para el muchacho en caso de que la necesite. Después, El Alquimista se despidió: era hora de que Santiago se encontrase con su tesoro.
El héroe de la historia, caminó durante dos horas y media por el desierto hasta que, detrás de una duna, divisó a las pirámides. Ahí lloró de emoción. Sobre el lugar donde habían caído sus lágrimas se paseó un escarbajo. Acostumbrado a leer el lenguaje del mundo, el muchacho comenzó a cavar en ese sitio. Cavó durante toda la noche sin encontrar nada, el viento le tiraba arena en el pozo y a Santiago las manos le sangraban por el esfuerzo.
De repente sus dedos se toparon con unas piedras. En ese mismo instante aparecieron unos ladrones, que le robaron el pedazo de oro que le había entregado El Alquimista y, creyendo que en el pozo había más, obligaron a Santiago a seguir cavando. Como no aparecía nada, los ladrones comenzaron a pegarle: no dejaron de hacerlo hasta el amanecer.
Por entre sus labios tumefactos y partidos Santiago pudo decir qué era lo que hacía ahí: estaba buscando un tesoro. Uno de los ladrones se echó a reír. No puedes ser tan estúpido, dijo. Aquí mismo, en este lugar donde estás ahora, yo también tuve un sueño repetido hace dos años: soñé que debía ir hasta los campos de España y buscar una iglesia en ruinas donde los pastores acostumbran a dormir con sus ovejas. Según el sueño, continuó el ladrón, si yo cavaba debajo de un sicómoro, que había en la sacristía, encontraría un tesoro. Pero no soy tan estúpido para creer esas cosas. Después de decir esto se fue.
Santiago se levantó con dificultad y miró las pirámides: había encontrado su tesoro.
El muchacho regresó a España, y se dirigió a la iglesia abandonada, aquella en la que había pasado la noche con sus ovejas. Cavó debajo de las raíces del sicómoro y encontró un baúl lleno de monedas españolas.
En ese momento el levante comenzó a soplar y le trajo el perfume de una mujer que él conocía. Santiago dijo: Ya voy, Fátima.




EL DEBATE (¿IDEOLÓGICO?)


Puesto que la muerte debe estar en algún lugar de la sociedad...
¿Creemos en realidad que podría no estar en ningún lugar?
Roland Barthes
(1990: ...)

El camino hacía la riqueza depende fundamentalmente
de dos palabras: trabajo y ahorro.
Benjamin Franklin

En el comentario de la contratapa de la novela de Hesse se ha escrito lo siguiente: " [...] En las sucesivas fases de la evolución que sufre la vida de Siddharta [...] se reconoce la busca de un nuevo y auténtico destino del hombre a través de la nobleza estoica y de lo que se ha dado en llamar el 'enriquecimiento por sustracción', contrapuesto al 'enriquecimiento por adición' tan estrepitosamente proclamado como ideal en la civilización occidental capitalista".
Existe un estudio, realizado por Katz, Blumler y Gurevitch, que da cuenta de los usos y gratificaciones que los medios aportan a su público. Estas investigaciones aparecieron junto a una lista de las funciones cumplidas por algún contenido específico o por el medio en cuestión: comparar el ingenio propio con el ajeno, obtener información o consejo para la vida cotidiana, dar una cierta estructura a la propia existencia, prepararse culturalmente para las exigencias de ascenso social, o ver confirmadas la dignidad y la utilidad de la misión de cada uno en la vida".1
¿Qué pueden aportar, al público lector, las obras objeto de nuestro análisis?
Siddharta, va encontrándose con su esencia a lo largo de la vida, y es en la vejez cuando encuentra la iluminación, de la que es testigo su amigo Govinda. Mientras que Santiago, el héroe de El Alquimista, siendo todavía un muchacho, y con todos los años por delante, resuelve su vida: es rico, tiene el amor de una muchacha, y es sabio. Creemos que el acierto de El Alquimista, precisamente, está ligado a este proyecto más que nunca del hombre de hoy: tener dinero, ser joven e inteligente (o astuto). La temática de El Alquimista parece anudada al proyecto iluminista.
El hombre de hoy le tiene repugnancia a la muerte. Horkheimer y Adorno afirman que la lógica de la racionalidad y la racionalización propugnan "liberar a los hombres del miedo" a través de la imperiosa fuerza de la razón: "Absolutamente nada queda fuera, porque la sola idea de estar fuera es la propia fuente del miedo... El hombre se imagina a sí mismo libre del miedo donde no existe nada desconocido". A través del control racional y del dominio (sobre la naturaleza y sobre la naturaleza humana), del racionalismo y del positivismo, "su proyecto final", ha intentado acabar con las fuerzas del miedo mortal.2
Siddharta es un libro incómodo, molesto. Propone a un hombre que, para alcanzar la plenitud, debe aceptar la muerte, o alguna forma de muerte (¿Y qué es ser viejo en esta época, sino un tipo de muerte?). Muertes que derivan luego en resurrección, sólo que los tiempos que duran estas muertes, están muy lejos de los tiempos que maneja el hombre de hoy. Se le hace insoportable cualquier forma de contradicción, de espera. Y por eso se resiste, y en esa resistencia, demora aún más los frutos de la resurrección. El hombre actual le tiene adversión al dolor.
Siddharta, con su programa: "Pensar, esperar, ayunar", se acerca a la lógica de muerte y resurrección propuesta por el catolicismo; mientras que Santiago parece hundir sus raíces en la Ética protestante de Weber, en la que se desprende que, ser exitoso en los negocios, cuenta con el guiño divino.3 El personaje de Hesse está en las antípodas del pensamiento de Franklin quien dejó escrito: "Tiempo es dinero".
El valor del tiempo es ilimitado, escribe Max Weber en su Ética..., una hora desperdiciada equivale a una hora substraída a la labor destinada a la glorificación de Dios, razón por la cual pierde su valor y, en algunas ocasiones, hasta resulta así mismo censurable moralmente la contemplación inactiva [...] ya que ella no es tan del agrado de Dios como la observancia de la voluntad en la profesión; además, que ya se cuenta con el séptimo día para aprovecharlo en la contemplación.4
Podrá contraargumentarse que, Santiago, también dedicó parte de sus días al ocio; sin embargo, comparado con el personaje de Hesse, el muchacho de El Aquimista resolvió su "pleito" con la vida en los albores del séptimo día de su existencia, luego se dedicará, sin dudas, a disfrutar de su dinero, su mujer y su conocimiento. Este es un libro que encaja perfecto en la ideología del aquí y ahora, y que viene a llenar algún tipo de necesidad de los hijos de esta época.

Orden e progreso
Jean Paul Sartre, en Las palabras, habla acerca de sus lecturas de cuando era chico: "El Enemigo (se refiere al enemigo del héroe) [...] servía a la causa del Bien; noté, en efecto, que la vuelta al orden suponía un progreso, muestras de admiración, dinero".5
En relación a lo expresado por Sartre proponemos los siguientes encadenamientos semánticos:

Gui?o Santiago=orden= mercado
Gui?o Siddharta=desorden=asceta

El progreso está ligado al orden. Podemos preguntarnos, sin embargo, ¿de qué modelo de orden estamos hablando?
De manera que, estamos convencidos, proponer El Alquimista en el ámbito educativo, ayuda a mantener el statu quo, lo instituido.
Los mitos sociales, dice Franz Hinkelammert en tanto cristalizaciones de sentido son una pieza clave en el sostenimiento de lo instituido. Con sus narrativas particulares forma el universo de significaciones imaginarias que instituye cada institución. Los mitos sociales constituyen piezas claves en el disciplinamiento y policiamiento de una sociedad, operan por la repetición de sus narrativas. Son totalizadores, pues homogeneizan y violentan lo diverso.6
Castoriadis, sostiene que la sociedad se mantiene unida a través de la consolidación y reproducción de sus producciones de sentido (Imaginario social). Sentidos organizadores (mitos) que sustentan la institución de normas, valores y lenguaje por los cuales una sociedad puede ser visualizada como una totalidad. Normas, valores y lenguajes no son sólo herramientas para hacer frente a las cosas, sino más bien son los instrumentos para hacer las cosas. La institución de la sociedad produce individuos, quienes a su vez, están en condiciones de reproducir dicha sociedad.7
Lasswell (1948), por su parte, postuló que los medios servían funciones de vigilancia del entorno, de correlación, de entretenimiento y de transmisión cultural (o socialización cultural) para la sociedad en su conjunto.8

Normalmente, vivimos atravesados por rutinas que dejan mínimos espacios para profundizar el devenir de la cotidianeidad (las rutinas nos agobian como las repeticiones, que analizaremos luego en El Alquimista). Si deseamos ocuparnos en una buena lectura, o compartir una conversación con un amigo, debemos abrir el tiempo (¿el domingo?) a golpes de machete. La semana, su ritmo, nos hace pensar y actuar, a veces, como no queremos.
Nuestra interioridad se manifiesta en la exterioridad. Es decir, en los hábitos y en las prácticas cotidianas no sólo hacemos cosas, también exteriorizamos una interioridad.

Mirar el mundo
No es la acción, dice Hannah Arendt, sino la contemplación de la acción lo que revela "la otra cosa", es decir, el significado del todo. Es el espectador, no el actor, quien posee la clave del significado de los actos humanos. 9
Casi un siglo antes y desde la ficción, Balzac, en El médico de aldea, propone: "Los habitantes, aglomerados gradualmente, no han podido juzgar en conjunto por participar en el movimiento".10
De manera que, esta velocidad con la que consumimos nuestra existencia, nos vuelve poco aptos para percibir la historia y actuar en consecuencia.
Si, como expresamos antes, tan sólo dedicamos un jirón de la semana a actividades orientadas a la contemplación, no será suficiente para reeligarnos con nuestra condición humana. Si de 168 horas que tiene la semana sólo entregamos 4 a tal fin, comprobaremos que nos vamos quedando y ajustando al ambiente. Nuestra vida (setenta, ochenta años, tal vez noventa los más favorecidos) ocupa una parte pequeña (aunque necesaria) en la línea de la historia universal; sin embargo, aturdidos por la velocidad del diario vivir, ese segmento de la línea corre el riesgo de reducirse a un punto que casi no se percibirá, que se volverá enexistente.
Las transformaciones de sentido, dice Castoriadis, lo instituyente opera siempre con la resistencia de aquello consagrado, instituido, que hasta tanto no sea trastocado, opera como regímenes de verdad. No hay sociedad sin mito. Los mitos que una sociedad instituye son cristalizaciones de significación que operan como organizadores de sentido en el accionar, pensar y sentir de los hombres. En el imaginario social, continúa, anidan dos dimensiones, por una lado su capacidad de conservar lo instituido, por el otro su potencialidad instituyente de transformación.11
¿Qué transformación?, nos preguntamos y, nuevamente, recurrimos a la contratapa de Siddharta: "En el amor, y singularmente en la plenitud del amor a las cosas inmediatas (una piedra, un árbol, el susurro del viento) está la compensación que equilibra espíritu e instinto, yo y universo; en el secreto y silencioso retorno de Siddharta a los bosques, tras su deslumbrante conquista del mundo ideológico (lo vivió y se asqueó: no se lo contaron. El subrayado es nuestro) y del cosmos material, que para nada le sirven, están la verdadera liberación de todo vasallaje y la identificación del hombre consigo mismo.
Castoriadis hace una diferenciación entre imaginario social efectivo (instituido) e imaginario social radical o instituyente. En el imaginario social efectivo los universos de significaciones sociales operan como organizadores de sentido de los actos humanos estableciendo líneas de demarcación de lo lícito a lo ilícito, de lo permitido y lo prohibido, lo bello y lo feo, etc. 12
Es importante remarcar, dice el autor De lo imaginario social a lo imaginario grupal, este aspecto instituyente del imaginario radical, ya que en tanto da cuenta de las líneas de fuga que los deseos posibilitan en relación al disciplinamiento social inscribe la cuestión en dos planos simultáneos. Por un lado establece la relación entre Imaginario social, deseo y producción de utopías y por otro instala la cuestión del poder en el centro mismo de la producción de subjetividad.13
Retomando esta idea de las líneas de fuga, nos parece que incluir a Siddharta en un debate bibliográfico aúlico puede aprovecharse y entenderse como un intersticio dejado por el sistema. Cabe abrirnos a la contingencia de pensar que los alumnos no habrían tenido la posibilidad de experimentar a Siddharta si no hubiese aparecido El Alquimista.
Recapitulando, creemos que el libro de Coelho, el estilo en que está escrito y su temática, favorecen un lector pasivo y, como dirían los pos-estructuralistas, la reproducción de la ideología social.
Por otro lado, la novela de Hesse, le apunta a la textualidad dominante, reivindica la vanguardia que va contra la doxa e intenta romper con el entramado cultural burgués.




CONSIDERACIONES AL ESTILO COELHO

A continuación presentamos una serie de apartados que dan cuenta del estilo con que está escrito El Alquimista.

Story line: una escritura apurada para un lector apurado

I - Actitudes inverosímiles de los personajes de El Alquimista:

Lo creíble, lo verosímil, necesita ser construido o creado palabra por palabra como se encajan los ladrillos para levantar una pared. Si en lugar de ladrillos de barro cocido utilizamos huecos de cerámica, se notará enseguida el ruido, la interrupción en la trama. Posiblemente, ese ruido permanezca algún tiempo en la memoria del espectador, y con un poco de suerte se olvidará. Si ese ruido se repite, una y otra vez, atenta contra la totalidad de la pared. Atenta contra la totalidad de la obra.
Delinear argumentos creíbles no es tarea sencilla. Platón se quejaba porque, en los tribunales, la gente no se preocupaba por decir la verdad, se afanaba, más bien, por persuadir. Y la persuación, decía, depende de la verosimilitud. La cuestión radicaba, entonces, en plantear cosas creíbles, no necesariamente verdades. Todorov estableció una explicación respecto a cómo varió en el tiempo la acepción de la palabra verosímil.
Estableció cuatro momentos. El tercero, según la clasificación de Todorov, se refiere a lo verosímil como aquello que se adapta a las reglas como géneros discursivos. En los clásicos franceses se encuentra ya un tercer sentido: la comedia tiene su propio verosímil, diferente del de la tragedia; hay tantos verosímiles como géneros. Ejemplo: En el género trágico participan personajes elevados, entonces éstos no deben tener un vocabulario soez: debe adaptarse a las reglas propias del género.
Retomando el tercer momento de la taxonomía de Todorov, proponemos a continuación una serie de actitudes y razonamientos inverosímiles por parte de los personajes de El Alquimista.


1- Santiago:

pág. 30 [...] El muchacho rió feliz. ¡Iba a ahorrase el poco dinero que tenía [...] La vieja debía ser realmente gitana, porque los gitanos tenían una forma de ser un poco tonta.
Esta forma de pensar no está en la línea del tipo de persona (Santiago) que se presenta a lo largo de la novela.

pág. 31: El muchacho salió decepcionado y convencido de que no creería más en sus sueños. Se acordó de que tenía varias cosas por hacer.
¿Se acordó?, ¿podía olvidarse a qué había ido a esa ciudad?

pág. 40: Maldita sea la hora...
Esta sentencia no encaja en la forma de ser de Santiago.

pág. 40: Alguien le había explicado en cierta ocasión que por ahí llegaron los moros [...] Y el muchacho detestaba los moros. Además, habían sido ellos los que trajeron a los gitanos...
Es inverosímil que el muchacho deteste a los moros. En toda la novela se vio que Santiago amaba hasta los cascarudos. También, en la última oración, vemos un error de construcción que desemboca en un yerro en el punto de vista del narrador: Además, habían sido ellos los que trajeron a los gitanos..., ¿Quién dice ésto?

pág. 78: El muchacho jura por Jesucristo... pág. 81: Tira el libro... ¡Es superticioso!,
¿No había sido seminarista?

pág. 83 Maktub es una palabra misteriosa...
Sin embargo el lector encuentra que demasiada gente la menciona: pág. 83: Un camellero; pág. 96: Santiago; pág.100: Fátima.

pág.155: Se duerme sin darse cuenta...
¿Sin darse cuenta? Se está definiendo la novela, nos encontramos en el epílogo y Santiago se duerme sin darse cuenta.


2- El inglés:

pág.74: Tengo que conocer a este maldito Alquimista.
El calificativo "maldito" es inadecuado, puesto que él mismo desea convertirse en un alquimista y hace años que peregrina para conseguirlo.

pág. 74: ... tendría con quien conversar (se refiere a conversar con Santiago) cuando no estuviese ocupado en cosas importantes.
El lector ya dedujo que El Inglés y Santiago tendrán una buena relación, de manera que el recurso es infantil.


3- El monje:

pág. 146: El monje estaba un poco harto... ( se refiere a la guerra).
Pero un monje, en el medio del desierto, sólo él y su alma, ¿está harto?


II - La palabra devaluada

Paulo Coelho, a lo largo de El Alquimista, hace alusión a frases bíblicas. Sin embargo, no se encarga de aclarar que éstas pertenecen al Evangelio, por ejemplo:

pág. 114: El mal no es lo que entra en la boca del hombre- dijo El Alquimista -. El mal es lo que sale de ella. Esta cita puede encontrarse en Mt. 15. 10

pág. 115: Pero no olvides que tu corazón está junto a tu tesoro. Evangelio de Lc. 12. 34

pág. 125: Porque donde él esté es donde estará tu tesoro. Evangelio de. Lc. 12. 34

De todas maneras, que Coelho cite o no al Evangelio, no hace a la cuestión de fondo. Carlos Saúl Menem, tampoco lo hizo aquella vez que pronunció su discurso cuando asumió como presidente de la Nación, el 8 de julio de 1989. En esa oportunidad Menem citó a Borges; intentó frases del Evangelio; adoptó y adaptó poesías de la Madre Teresa de Calcuta; igualmente lo hizo con una frase del Papa con motivo de su segunda visita a la Argentina.14
Tiempo atrás, ¿se podía citar a Cristo, o a Gandhi sin costo? Antes, había que encargarse de la palabra dicha. No cumplir la palabra, condenaba al decidor. Existía algún tipo de reproche social, un vacío alrededor del incumplidor. Sobrevenía un reclamo de la historia. Por eso, había cierto pudor para utilizar determinados conceptos o plabras.
La pregunta que nos hacíamos frente a aquel discurso de Menem era la siguiente: Quién se atrevería, ahora, a citar a Borges, a la Madre Teresa sin asociar estas citas al ex-presidente. Otra: ¿Se atrevería Juan Pablo II a repronunciar hoy: "¡Argentina levántate y camina!"?
Estas frases de Coelho que remiten al Evangelio, nos recuerdan el estilo Menem.
Si se lee un libro pobremente escrito, pero que contiene frases fundantes e inconmovibles, como las que antes mencionamos; luego, cuando se lea la Biblia, por ejemplo, y ahí se descubra o redescubra esas frases posíblemente, el lector, traspole o lo conecte con el mismo sentimiento y/o análisis que le produjo la lectura de aquél pobre libro.


III - Narrador inoportuno

Abelardo Castillo cuenta una anécdota: "Había un pintor al que llamaban 'el pintor de los árboles' porque pintaba árboles con una perfección fotográfica; un día pasa un chico, mira el caballete, y le pregunta qué está pintando. "Ese árbol que está ahí", contesta el pintor, y el chico, después de mirar el árbol, le pregunta: "¿Y para qué lo pintás, si ya está ahí?". Los árboles de van Gogh no están en la realidad, dice Castillo, están en los cuadros de van Gogh y en nuestra imaginación, son levemente distintos de la botánica, están cargados de angustia y pesadilla [...] En literatura pasa exactamente lo mismo. Uno pinta lo que está del otro lado de la realidad".
Esta cita nos servirá para relacionar al narrador de El Alquimista con el "El pintor de los árboles". Coelho, con sus intervenciones, se asemeja a algún tipo de hiperrealismo literario: pinta el árbol, completo y, además, se encarga de explicar una por una sus partes y la función que le ha sido destinada en el todo.

pág. 42: Porque la vida quiere que vivas tu leyenda personal.[...] Para llegar hasta él tendrás que seguir las señales. Dios escribió en el mundo el camino que cada hombre debe seguir. Sólo hay que leer lo que Él escribió para tí.

pág. 45: El muchacho guardó silencio. Había comprendido la historia del viejo rey. A un pastor le gusta viajar, pero jamás olvida a sus ovejas.

pág. 64: Ese día el Mercader dio permiso al muchacho para construir la estantería. No todos pueden ver los sueños de la misma manera.

pág. 67: A veces es imposible detener el río de la vida.

pág. 76: Al contrario. Los pastores fueron los primeros en reconocer a un rey que el resto del mundo rehusó reconocer. Por eso es muy probable que los reyes conversen con los pastores. [...] Está en la Biblia- continuó el inglés temiendo que el muchacho no lo comprendiera.
El narrador no está preocupado por el Muchacho, por supuesto, está preocupado por el lector y lo trata como a un chico que intenta sus primeros palotes en el 1º año del Jardín de Infantes.

pág. 79: He cruzado muchas veces estas arenas- dijo un camellero [...] hacen que uno se sienta pequeño y permanezca en silencio.
El muchacho entendió lo que el camellero quería decir...
¡Todos entendimos!

pág. 96: Allí estaba el puro lenguaje del mundo, sin explicaciones, porque el Universo no necesita explicaciones para continuar su camino en el espacio sin fin [...] Porque sin esto no habría ningún sentido para los sueños de la raza humana.

pág. 121: El hombre hablaba usando el lenguaje de la Alquimia. Pero el muchacho sabía que se estaba refiriendo a Fátima.



IV - Zancadilla al pie de página

Hablar de Don Quijote de la Mancha es hablar de la novela fundante. Sin embargo, no deben ser pocos los lectores que saltan esos alambrados que constituyen los pies de página. Podríamos calificar de lenta, engorrosa y fustrante, cualquier lectura (sobre todo literaria) que reenvía constantemente al pie de página: atenta contra el clima de la obra, que tanto le cuesta conseguir al autor. El Alquimista no es el Quijote. Tampoco tiene esa cantidad de citas, pero las hay:

pág. 21: Sicómoro, Sacristía.
pág. 22: Cayado.
pág. 57: Alminar.
pág. 73: Esperanto.
pág. 82: Beduino.
pág. 112: Cimitarra.
pág. 133: Tiara.
pág. 139: Siroco.
pág. 141: Simún.
pág. 145: Copto.
pág. 149: Centurión, Rabino.

¿Pueden resolverse las palabras difíciles de otra manera? Pueden, ya lo conversaremos al ocuparnos del estilo de Hesse.


V - Errores de construcción

pág. 34: El muchacho notó que vestía una ropa extraña; parecía un árabe, lo cual no era raro en aquella región [...] Muchas veces aparecían árabes en la ciudad...

pág. 96: Cambia el punto de vista del narrador:
Allí estaba el puro lenguaje del mundo, sin explicaciones, porque el Universo no necesita explicaciones para continuar su camino en el espacio sin fin [...] Todo lo que el muchacho entendía en aquel momento [...] porque cuando nos sumergimos en él es fácil entender...
A partir del sistema de igualdades o desigualdades propuesto por Todorov en lo que respecta a las relaciones de concimiento entre narrador y personaje, tenemos:
1) El Narrador sabe más que el Personaje, o dice más de lo que sabe cualquiera de los Personajes.
2) El Narrador no dice más de lo que sabe el Personaje.
3) El Narrador dice menos de lo que sabe el Personaje.
Hemos intentado comprender la construcción arriba mencionada desde esta propuesta de Todorov. La primera parte corresponde a la clasificación "1)", esto es el Narrador sabe más que el Personaje, como ocurre a lo largo de la novela. Luego, en el párrafo analizado, se produce un cambio en el punto de vista: nos sumergimos. Se trata de una invasión del autor-narrador, dicho de otro modo: de un error de construcción.
No obstante, cabe abrirnos a la posibilidad que, en el original de El Alquimista, no existan errores de construcción y que éstos se deban al traductor. En este caso, despegaríamos a Coelho el cartel "Responsable". Sin embargo, esto no es lo importante; lo importante es que, esta edición de El Alquimista, así escrita como está, es la que circula por las aulas argentinas.


VI - Adjetivación

pág. 67: bellos cristales [...] preciosas jarras.
pág. 94: El inglés se quedó decepcionadísimo.

Horacio Quiroga dejó unas máximas, "Decálogo del perfecto cuentista", se titulan. El punto siete reza así: "No adjetives sin necesidad. Inútiles serán cuantas colas adhieras a un sustantivo débil. Si hallas el que es preciso, él solo tendrá un color incomparable. Pero hay que hallarlo".
Abelardo Castillo, también hizo su aporte: "Nunca adjetives en orden decreciente, nunca digas: 'Era una montaña titánica, enorme, alta'. Si no te das cuenta por qué, nadie puede ayudarte. Si adjetivaste en la dirección correcta tampoco te creas un gran estilista. Tal vez buscabas el último adjetivo y te olvidaste de borrar los otros dos".
Otra forma de resolver el adjetivo calificativo que se busca, es recurriendo a una acción. Ejemplo: Un personaje que está esperando ansiosamente a alguien, puede resolverse:
Opción 1) Juan esperaba con impaciencia a Pedro.
Opción 2) Juan consultó el reloj del living. Se dirigió a la puerta, la abrió, miró hacia afuera. Miró su reloj pulsera. ¿Dónde se habrá metido Pedro?- dijo.
La segunda opción es más larga y requiere algo más de trabajo elaborarla. Sin embargo, a nuestro juicio, favorece al clima del relato.

Aquí también vale la observación que hicimos, respecto a la traducción, en el apartado anterior.


VII - Empedrados

En la Biblia, en el Antiguo Testamento, sobre todo, es frecuente encontrar la expresión: "Recuerda Israel"... "Recuerda Israel cuando te saqué de Egipto, etcétera, etcétera". La primera impresión que se nos presenta es la de pensar que, el pueblo Judío, era un pueblo ingrato, acaso desmemoriado. Y tal vez lo fuera, o lo sea. También es cierto que, la repetición, está ligada a la cultura oral.
A continuación ofrecemos un ejemplo, a partir de la lectura de la profecía de Ezequiel 34, 1-11:
La palabra del Señor me llegó en estos términos: ¡Profetiza, hijo de hombre, profetiza contra los pastores de Israel! Tú dirás a esos pastores: Así habla el Señor: ¡Ay de los pastores de Israel que se apacientan a sí mismos! ¿Acaso los pastores no deben apacentar el rebaño? Pero ustedes se alimentan con la leche, se visten con la lana, sacrifican a las ovejas más gordas, y no apacientan el rebaño. No han fortalecido a la oveja débil, no han curado a la enferma, no han vendado a la herida, no han hecho volver a la descarriada, ni han buscado a la que estaba perdida. Al contrario, las han dominado con rigor y crueldad. Ellas se han dispersado por falta de pastor, y se han convertido en presa de todas las bestias salvajes. Mis ovejas se han dispersado, y andan errantes por todas las montañas y por todas las colinas elevadas. ¡Mis ovejas están dispersas por toda la tierra, y nadie se ocupa de ellas ni trata de buscarlas!
Por eso, pastores, oigan la palabra del Señor. Lo juro por mi vida -oráculo del Señor-: Porque mis ovejas han sido expuestas a la depredación y se han convertido en presa de todas las fieras salvajes por falta de pastor; porque mis pastores no cuidan a mis ovejas; porque ellos se apacientan a sí mismos, y no a mis ovejas; por eso, pastores, escuchen la palabra del Señor: Así habla el Señor: Aquí estoy yo contra los pastores. Yo buscaré a mis ovejas para quitárselas de sus manos, y no les dejaré apacentar mi rebaño. Así los pastores no se apacentarán más a sí mismos. Arrancaré a las ovejas de su boca, y nunca más ellas serán su presa. Porque así habla el Señor: ¡Aquí estoy yo! Yo mismo voy a buscar mi rebaño y me ocuparé de él.
Palabra de Dios.
Como puede observarse en el tejido de este párrafo, hay una profusión de las palabras pastor y oveja-rebaño. No tenemos ninguna objeción, puesto que sabemos en qué contexto fueron proclamadas estas palabras. Dijimos antes que se trataba de una cultura donde la historia del pueblo, Israel en este caso, era transmitida de generación en generación a través de la palabra.
Volvemos a El Alquimista. Aquí también nos encontramos ante repetición de palabras, frases y sentencias. Presentamos a continuación la siguiente lista:

Repetición de palabras, oraciones, sentencias:

Ø Entre la página 124 y la 126 (tres páginas) se repite 22 (veintidos) veces la palabra corazón.

Ø Se acordó, o recordó: puede hallarse en las páginas: 21, 27, 28, 31, 32, 38, 40, 41, 43, 48, 53, 54, 70, 71, 72, 79, 80, 80, 86, 98, 100, 102, 109, 110, 111, 118, 118, 123, 128, 152, 155, 155, 156: 33 (treinta y tres) veces.

Ø Lenguaje del mundo: páginas: 29, 30, 90, 91, 93, 101, 107, 111, 118, 146, 151: 11 (once) veces.

Ø Leyenda personal: páginas: 36, 36, 36, 36, 36, 37, 37, 38, 38, 42, 42, 43, 46, 62, 78, 94, 99, 110, 111, 113, 114, 118, 118, 118, 119, 122, 123, 127, 130, 130, 132, 132, 132, 135, 136, 136, 140, 142, 142, 146, 150, 151, 151, 151, 156: 47 (cuarenta y siete) veces.

Ø Alma del mundo: páginas: 37, 84, 84, 85, 88, 99, 100, 102, 103, 103, 106, 108, 109, 110, 121, 123, 125, 128, 128, 131, 131, 141, 142, 142, 142, 142, 143, 143, 144: 29 (veintinueve) veces.

Ø Cuando alguien quiere algo, todo el universo conspira para que esa persona lo logre: páginas: 37; 52; 94; 114; 120: 5 (cinco) veces.

En las 135 (ciento treinta y cinco) páginas que componen El Alquimista hay 147 (ciento cuarenta y siete) repeticiones. Esto supone que el lector se topa con una repetición en cada hoja del texto de Coelho,
Estas repeticiones, caídas una tras otra sin piedad, se asemejan al rezo de un un mantra. Para tener una idea sonora de lo que, por momentos, puede provocar leer el texto de Coelho, invitamos a escuchar el canto lamaísta (Enciclopedia Encarta 2000. Los lamas tibetanos, o monjes, celebran el culto recitanto textos sagrados y salmos acompañados de instrumentos. Mientras cantan de forma monótona, el lama repite con frecuencia el mantra que aquí se oye: om mani padme h'um, que significa, "oh joya de loto, amén").
A partir de este apartado, "VII - Empedrados", se nos presentan dos derivas: O Paulo Coelho no escribe bien; o Paulo Coelho sabe que su lector (¿el lector de este tiempo?) es un lector distraído, disipado, disperso y ha encontrado, en la repetición al igual que un percutor, la manera de instalársele en la memoria.
Respecto a esto, Vandendorpe, en su libro Del papiro al hipertexto, dice: "... las sonoridades siguen representando un papel esencial en poesía, al punto de que Breton no vacilará en afirmar que 'los grandes poetas fueron auditivos, no visionarios' (cit. por Meschonnic, 1970:103). Y la tabularidad auditiva sigue siendo muy buscada también por algunos lenguajes especializados, como el discurso político y la publicidad, que evidentemente tienen interés en que un mensaje se imprima de forma duradera en las memorias.15





CONSIDERACIONES AL ESTILO HESSE

... y así como por las uñas del león
se viene en conocimiento de su grandeza y ferocidad...
El licenciado Vidriera
Miguel de Cervantes
(1995:36)


En otro apartado, en el referido al debate ideológico, intentamos justificar el por qué de la elección de Siddharta en las aulas; aquellas conversaciones estaban enfocadas en la mirada que, la obra de Hesse, proponía sobre el mundo y su marcha.
Seguidamente nos proponemos acentuar cuestiones atinentes al manejo de la pluma. Estas observaciones al estilo de Siddharta, no pretenden presentarlo ante los lectores, sólamente, como un creador de climas; también, tienen el objetivo de mostrar a los alumnos cómo se puede caracterizar un personaje, cómo una descripción, etc.


I - Caracterizaciones de algunos de los personajes.

1 - El padre de Siddharta:
Su padre era digno de admiración; su comportamiento resultaba sosegado y noble, su vida pura, su palabra sabia, los pensamientos de su frente (obsérvese la metáfora) delicados y aristocráticos. Pero él, que sabía tanto, ¿vivía en la bienaventuranza, tenía la paz?

2 - El amigo de Siddharta:
Govinda era el que más amaba a Siddharta, su amigo, el hijo del brahmán. Sentía afecto por la mirada de Siddharta y por su cálida voz; gustaba de su manera de andar y de sus armoniosos movimientos [...] Pero lo que veneraba más era su inteligencia, sus altos pensamientos ardientes, su férrea voluntad y su vocación sublime.


II - Verosimilitudes.

Retomamos los consejos de Horacio Quiroga. El punto 8º, del Decálago del perfecto cuentista, dice:
"Toma los personajes de la mano y llévalos firmemente hasta el final, sin ver otra cosa que el camino que les trazaste. No te distraigas viendo tú lo que ellos no pueden o no les
importa ver [...]"

Analizaremos algunos rasgos de Govinda, amigo de Siddharta. Comprobaremos, como dice Quiroga, que Hesse mantiene hasta el final el carácter de este personaje.

Contexto: Siddharta y Govinda, jóvenes, en los principios de sus caminos espirituales.

Govinda contestó:
-Hemos aprendido y seguiremos aprendiendo. Tú serás un gran samana, Siddharta. Has aprendido rápidamente todos los ejercicios, y a menudo has dejado admirados a los viejos samanas. Algún día serás un santo, Siddharta.
y Siddharta replicó:
-No soy de la misma opinión, amigo. Lo que hasta el día de hoy he aprendido de los samanas, Govinda, lo hubiera podido aprender más rápidamente y con mayor sencillez en otro lugar. Se puede aprender en cualquier taberna de un barrio de prostitutas, amigo mío, entre arrieros y jugadores.
Govinda exclamó:
-Siddharta, ¿quieres burlarte de mí? […]


Contexto: Siddharta y Govinda, ancianos, hace años que no se ven y se encuentran en las postrimerías de sus caminos espirituales.

Siddharta declaró:
-Tú ya sabes, amigo, que de joven, cuando vivía con los ascetas, en el bosque, llegué a creer que debía desconfiar de las doctrinas y los profesores, y darles la espalda [...] Sin embargo, de quien aprendí más fue de este río y de mi antecesor, el barquero Vasudeba. Era una persona muy sencilla; no se trataba de ningún filósofo, y sin embargo, sabía tanto como Gotama: era perfecto, un santo.
Govinda exclamó:
-¡Me parece, Siddharta, que todavía te gusta la burla! [...]


Otro rasgo de Govinda, el de la dependencia de Siddharta, que Hesse mantiene hasta el final.
En el comienzo de la obra se están definiendo los personajes y de Govinda se dice:
...era el que más am

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