Mi?rcoles, 17 de octubre de 2007
Publicado por JorgeSagrera @ 18:22
Comentarios (0)  | Enviar
Arendt y Foucault, un di?logo inventado.


Por: Jorge Luis Sagrera



Lleg? 20 minutos despu?s de lo acordado. Arendt estaba contra la venta ojeando El horla, de Maupassant.
-Disculpe la demora- dijo Foucault -, cuando ven?a para ac?, me demor? en una manifestaci?n.
-?Frente a la c?rcel?- dijo Arendt, por encima de los anteojos.
-Justamente.
-Tuve que desviarme bastante para poder llegar a horario- dijo Arendt.
Foucault, con un gesto, casi una reverencia, invit? a Hannah a sentarse. La autora de La condici?n humana, regres? El horla a su estante y luego se acomod? en un sill?n basculante de esterilla y roble.
-?Qu? le?a?- dijo Foucault.
-El Horla- dijo Arendt.
-Nadie como ?l para retratar el tema de la locura.
-Sus personajes- dijo Arendt -, me han quedado grabados con gran intensidad.
Foucault asinti? con la cabeza, despu?s mir? a derecha y a izquierda, dijo:
-?Nuestros anfitriones?
-Los tres en la cocina- dijo Arendt - : Silvia revisa el grabador; Stella acomoda la c?mara fotogr?fica y Jorge prepara el mate.
-?Mate?- dijo Foucault -, creo que hemos intimidado a estos muchachos.
-Posiblemente... ?ley? los textos?
-S?- dijo Foucault -, qu? le parece si vamos conversando un poco...
Arendt mir? hacia la cocina. No iba a ser tan sencillo sacarnos de ah?.
-Est? bien- dijo.
-Creo que en esta conversaci?n- dijo Foucault -, debemos incluir a Norma.
-Estoy de acuerdo, pero... ?por qu? lo dice?
-Estos muchachos nos ped?an conversar respecto a Jorge Semprun y el pap? de Norma, nada m?s. Sin embargo, Norma es quien empuja a su padre a realizar una arqueolog?a de su locura.
-S?- dijo Arendt-, necesita del relato para acercarse a la verdad... "Todas las penas pueden soportarse si las ponemos en una historia o contamos una historia sobre ellas".
-Isak Dinesen- dijo Foucault.
Arendt se qued? callada un momento, parec?a que su pensamiento anidaba en otro sitio.
-Hay en los dos textos, en La escritura y la vida y en El momento justo equivocado, una apelaci?n a la memoria y al olvido.
Foucault y Arendt ya hab?an comenzado a hablar: los muchachos no pod?an ingresar en el living as? nom?s, graciosamente, y decir "?Buenas, buenas!", como si se tratara de un d?a de campo. Romper?an el clima. Silvia puso en marcha el grabador y lo acerc? a la hendija que ofrec?a la puerta entreabierta. Stella deber?a esperar para sacar sus fotos. Jorge ceb? el primer mate.
-Olvido como un proceso psicol?gico- continu? Arednt -, para que haya memoria, es imprescidible que haya olvido.
-Fue necesario que transcurriera un buen tiempo- dijo Foucault -, para que Semprun diera a la luz La escritura o la vida.
-Los movimientos totalitarios- dijo Arendt - intentan reducir, la existencia de los hombres, s?lo a la labor y el trabajo. En Buchenwald no hab?a muchas posibilidades para el arte, sin embargo...
Foucault llev? el dedo ?ndice al cuello de su polera blanca de lana y la estir? hacia abajo.
-Hace calor- dijo.
-Por qu? no se quita la polera.
-Sucede que, en la fotas m?s representativas, aparezco con esta polera blanca.
-Algo similar le ocurre al Ch?- dijo Arendt -, est? obligado a posar siempre de la misma manera.
Foucault regres? el cuello de la polera a su lugar.
-Otra cosa que podr?amos conversar- dijo -, es la actitud pintoresca del jardinero que "zamarreaba con violencia un ?rbol". Parece que, ah?, podemos reflexionar respecto al biopoder. El jardinero intenta acelerar el devenir natural de la Creaci?n. En ese sentido, lo dice usted en El movimiento totalitario, el nazismo cre?a en doctrinas como la siguiente: "Cuanto m?s cuidadosamente reconocemos y observamos las leyes de la naturaleza y de la vida..., tanto m?s nos ajustamos a la voluntad del Todopoderoso".... El jardinero baj? hojas, el nazismo baj? hombres.
Jorge ofreci? un mate a Stella. Olvid? que no le gustaba. Dijo "No", no fue un susurro.
Foucault dej? de hablar y mir? a Arendt.
-Por qu?- dijo Foucault.
-Por qu?, qu?- dijo Arendt.
-Por qu?, "no".
-No abr? la boca- dijo Arendt -, lo estaba escuchando atentamente.
Foucault se quit? los anteojos y comenz? a limpiar los cristales con un pa?uelo de papel.
-Baj? hombres- repiti? lac?nicamente Arendt -, reducir los espacios... En Buchenwald no hab?a muchas posibilidades para el arte, sin embargo alguna vez se pod?a recitar a Baudelaire...
-?Observ?- dijo Foucault -, c?mo le fue al padre de Norma por dar cuenta de la realidad a trav?s de sus cuadros? Igual que a Picasso, con aquel retrato magn?fico en el que consigui? pintar la esencia de Stalin.
-Pero- dijo Arendt -, volviendo a los resquicios que el totalitarismo deja para el trabajo, para el arte; se puede ver c?mo Semprun, recitando a Baudelaire y el padre de Norma mirando por la ventana el monte de duraznos, intentan volver a ser humanos, intentan despegarse por un momento de la deshumanizaci?n. Como dijo Juan Pablo II, en la ONU, all? por 1979: "Negar a una persona la libertad de buscar la verdad y adherirse a ella significa deshumanizarla, porque dicha b?squeda forma parte de la esencia de nuestra humanidad".
-Esa Papa polaco- dijo Foucault - tuvo que padecer el comunismo... respecto a los fragmentos que usted mencionaba antes, tambi?n se pueden relacionar con el panoptismo: los dipositivos del poder no lo pueden ver todo. Algunas cosas se le escapan.
-S?- dijo Arendt -, el nazismo intent? el desarraigo y el aislamiento, la deshumanizaci?n y la muerte. Los dej? sin rostros, s?lo pod?an verse en los ojos de los dem?s...
-Es pat?tica la descripci?n que hace Semprun respecto a la mirada de los militares aliados.
-El nazismo intent? todo- continu? Arendt -, fragmentar desequilibrar, como dice usted; sin embargo en las letrinas, esos lugares de desperdicio, eran sitios donde era posible encontrarse, donde era posible la acci?n. Y coincido con usted: algunas cosas se le escapaban al poder.
Se quedaron un momento en silencio.
-Se podr?a hablar de la palabra jefe o enfermero , se podr?a intentar una genealog?a de esas palabras - dijo Foucault -, pero nuestros anfitriones no aparecen.
-Se podr?a hablar de la identidad borrada- dijo Arendt -, de lo ap?trida que se siente Semprun y de la imposibildad de volver a la normalidad del padre de Norma, pero usted tiene raz?n: nuestros anfitriones no aparecen; y Ros?ngela s?lo les ha permitido un m?ximo de tres p?ginas... Olvidemos estos dolores, Foucault, sabiendo que olvidar no es borrar, es guardarlo en la memoria para hablar en pasado y aprender para el futuro.
Los muchachos salieron de la cocina y entraron en el living como una tropilla adolescente. Silvia acerc? el grabador a Foucault y le pidi? un saludito para los profesores de Perspectivas sociofilos?ficas. Stella dispar? medio rollo contra una Arendt enceguecida por los flashes.
-?Mate?- dijo Jorge.
-?Mate?- dijo Foucault -, antes debe decirse jaque.



Nota: Se hace referencia al cuento "En el momento justo equivicado", de Jorge Sagrera, publicado en este blog.

Tags: Comunicación, Sociología, Antropología, Arendt, Foucault.

Comentarios